Opinión

No más fórmulas mágicas

La doctora Claudia López y sus amigos prometieron usar sus artes de magia para acabar con la corrupción, mediante una módica inversión de $ 340 000 millones, de plata ajena

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agosto 28, 2018
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No más fórmulas mágicas
La magia la hacemos cada uno cuando levantamos en serio la voz contra la corrupción y nos rehusamos a ofrecer, dar o recibir a cambio privilegios o evitar sanciones.Foto:Twitter/Antanas Mockus

Una de las más detestables características de los embaucadores y de los populistas, si es que se puede hacer distinción entre ambos grupos, es su inevitable tendencia a aprovecharse de la ignorancia, la desesperanza y la credulidad de las demás personas. A lo largo de la historia de la humanidad hemos visto demasiados ejemplos de avivatos de todos los pelambres, quienes validos de su capacidad para deslumbrar con verbo fácil, logran que algunas personas crean en sus mentiras, que sigan sus orientaciones y que finalmente caigan engañados por artimañas que solo buscan quitarles lo poco o lo mucho que poseen; seducidos ya sea por la promesa de salvación, la solución de todos los problemas o la multiplicación milagrosa de su dinero.

Para no retroceder demasiado en el tiempo, baste con recordar a Carlo Ponzi en la ciudad de Boston a comienzos del siglo pasado; o a David Murcia, a Juan Manuel Santos y a Nicolás Maduro en el arranque de este milenio que nos tocó en suerte estrenar.

Ponzi logró convencer a un grupo de desesperados inmigrantes italianos en Boston que tenía una fórmula mágica para multiplicar el dinero. Murcia hizo lo mismo con numerosas víctimas en Colombia. Santos aseguró tener la fórmula para convertir delincuentes en ciudadanos ejemplares; el payaso grotesco de Maduro jura tener una fórmula –mágica también- para recuperar una economía comatosa y en estado terminal y salvar a la pobre Venezuela del profundo abismo en que él mismo la metió. La doctora Claudia López y sus amigos también prometieron usar sus artes de magia para acabar con la corrupción, mediante una módica inversión de trescientos cuarenta mil millones de pesos, obviamente de plata ajena.

Ya sabemos los resultados de semejantes estafas. Ni los italianos, ni los venezolanos ni los colombianos disfrutaron de las maravillas prometidas; mientras que los perpetradores de tamañas estafas gozaron durante algún tiempo de sus triunfos mal habidos. Ponzi y Murcia terminaron en la cárcel, mientras los otros siguen tan campantes y tan dañinos como si nada, confiados en la inmunidad que cubre como un manto a quienes hacen daño sin pensar en las consecuencias.

 

La única beneficiada fue la promotora de la jornada electoral del domingo,
quien ahora puede picar en punta
en la carrera por la Alcaldía Mayor de Bogotá

 

La consulta anticorrupción no logró el umbral. Al igual que con el plebiscito de Santos o la pasada elección presidencial, la mayoría de los colombianos habilitados para votar negaron la consulta. Si bien fue votada por un significativo número de personas, el hecho contundente es que fue derrotada en las urnas, de manera democrática. Y ese es el sentido de la democracia: cuando unos ganan, los que pierden deben asumir los hechos y seguir luchando desde la institucionalidad por imponer sus ideas. Los dineros invertidos en esta fallida consulta seguramente habrían tenido mejor uso de haberse destinado a mitigar las reales necesidades de la población, ya que aparte de los contratistas del Estado encargados de la logística del evento, la única beneficiada fue la promotora de la jornada electoral del pasado domingo, quien ahora puede picar en punta en la carrera por la alcaldía mayor de Bogotá.

Parece inevitable que en el futuro sigan apareciendo charlatanes como estos, dispuestos a medrar a costa de las necesidades ajenas. Pero no por ello debemos aceptar que los verdaderos problemas de la sociedad no puedan ser solucionados de forma práctica, lógica y verdaderamente efectiva.

El inolvidable filósofo de Andes, Antioquia, el profeta Gonzalo Arango, escribió alguna vez que en nuestro medio existen personas que no creen en el Sistema, pero que se hacen remunerar su falta de fe. Basta de creer en magia. Lo que se requiere con urgencia es que cada uno de nosotros se haga cargo de su propio futuro, ayudando a corregir los errores e inequidades del Sistema. La magia la hacemos cada uno de nosotros, cuando levantamos en serio la voz contra la corrupción, pero al mismo tiempo nos rehusamos a ofrecer, a dar o a recibir a cambio de obtener privilegios o evitar sanciones. La magia se encuentra en el actuar honesto, en respetar las leyes y en hacerlas cumplir. La magia está presente en cada persona que se levanta a trabajar por el bienestar de su familia y de su entorno; en el servidor público honesto y eficiente; en el empresario que paga salarios justos y respeta a sus colaboradores; en el Gobierno que rechaza y sanciona de manera ejemplar los chantajes de los jefes políticos, de los congresistas, de los cabilderos. La magia la hacen los medios de comunicación que usan el mismo rasero para informar o para denunciar a todos por igual.

Por más tentadora que resulte la idea de creer que alguien más debe hacerse cargo de nosotros y de nuestras necesidades, la realidad es que, con contadas excepciones, es el esfuerzo individual sumado el que logra elevar el bienestar de las sociedades. Basta de esperar redentores. Basta de mesianismo. Una sociedad basada en dar sin pedir nada a cambio solo puede producir parásitos; y esto solo durante el corto tiempo que tarda en consumirse a sí misma, canibalizada de forma irremediable.

Un buen gobierno es aquel que ayuda a sus ciudadanos a prosperar; no aquel que consume sus recursos en aliviar necesidades inmediatas, sin considerar que esos recursos son finitos y que cuando se agoten ya no podrán ser recuperados.

 

La magia la hacemos cada uno cuando levantamos en serio la voz contra la corrupción y nos rehusamos a ofrecer, dar o recibir a cambio privilegios o evitar sanciones. Foto: Twitter/Antanas Mockus

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