No era un feto al que abortaron, fue a Juan Sebastián al que mataron

"No fue la decisión de una mujer, fue un homicidio porque a los 7 meses de embarazo un bebé es una vida aparte y ya está preparado para nacer"

Por: juan carlos espinel
febrero 18, 2020
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No era un feto al que abortaron, fue a Juan Sebastián al que mataron
Foto: pixnio

Cuando una mujer pretende argüir que sus derechos sobre su propio cuerpo le permiten disponer de la vida que lleva dentro de su vientre para expulsarla violentamente, se olvida de dos cosas simples pero fundamentales: la primera, que esa vida ya no es ella, no es una extensión de su cuerpo, por el contrario, es otro ser con corazón, sexo y cerebros separados, diferentes de la madre. Y segundo, que el derecho de los menores está constitucionalmente y a nivel casi mundial, por encima de los de todos los demás. Si no fuera así, sería un retroceso enorme en derechos humanos.

Tan es así, que la mayoría de científicos y de todas las legislaciones del globo, garantizan la inviolabilidad de la vida desde el mismo momento de la concepción. Pero en aras de discusión vamos a dejar de lado los tres primeros meses de embarazo, donde mórula, embrión, cigoto, no han llegado aún a feto.

Pero el reciente caso del aborto de Juan Sebastián Rojas Caicedo*, acaecido en Leticia*, Colombia,  (*Nombre y localidad cambiados por respeto a privacidad) con el beneplácito de médicos y psicólogos de PROFAMILIA, cuando ya casi cumplía 8 meses desde el  embarazo de su madre, no es lo mismo y nos llama la atención, no sólo porque ya no era una masita de células sin forma, sino un niño, Sí, un niño  formado ya, con uñas, pene, testículos, manos, piececitos, estomaguito, ojos, nariz, boca, lengua y desafortunadamente unido por un cordón umbilical a una madre desnaturalizada!

Nos atrevemos a fijar nuestra posición de manera quizás cruda, porque no hay otra forma de detener estas irresponsables y homicidas conductas de quienes justo debieran garantizar la protección del derecho a la vida.

Una calentura, un momento de placer, una celebración de amor y amistad, una infidelidad, no son justificación para cortar una vida en gestación, menos cuando ya está en un mes en el que podría haber sobrevivido fuera del vientre de la madre, pues bien, se sabe que desde el sexto mes la posibilidad de sobrevivir de un feto extracorpomaternal, es muy alta. Yo mismo, por ejemplo, pude ser sietemesino y aquí estoy viviendo y defendiendo los valores y la vida.

Decíamos, Juan Sebastián Rojas Caicedo, así con nombre propio, porque la verdad lo único que le faltaba a ese niño para ser reconocido persona, era nacer, separarse del vientre de la mujer que no lo parió sino lo mató, y tenía nombre porque su padre se lo puso y luchó porque no lo mataran los médicos y psicólogos de PROFAMILIA, parado durante muchas horas frente a la clínica de aborto.

Y es que, a propósito, ¿dónde quedan los derechos del joven padre al decidir sobre la descendencia? Porque si las mujeres arguyen que tienen el derecho a decidir sobre “su cuerpo”, que obviamente no es, con ese argumento pendejo y baladí, los padres tienen derecho al 50% de decisión sobre la vida de su hijo, o más crudamente, sobre la disposición final del espermatozoide que terminó formándose en otro humano nuevo y diferente, por un milagro que los médicos insensibles de PROFAMILIA con ayuda de psicólogos cómplices, nunca, nunca podrán ser capaces de replicar.

Triste que médicos que juraron defender la vida se presten para esto. Hay culpa en la joven dizque madre, pero más la hay, en profesionales que sin ser abogados y menos jueces y fiscales, tomaron la equivocada decisión de expulsar violentamente a un niño ya formado completamente (sólo le faltaba ganar unos gramos de peso), argumentando dizque una de “las tres causales de aborto legalmente establecidas en Colombia”, sin decir cuál.

Creo que la Fiscalía deberá iniciar una investigación penal para saber y establecer si había verdadera causal para cometer este 'asesinato alevoso' contra el ser más indefenso del planeta, de por sí con sevicia, pues el dolor que se infringió al niño (me niego a llamarlo feto después del sexto mes de embarazo: sería un eufemismo, literalmente), solamente es comparable con tortura medieval.

Nuestro gobierno debiera al menos fijar una posición respecto a este aberrante caso, para evitar que se convierta en precedente que justifique a que mujeres feministas anden por allí fornicando irresponsablemente, para siete u ocho meses después, alegando que no están capacitadas para ser madres, expulsar mediante uso de químicos, ventosas o hasta cuchillos y fórceps, masas sanguinolentas de carne y tendones, en vez de parir como es su deber natural y llenar de amor a ese fruto de su vientre en el tiempo naturalmente establecido por Dios.

De otra forma, ¿qué podemos pedir respecto al derecho de la vida de hombres adultos y de las propias mujeres, en un país mal llamado “del sagrado corazón”? Que YHWH Dios nos libre de este tipo de instituciones y de gentuza que en verdad sí no debió haber nacido.

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