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Nalgas y senos gigantes colapsan las redes sociales

“Al diablo la dignidad o cualquier principio ético; para las “damas” del internet su mayor obligación es mostrarse al mundo provocativamente y sin pudor alguno”

Por: Iván Antonio Jurado Cortés
Septiembre 13, 2017
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Nalgas y senos gigantes colapsan las redes sociales

Definitivamente en Colombia pasa de todo. Las redes sociales además de ser plataformas informativas también se han convertido en glamour de los desdichados, vulnerables y malvados; muestra de ello el sinnúmero de publicaciones que se registran, con el que el usuario puede saciar sus antojos sean cual fuesen. Las redes sociales son el trampolín que vienen colmando expectativas de un mundo morboso que años atrás rifaba su suerte por ver una fotografía en una efímera y polvorienta revista.

En el furor del siglo XXI los viejos de hoy se preguntan constantemente dónde irá a parar tanta intensidad informática que arremete contra la tranquilidad emocional y social de las masas. Recientes estudios concluyen que los mayores esclavos de Instagram, WhatsApp, Facebook, Twitter y otras, son personas de escasos recursos económicos, sin dejar atrás a estudiantes de todas las latitudes. El informe revela que cada vez el dominio de esta mala costumbre deteriora sutilmente lo único sensato que tienen las familias, el diálogo directo.

Sin embargo, como muchos dicen “hay que estar a la vanguardia de la tecnología”, malinterpretando el término porque piensan que sacar cualquier estupidez a la vista de los demás es ser actualizado. El tiempo corre aceleradamente y los frenos de la emoción no corresponden a la ansiedad social. En la actualidad hasta los analfabetas están al día en las redes. La tecnología permite que cualquier humano haga uso de ella, generando una adicción intestinal, afectando su normal comportamiento y de paso procreando una sociedad dependiente, mojigata y poco creativa.

Cada red social en su contenido oferta cantidad de comandos que la persona puede utilizar a su propio beneficio, muchos de estos ofrecen cambios mágicos, corrigiendo el complejo de su supuesta imperfección física, exponiendo de esta manera un fenotipo mentiroso, con la finalidad de atraer miradas. Es una satisfacción hipócrita y sin ningún sentido que conlleva a un vano sueño, mejor dicho a una pesadilla sin fin.

Y no podía faltar la “uva pasa en el manjar”, inundando pantallas de celulares, computadores y demás dispositivos electrónicos de pomposos culos de plastilina, unos retocados y otros forzados a salir al frente para colmar el devorador apetito de cibernautas que a diario visitan todo tipo de redes. Al diablo la dignidad o cualquier principio ético; para las “damas” del internet su mayor obligación es mostrarse al mundo provocativamente y sin pudor alguno. La vitrina informática es la más grande debilidad de las acomplejadas, esas inconformes que insisten a una sorda naturaleza la transformación absoluta de su estética.

La felicidad de estas mujeres es abrir a cada instante su dispositivo y ver que sus fotografías han sido visitadas, mucho mayor su grandeza si los comentarios estólidos son a su favor. Es la enfermedad del presente que socava descaradamente la privacidad del ser humano. Nalgas y senos de gran tamaño colapsan a cada nada las redes sociales, obligando a la mansedumbre masculina activar su estropeada testosterona para contrarrestar semejantes montajes sexuales. Lástima que todo sea una falsedad, producto de una imperativa necesidad capitalista, que traza los comportamientos sociales y sus estilos de vida.

Obviamente que en nuestro país el morbo es parte protagónica de la real existencia, más cuando el cerebro de las “esclavas” se ha moldeado a las directrices matemáticas de las máquinas productoras de dinero. Para que una mujer del común gane admiradores en una plataforma electrónica sencillamente debe buscar un gancho, y sin dudarlo, el mejor es ofrecer sus atributos femeninos de manera imprudente y sin escrúpulos a cuantos ojos deseosos de erotismo. Estas actitudes conllevan a evadir el respeto por la sutileza femenina y sobreponerse como mercancía sexual.

“Los culos falsos del face” no es más que una reverencia a la hipocresía mediática radicada en la mayoría de asociados a las controvertidas redes sociales. Muchos perfiles no muestran la cara sino el culo, con el fin de atrapar desprevenidas miradas y robarse un “me gusta”. Nada tiene que ver esta absurda postura a publicaciones con mensajes que transmitan sensualidad e imaginación.

La degradación social a través de estos medios informativos ha tocado fondo, donde la dignidad y ética se fueron a la cesta de la basura, solo importa la cantidad de “likes” y pare de contar.

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