No hay peor sordo que el que no quiere oír

Sin comprender que Colombia cambió, Duque pretende gobernar como se hacía en los ochenta

Por: Raúl Briceño
diciembre 02, 2019
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No hay peor sordo que el que no quiere oír
Foto: Twitter @infopresidencia

Creo que lo que vieron algunos colombianos que votaron por Iván Duque, fue su aspecto bonachón, su cara amena y su evocadora cabellera canosa. Pero detrás de esa fachada sutilmente se escondía la inexperiencia y la falta de carácter de un hombre en cuya hoja de vida solo se exhibe su trabajo como asesor del BID, luego senador y presidente de la República, siempre por alguien llevado de la mano. En el primero por su padre, político que disfrutó de las mieles de poder y que pasó sin pena ni gloria. En los dos últimos, cayó en la siniestra mano mentora que terminó por imbuir en su cerebro el odio y la venganza.

La inconformidad de los colombianos a seguir contemplando cómo se derrumba el país bajo la dirección de un presidente que por ineptitud y falta de criterio no para de cometer errores, ha llevado a que la esencia fundamental del paro del 21N haya derivado en múltiples demandas, todas ellas cimentadas en la razón y el derecho que tenemos los colombianos de exigir a ser escuchados. Duque pretende gobernar como se hacía en los 80’s. sin comprender que Colombia cambió, que los jóvenes están tomando más en serio su participación y están demostrando que tienen sobrados fundamentos para reclamar por una apertura generacional de cara a un nuevo país. Duque, además de inepto es sordo. No quiere entender que los párvulos del 90, del 95 y del 2000 que ven borroso su futuro están exigiéndole a gritos que calme las angustias y la desesperanza. Que asuma con firmeza el liderazgo que le dio Colombia en las urnas y abra los canales que lo acoplen con el pueblo. Son a estos jóvenes a los que hay que oír, porque son los que están construyendo el nuevo país, los viejos ya somo pasado y moriremos envueltos en un velo de congoja, eso sí, sin perder los anhelos de legar una mejor Colombia.

Ante la magnitud de la calamidad, el gran dilema de los colombianos es que si le pedimos la renuncia a Duque, quedaríamos en manos de Marta Lucía Ramírez. Y es aquí cuando confundidos nos preguntamos, To be, or not to be, that is the question, si deseamos seguir en las manos del torpe e incapaz Iván Duque o preferimos las ignorantes e incompetentes de la vicepresidenta.

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