Matamba, el narco mano derecha de Guacho y Otoniel, se burla del INPEC

En su nómina había 15 oficiales, entre ellos un general y dos coroneles del Ejército. Salió de La Picota caminando y coronó su tercera fuga en apenas cinco años

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marzo 22, 2022
Matamba, el narco mano derecha de Guacho y Otoniel, se burla del INPEC

Como todos los días en La Picota a las 8 de la mañana del viernes 18 de marzo, se hizo el conteo de presos en el patio central de la cárcel. Uno de los presos más temidos –e inexplicablemente ubicado en un pabellón de mediana seguridad– , Juan Larrinson Castro Estupiñán, hacía falta. Para dilatar aún más la búsqueda que debería hacerse sobre uno de los narcotraficantes más poderosos del país, se dejó correr el rumor que Castro Estupiñán, mejor conocido como Matamba, se había quedado dormido después de una borrachera descomunal, en una celda que no era la de él. Sin embargo, al mediodía de ese viernes, ya se había hecho oficial el nuevo escándalo del INPEC: uno de los hombres encargados de llenar de plata las arcas del Clan del Golfo se había fugado.

A diferencia de su socio el Chapo Guzmán, Matamba no necesitó de túneles ni de un complejo plan para volarse. Con su chequera le había bastado. Se tiene información de que al menos 15 miembros de las Fuerzas Armadas pertenecían a su nómina, entre los que se encontraban el coronel Robinson González del Río y el general retirado Leonardo Barrero, mejor conocido con el alias de El Padrino. Por eso Matamba tenía ese aire de invencibilidad que le había permitido escapar las tres veces que había sido capturado.

Matamba fue capturado en mayo de 2021 en un conjunto residencial en Floridablanca, Santander. Menos de un año después logró escaparse de La Picota. Foto: Fiscalía General de la Nación.

Nacido en 1980 en el Charco, Nariño, le tocó, como a tantos otros niños de su tierra, escoger entre el ejército o la guerrilla. Y entonces, a los 16 años, se enrola en el frente 29 de las FARC, que era la estructura articuladora en Nariño y Cauca, pues aprovechaban la frontera con el Ecuador para crear corredores estratégicos que les permitiría el libre flujo de armas y drogas. En el 2000, luego de la ofensiva paramilitar desatada por Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, Juan Larrison se adhirió a las AUC. En el 2003, en Cartago, mientras jugaba billar en una de las tabernas de la ciudad, un hombre, por equivocación, se le tomó la cerveza que estaba en su mesa. Sin mediar palabras lo mató.

Fue capturado y estuvo preso hasta el 2008 en donde, después de confesar en Justicia y Paz al menos 30 crímenes fue condenado a vivir en libertad condicional, usando un brazalete electrónico que le reportara sus pasos a las autoridades.

Sin embargo, en 2016 la señal del brazalete de Matamba se interrumpió. Se había internado en la selva, al sur de Nariño, para ponerse a las órdenes de Guacho, el temible cabecilla de la Oliver Sinisterra, la más activa de las disidencias de las FARC tras el acuerdo firmado en La Habana, responsable de la muerte de cinco periodistas ecuatorianos y quienes movían millones de dólares en droga. La Oliver Sinisterra controlaba los laboratorios de cocaína en buena parte de Nariño y sería la que hizo de puente entre Otoniel y sus hombres para contactarse con El Cartel de Sinaloa.

Matamba había pasado a convertirse en jefe de una empresa criminal asociada al Clan del Golfo: La Cordillera, que tenía bajo su poder buena parte del narcotráfico en el sur del país. Por eso el gobierno de Estados Unidos ofrecía una recompensa de 500 millones de dólares por su captura.

Escapando al cerco que le propinó el ejército a la Oliver Sinisterra después de que un francotirador del ejército matara de un disparo a alias Guacho, Matamba se volvió indispensable para la estructura de Otoniel y del Clan del Golfo. A pesar de que fue capturado tres veces entre 2016 y 2021, siempre logró escaparse.

En mayo de aquel año, cuando estaba a punto de cumplir 41 años, el narco se fue a visitar a uno de sus amores que vivía en un conjunto residencial de Floridablanca, Santander, a unos 20 minutos de Bucaramanga, cuando 80 hombres del ejército lo sorprendieron mientras soplaba las velas de su pastel. En el momento de su captura, el hombre que manejaba el 10% de la coca que se plantaba en Nariño, poseía 9 millones de pesos en efectivo, 12.500 dólares, un lingote de oro de 500 gramos avaluado en 109 millones de pesos, 4 relojes que, sumados, valían 150 millones y un revólver calibre 22 con seis cartuchos.

Entregó una cédula falsa y fue en ese momento cuando las autoridades descubrieron que su verdadero nombre había sido reportado como fallecido.

Desde entonces La Picota no fue otra cosa que la extensión de su casa. Hacía fiestas y, se viene sabiendo, que acostumbraba a salir cuando quisiera. Con el paso de los meses los rumores de su extradición a los Estados Unidos se hacían más fuertes.

Por eso, a las 10:30 de la noche, usando un traje de guardia del INPEC, salió de su celda, que no tenía cerrojo. Incluso, según este video, se ve que habla con un guardia de seguridad quien le da indicaciones para que salga seguro. El descaro mayor fue que, al burlar la última de las siete puertas de seguridad que, orondo pasó, se despidió de los otros guardias diciendo que había terminado su turno. Un auto lo esperaba afuera del penal.

La fuga de Matamba dejó ver, nuevamente, los graves problemas que tiene el INPEC. Las constantes salidas de los presos y las fugas quiebran la entidad.

 

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