Opinión

Me encanta Robledo, pero…

Salta un muy buen candidato, un gallo difícil de pelar a la izquierda dura de Petro y al centro blando de Fajardo, pero preocupa su prematuro lanzamiento porque podría desgastarse

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enero 24, 2020
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Me encanta Robledo, pero…
Robledo ya se lanzó, dejó ver las cartas y ahora le tocará aguantar el chaparrón por dos largos años. Foto: Twitter/Jorge Enrique Robledo

He votado por Jorge Enrique Robledo varias veces y cada vez me sentido retribuida con su labor en el Senado de la República. No sólo es un juicioso parlamentario, que nunca se ha involucrado en ningún escándalo de corrupción, de ausentismo o de mermelada; sino que también es estudioso y cada tema que aborda lo hace desde una preparación que no deja capacidad a sus oponentes de contradecirlo.

Sus debates de control político han sido impecables, como es coherente en su línea política e implacable cuando tiene que hacer una crítica. Es por todo eso que en algunos momentos ha parecido sectario, hasta intransigente, pero el paso del tiempo no solo ha ido demostrando su corrección en las luchas que ha dado al interior de la izquierda, como fue el caso de la expulsión de Petro y de otras depuraciones, sino también sus muy razonadas críticas al sistema político, a la corrupción, a los monopolios, a los abusos de la banca o de la salud, entre otros.

En los últimos años, su carácter un tanto agrio se ha ido moderando y ahora hasta sonríe, era difícil verlo hacer esto en sus primeros años de parlamentario y mucho menos en sus lejanas épocas de militante del Moir (movimiento obrero independiente y revolucionario). La semana, por ejemplo, vi dos tuits suyos llamándonos a admirar unos hermosos pájaros coloridos y me dije a mí misma, el senador Robledo como que tiene su corazoncito y una gran sensibilidad a la naturaleza. Actuando así, con más suavidad, pero sin bajar la guardia en sus principios, uno pensaría que ya está listo para ser el gran líder de masas que necesita Colombia.

Y aparte de los pajaritos que nos mostró en Twitter, recibimos la noticia en los medios de comunicación de que él ya está decidido a ser candidato presidencial en el 2022. Es más, aseguró que esta vez irá hasta el final, sin meterse en coaliciones, ni consultas. Es decir, que les salta un gallo difícil de pelar a la izquierda dura de Petro y al centro blando de Fajardo. Seguramente su decisión pondrá en dificultades al partido Alianza Verde con el que ha hecho coalición en las últimas dos elecciones y con el que compartió la lucha por la paz y por el referendo anticorrupción.

Todo esto es normal en política donde las individualidades pesan, en Colombia, mucho más que las colectividades. Eso pasa también en la derecha o en el centro y ha pasado muchas veces procesos electorales regionales y nacionales; mucho más en las candidaturas presidenciales que son claramente personalistas donde la figura del candidato y su manejo mediático es lo que termina arrastrando votación. En todo caso, no es la personalidad de Robledo la que me preocupa, si no su prematuro lanzamiento porque puede llegar a desgastarse antes de que se inicie la campaña propiamente dicha.

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Ojalá no se vaya a desgastar un muy buen candidato porque, ¿qué tal que nos toque otro paquete como el que hoy tenemos?

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Ahora todos los focos estarán mirándolo, seguramente más de una cascarita le será tirada para que tenga algún resbalón y sus contenedores, de todas las vertientes, estarán guarnecidos dejándolo que haga el esfuerzo en solitario. Es una situación parecida a la de los ciclistas en los que los más experimentados van rodeados de su equipo en mitad del pelotón esperando que los novatos se desgasten pedaleando en la cabeza. Cuando ya los tienen cansados saltan sin haber sufrido desgaste y se quedan con la etapa o con el premio mayor de la vuelta. Ojalá esto no le vaya a pasar a un muy buen candidato y una muy buena opción para dirigir este país y reorientar el rumbo que llevamos porque ¿qué tal que nos toque otro paquete como el que hoy tenemos?

Claro que esta reflexión ya no tiene sentido porque Robledo ya se lanzó. Ya quemó las naves o como se dice entre los tahúres, dejó ver las cartas y ahora le tocará aguantar el chaparrón por dos largos años. Buena suerte senador Robledo ojalá, por su futuro y el de Colombia, no se haya precipitado y le falten piernas para el embalaje final.

www.margaritalondono.com

 

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