La intensa secuencia sísmica en Chaparral exige monitoreo científico y preparación institucional para proteger a las comunidades rurales

 - Los más de 600 temblores en Chaparral y la falta de prevención del Estado reviven el fantasma de Armero
Texto escrito por: Carlos Lagos
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La tierra lleva varios días hablando en Chaparral. Desde el 20 de septiembre, el municipio registra una intensa secuencia sísmica que ya supera los 600 movimientos. Algunos han alcanzado magnitudes superiores a 4,0. La situación llevó a declarar la alerta naranja y obligó al Servicio Geológico Colombiano a reforzar el monitoreo.

No es Armero. Y conviene decirlo con claridad.

La tragedia de 1985 tuvo origen volcánico. La erupción del Nevado del Ruiz produjo el deshielo de parte de su cobertura glaciar y enormes flujos de lodo descendieron por los cauces hasta sepultar Armero. Chaparral enfrenta hoy un fenómeno diferente: una secuencia tectónica que el Servicio Geológico estudia en relación con las fallas de la región.

El SGC ha planteado como hipótesis preliminar que el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto en San José del Palmar, Chocó, pudo modificar el campo de esfuerzos de la corteza y favorecer la reactivación de estructuras geológicas en el área de Chaparral. La hipótesis continúa bajo investigación.

Comparar ambos fenómenos desde la geología sería un error.

Compararlos desde la responsabilidad del Estado resulta necesario.

Armero dejó una enseñanza que Colombia no puede olvidar: conocer un riesgo no basta. El conocimiento debe convertirse en decisiones oportunas.

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Antes de la tragedia existían estudios, advertencias y preocupación científica por la actividad del Nevado del Ruiz. También quedaron documentadas graves deficiencias en los sistemas de monitoreo, alerta y preparación.

Existe un testimonio especialmente doloroso para el Tolima. Guillermo Alfonso Jaramillo, entonces representante a la Cámara, relató posteriormente que había advertido sobre el peligro y que consultó al ministro de Minas y Energía de la época, Iván Duque Escobar, padre del expresidente Iván Duque. Según su relato, recibió como respuesta que no ocurría nada y que la situación estaba bajo control. Es un testimonio que forma parte de la discusión histórica sobre las responsabilidades institucionales previas a Armero y debe ser leído dentro de su contexto documental.

Chaparral merece otra historia.

No se trata de anunciar una catástrofe. Tampoco de tranquilizar a la población sin fundamento.

Los terremotos no pueden predecirse. Tampoco existe sustento científico para afirmar que una sucesión de pequeños temblores haya liberado suficiente energía para impedir otro de mayor magnitud. La escala sísmica es logarítmica y no permite sumar mecánicamente cientos de movimientos para concluir que el peligro desapareció.

La incertidumbre exige vigilancia, no especulación.

El SGC debe contar con los equipos, estaciones y especialistas necesarios para establecer con la mayor precisión posible qué está ocurriendo bajo Chaparral. La información debe llegar rápidamente a las autoridades y a la ciudadanía: qué se sabe, qué continúa siendo hipótesis y cuáles son los escenarios que deben contemplarse.

Existe otro riesgo que no debe quedar relegado: las laderas.

Los sismos superficiales pueden afectar terrenos inestables y la combinación con lluvias puede incrementar la posibilidad de movimientos en masa, afectar vías, aislar veredas y dificultar la llegada de los organismos de socorro.

Por eso la prevención debe comenzar ahora.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, la Gobernación y la Alcaldía deben verificar rutas de evacuación, albergues, comunicaciones, capacidad médica, equipos de rescate, maquinaria para remover derrumbes y accesos a las zonas rurales. Si los expertos consideran necesario instalar estaciones adicionales, campamentos técnicos o equipos especializados, no hay razón para esperar a que ocurra una emergencia.

Eso no significa que vaya a ocurrir un terremoto mayor.

Significa comprender que no sabemos si ocurrirá.

La diferencia entre una sociedad preparada y una sociedad sorprendida puede estar en las horas que preceden al desastre.

Chaparral no necesita miedo. Necesita ciencia, información y Estado.

No estamos diciendo que Chaparral sea el próximo Armero. Sería irresponsable afirmarlo.

Estamos diciendo algo más elemental: Armero no puede volver a ocurrir por falta de prevención.

La naturaleza produce los fenómenos. Las decisiones humanas determinan, en buena medida, cuánto daño pueden causar.

Y cuando la tierra comienza a hablar, un Estado responsable debe asegurarse de que sus instituciones estén escuchando.

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Por Nota Ciudadana

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