Opinión

Una semana en Wework

Un descreste para los nuevos modelos de negocios al que desafortunadamente no tienen acceso millones de jóvenes y empresarios. ¡Tanto talento sin oportunidades por no tener internet!

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julio 15, 2019
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Una semana en Wework
La oficina compartida del Retiro en Bogotá: Ando liviano y feliz. Entro y salgo cuando me da la gana y puedo concentrarme en mis proyectos.

Wework me ha descrestado. Ejemplo de los nuevos modelos de negocios, de la ubicuidad, del trabajo colaborativo.

Acá en Colombia conviven la modernidad, como las ya aclimatadas plataformas de Wework, Airbnb, Grin, Uber y Didi, por un lado, utilizadas por un número cada vez mayor de personas, con la ausencia de acceso de internet en amplias zonas del país. Por un lado, el acceso al mundo con unos cuantos clicks, así como el trabajo colaborativo, el aprendizaje a lo largo de la vida, la creatividad.  Por el otro, las cartas marcadas de la falta de oportunidades de conectividad para no pocos niños y jóvenes de lugares en los que los proveedores del acceso no ven rentable invertir.

Hace una semana, en busca de un espacio físico para trabajar, opté por averiguar en Wework. Miré por internet las ofertas, los lugares en Bogotá. Por la red, a las nueve de la mañana, agendé una cita para conocer la sede que me parecía mas apropiada, la de la 81 con 11 en Bogotá, a las 2:30 pm. En punto me atendió una chica muy diligente, que me mostró las opciones disponibles. A las tres de la tarde ya estaba instalado.

Mis necesidades, por ahora, no van más allá del uso de lo que ellos llaman un hot desk: el derecho a utilizar, a cualquier hora en cualquier día de la semana, un espacio para trabajar con mi computador. Debo decir que ando liviano y feliz. Entro y salgo cuando me da la gana y puedo concentrarme en mis proyectos.

Uno se puede sentar, muy cómodo, en espacios abiertos, conecta su laptop y dispone de un excelente ancho de banda. Hay tintico bueno, tés, una cafetería pequeña.

Si se tiene que conversar en línea con alguien sin hacer ruido, hay unas cabinas similares a las que usan los estudiantes de música cuando practican con sus instrumentos. Si se quiere concertar citas presenciales, también se puede.

En testimonio de la ubicuidad, que consiste en poderse comunicar cómo, dónde y cuando se quiera, uno entra con sus jorotos y sale con ellos. Prueba de que no se necesitan carpetas y papelería físicas, aunque, si se requiere, hay servicio de impresión. Tal desnudez de cosas tradicionales de oficina es una llave a la posibilidad de trabajar mejor. La oficina cabe en el computador y las relaciones se desarrollan, básicamente, en línea.

Hay gente de todas las edades, aunque confieso que no he visto a nadie tan mayorcito como el suscrito. En realidad, la mayoría son adultos jóvenes. No suelo parar bolas a la conversaciones de los demás, aunque he percibido que son personas que tienen sus propios emprendimientos, o que forman parte de compañías. He visto algunos extranjeros. Todos están armando cuentos: vendiendo, ensamblando negocios, organizando ofertas, en contextos de trabajo colaborativo.

 

 

A la salida ya he utilizado los scooters de Grin,
que los hay en varias esquinas, mediante la aplicación de Rappi

 

 

A la salida ya he utilizado los scooters de Grin, que los hay en varias esquinas, mediante la aplicación de Rappi. Basta con escanear el código QR en el manubrio de la patineta eléctrica y ya queda lista para movilizarlo a uno. Al finalizar el viaje hay que enviar una foto con el QR, click y ya.

Todo esto conduce a preguntarme acerca de las magnitudes de los contrastes en el acceso a las oportunidades, comenzando por las brechas de internet. El acceso a la información por internet es una condición imprescindible para el bienestar de individuos, comunidades, empresas, sectores y, finalmente, el país entero. Y en Colombia la inequidad en el acceso es grave.

Después de veinte años de políticas de conectividad a internet, los datos, que se suelen mostrar con orgullo, es que mas o menos el 60 % de los colombianos tienen acceso, por una u otra tecnología, a internet. El problema es que, poniendo la lupa, hay regiones en las que, fácilmente, el 90 % de la gente está desconectada del mundo. Basta ver los informes del MinTic al respecto.

Departamentos de la Costa Atlántica, zonas del Pacífico, todos los antiguos “territorios nacionales” (Vaupés, Guanía, Amazonas, Guaviare), son el lugar de residencia de millones de niños y jóvenes, de pequeños empresarios, sin oportunidad de acceso a la información. Los niños campesinos son damnificados en cualquiera de los departamentos de Colombia. ¡Tanto talento sin oportunidades, condenado de entrada, a la imposibilidad de acceder a la principal fuente, internet!

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