Opinión

María Fernanda: ¡estudie vaga!

Negar la masacre de las bananeras con argumentos más ideológicos que históricos es un ejemplo de posverdad, y de su pretensión de reescribir las luchas campesinas y obreras desde la óptica de los grandes patronos

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Diciembre 01, 2017
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María Fernanda: ¡estudie vaga!
Poner el acento donde no se debe es una tergiversación de la historia. Porque lo que importa no es cuántos murieron, sino quien los mató, en qué circunstancias y bajo qué tipo de “legalidad”. Fotomontaje: Semana

Por cuenta de María Fernanda Cabal, la posverdad está llegando a la historia de Colombia. Su pretensión es reescribir las luchas campesinas y obreras desde la óptica de la justificación de los grandes patronos, esos afiliados a gremios como Fedegán, que maneja su esposo. Y no se trata de que no tengan derecho a existir estas asociaciones patronales, de hecho, algunas tienen trayectorias amplias y representatividad grande, como la Federación de Cafeteros o la Andi.

Pero negar la masacre de las bananeras con argumentos más ideológicos que históricos es un claro ejemplo de posverdad, mucho más cuando las cosas sucedieron hace un siglo y ya ningún protagonista puede dar cuenta de los hechos.

Claro que la masacre no es como la describe Gabo en Cien años de soledad. Creer eso sería tanto como tragarse el cuento de que Remedios la bella subió en cuerpo y alma al cielo o que al bebé de la familia le salió rabo de cerdo. Esos son cuentos, María Fernanda y los cuentos son imaginación que nadie debe tomar como ciertos.

¡Pero que la masacre ocurrió, ocurrió! El propio Jorge Eliécer Gaitán fue apoderado de las víctimas en demanda frente al estado y más de un historiador ha recogido el hecho como cierto. ¿Que no fueron tres mil los muertos? Pues claro, si es que la población de ciénaga hace 100 años sería escasamente un poco más de cinco mil y eso en consideración a que allí funcionaba la United Fruit. Ahora, si a los dirigentes de los trabajadores les dieron bala y los mató el ejército, como todos los informes históricos aseguran, eso se llama masacre, porque defender los derechos laborales y sociales no puede ser un crimen que se castigue con la pena de muerte sumarial.

Poner el acento donde no se debe es posverdad o mejor dicho una tergiversación de la historia. Porque lo que importa no es cuántos murieron, sino quien los mató, en qué circunstancias y bajo qué tipo de “legalidad”.

En el caso de las bananeras no hubo ninguna legalidad para acribillar a los trabajadores que defendían sus tierras contra un régimen oprobioso de trabajo casi esclavizante y una presencia extranjera que se había ido apropiando de los terrenos más productivos del Magdalena. Esa es la verdad, la justa reivindicación laboral y campesina, reprimida por la brutalidad de una firma internacional que se llevaba por delante, sin contemplación, la propiedad de la tierra y la justicia social.

 

Probablemente para ella tampoco existió ningún abuso
de la Casa Arana en el Amazonas,
ni trabajo esclavo en las minas del Pacífico, ni el asesinato de Guadalupe Salcedo…

 

Si seguimos la lógica de la representante Cabal y dejamos en sus manos reescribir la historia sindical y laboral de Colombia, probablemente para ella tampoco existió ningún abuso de la Casa Arana en el Amazonas, ni trabajo esclavo en las minas del Pacífico, ni el asesinato de Guadalupe Salcedo, ni el mismo asesinato de Gaitán, de Uribe Uribe o de Luis Carlos Galán. Es más, el crimen reciente de la zona cocalera en Tumaco, realizado por disparos militares, en el que perdieron la vida 8 campesinos, tampoco sería “masacre”, según ella, porque los muertos fueron pocos.

Nada más triste que la historia contada desde la ideología. Afortunadamente esta señora no fue nombrada en la Comisión de la Verdad porque entonces los cincuenta años de conflicto con las Farc, desaparecerían de nuestra realidad. Ah claro, ahora que recuerdo, esa es la posverdad que intentó difundir su jefe Álvaro Uribe: Que aquí nunca hubo conflicto interno y que su gobierno había dado de baja un pocotón de terroristas que resultaron después muchachos inocentes vestidos de camuflado.

¡Mentiras, simples y descaradas mentiras!

www.margaritalondono.com

http://blogs.elespectador.com/sisifus

 

 

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