Me quito el sombrero
Opinión

Me quito el sombrero

Carlos Pizarro se quitó el sombrero por la paz y cumplió. En manos Petro el sombrero de Carlos es para darle sombrerazos a todo por lo que él luchó y ofrendó su vida

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junio 23, 2024
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“Me quito el sombrero” es una expresión de respeto y exaltación en nuestra cultura. Por respeto uno se quita el sombrero cuando entra a un lugar sagrado o cuando saluda a sus anfitriones a la entrada de su hogar. O “me le quito el sombrero” también lo decimos cuando le reconocemos a alguien talentos y obras que nos superan, que son extraordinarios. Es un acto de admiración y también de humildad.

Mas nada de esto tiene qué ver con la manipulación del sombrero de Pizarro que hizo Gustavo Petro esta semana. Lo que hizo fue un acto de hipocresía. 

Hipócrita en primer lugar, porque si hay alguien sobre quien Gustavo Petro ha mentido, ese es Carlos Pizarro. Ha intentando denigrar de él por todos los medios. Ha sido tan hostil con la memoria de Carlos que llegó al extremo de mentir diciendo que la paz del M-19 se le debe a él y no a Pizarro. Que por el contrario, Carlos Pizarro lideraba una tendencia dizque militarista y que fue gracias a él, Gustavo Petro el pacifista, que pudo darse la paz con el M-19.

Una especie de raponazo histórico contra quien fue el verdadero líder del proceso de paz del M-19. Que nadie lo dude: la persona que se puso al frente de sacar adelante el proceso de paz con el gobierno del presidente Virgilio Barco fue Carlos Pizarro. Desde su concepción hasta su reincorporación a la vida civil, pasando por la dejación de las armas y la reconciliación.

La verdad es que Gustavo Petro no tuvo injerencia alguna en el proceso de paz. Es más, a estas alturas, por lo que dice y hace, resulta evidente que no sólo no tuvo injerencia sino que no lo entendió. Nunca lo entendió. Si lo hubiera entendido, no se habría dedicado a sembrar cizaña, división y odio entre los colombianos, ni a acabar con la Constitución de 1991.

Por el contrario, Gustavo Petro tiene hacia Carlos una aproximación entre resentida y mitómana. En su libro autobiográfico, en la página 157 para más veras, dice de Pizarro que “no era un hombre de conocimientos teóricos profundos, no era analítico. Era, más bien, un hombre pasional. No por nada sus amigos lo habían apodado Carro Loco”. Y llega en esa misma página a la mitomanía de decir que Pizarro y él se veían “en cierta forma como rivales”. ¿Cuáles “rivales” si Carlos era el jefe máximo, honrado y querido por todos, mientras Petro no tenía ninguna connotación?

Según Petro, Pizarro no era un hombre de conocimientos profundos, ni era analítico según él, era, más bien, un hombre pasional. ¿Comparado con quién, con él?, ¿con Gustavo Petro el profundo, el teórico, el hombre reflexivo y mesurado?


Convertir el sombrero de Pizarro en un símbolo nacional por cuenta de una declaración presidencial es una hipocresía


Lo concreto de todo este asunto es que eso de convertir el sombrero de Pizarro en un símbolo nacional por cuenta de una declaración presidencial es una hipocresía. Y más allá de una hipocresía, es una arbitrariedad. Petro dice que lo hace como un gesto de paz.

Mentira. Es todo lo contrario. En manos de Gustavo Petro el sombrero de Carlos es para darle sombrerazos a todo aquello por lo que Carlos luchó y ofrendó su vida, incluida su memoria.

Por eso el país lo recibió tan mal.

¿Quién le va a creer que intenta un gesto de democracia, a lo Pizarro, cuando no hace más que destruir la Constitución de 1991?

¿Quién le va a creer que intenta un gesto de paz cuando no ha hecho más que propiciar la milicianización del país, en contravía absoluta de la paz que Carlos Pizarro honró con su palabra y su vida?

¿Quién le va a creer que se trata de un gesto honrado cuando bajo su amparo se perpetran los hechos de corrupción gubernamental más despreciables?

Que a nadie le quepa la menor duda: Carlos Pizarro jamás hubiera pretendido imponer la bandera del M-19 como un símbolo nacional. Carlos Pizarro jamás hubiera pretendido ultrajar y humillar a las fuerzas armadas como lo ha hecho Gustavo Petro. Carlos Pizarro jamás hubiera insultado y despreciado a los empresarios. Por el contrario Pizarro soñaba con un país de propietarios. Y créanmelo, Carlos Pizarro jamás se hubiera visto envuelto en hechos de corrupción como los de este gobierno.

Cuando lo asesinan, Carlos es un hombre sin dinero. Carlos no le heredó un peso a nadie. Jamás acumuló un peso para él. Es la verdad.

Confieso que me duelen los improperios que han caído sobre su memoria esta semana. Pero no me duelen por Carlos. Él ya está en el lugar adonde los insultos humanos no causan heridas.

Me duelen porque esos insultos expresan el grado de división y pugnacidad que nos antagonizan a los colombianos. No puedo dejar de recordar el momento de reencuentro y reconciliación que vivimos en 1991. Un momento en el que pudimos sentarnos a dialogar hasta pactar una nueva Constitución, un abrazo nacional, una esperanza de todos.

Debemos hacer hasta lo imposible por defender nuestra Constitución de 1991, impidiendo que esas hipocresías, no solo hagan llover improperios sobre la memoria de Carlos, sino sobre toda la historia de Colombia, sobre sus búsquedas genuinas de paz.

Carlos Pizarro se quitó el sombrero por la paz y cumplió. Que nadie, entonces, usurpe su memoria para darle sombrerazos a la paz y a la dignidad de todos los colombianos.

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