Opinión

El asesino, una visión compasiva

No hay ser humano intrínsecamente malo, solo seres sufrientes

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diciembre 02, 2017
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El asesino, una visión compasiva
El asesino deberá pagar la pena impuesta por la sociedad en prisión. Período en que debe recibir tratamiento sanador. Sanar la niñez, sanar su Ser, sanar emociones enquistadas. Foto: Colprensa

El caso en discusión actual, del asesinato de una niña, deja claro lo repulsivo del acto, lo condenable de la acción, la maldad manifiesta. También deja en claro que fue un ser humano quien lo cometió y que a quien como tal, o sea como humano, podemos verlo compasivamente, sin dejar de aplicar la ley.

No hay ser humano intrínsecamente malo, solo seres sufrientes. Es esta una postura arraigada en muchas personas, filosofías, creencias. En esencia, el acto de maldad (léase bien, es el acto el que contiene la maldad, no la persona) es el resultado de una historia de vida con heridas tan profundas en la niñez, que conducen a ello. Heridas de orden emocional y mental en un cerebro, en un cuerpo, en un ser que comienza a formarse en el arte de vivir –el niño desde el útero materno, hasta los dos años de vida, si no más- que no tiene todavía los recursos internos para sanar en ese momento, el de la niñez. Por tanto la herida queda abierta, creciendo con nuevas situaciones que la recuerdan, llegando el momento en como un absceso revienta y supura. Allí sucede el asesinato.

 

 

 No es el asesinato el único resultado de las heridas.
Pueden ser también el grito al empleado, el golpe al conyuge,
el despido por temor, la sonrisa falsa, el robo, el chantaje…

 

 

No es el asesinato el único ejemplo, resultado de las heridas. Pueden ser también –actos de maldad- el grito al empleado, el golpe al conyuge, el despido por temor, la sonrisa falsa, el robo, la corrupción, la amenaza, el chantaje. La intoxicación etílica o por drogas, son actos de maldad hacia si mismo. Actos de maldad en que incurrimos por el propio sufrimiento. Poco somos capaces de reconocerlos como lo que en realidad son.

Regresemos al asesinato, al asesino. Son personas cuyo sufrimiento no los deja. Pensamientos y emociones repetitivos, tan continuos, tan dolorosos, que los conducen a planear con toda sangre fría el acto, creyendo tener allí un alivio. Cosa que no sucede. Aquí se transforma un delito en enfermedad. La persona ha tenido una herida sangrante toda su vida, por tanto es una enfermedad y como tal debe ser tratada. Requerirá prisión, pena, la máxima impuesta por la sociedad. Período durante el cual debe recibir tratamiento sanador. Sanar la niñez, sanar su Ser, sanar emociones enquistadas, sanar pensamientos arraigados. Sanar. Utilizar el tiempo en que esté privado de la libertad exterior, para ganar la libertad interior.

Queriendo decir por sanar, el crear emociones, pensamientos, creencias, valores y proyectos de vida que nazcan del amor, que sean constructivos, que reparen el sufrimiento propio y el que a su vez le dieron a los demás. Rehabilitar, es decir volver a orientarse en la vida. En este caso, así la cárcel sea de por vida.

Requiere un enfoque compasivo. Evitar más sufrimiento. Requiere de cada uno de nosotros el hurgar profundo en nuestro corazón, para que en vez de desear el mal al asesino, le deseemos su transformación. Así estaremos fomentando la compasión con nosotros mismos y nuestros pequeños actos de maldad de los cuales muchas veces ni somos conscientes. Estaremos promoviendo la curación de nuestras propias heridas de infancia, que existen por el simple hecho de vivir la vida.

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