Los gritos ahogados en la frontera colombo-venezolana

"Los habitantes de frontera parecieran no tener voz para ser escuchados por el gobierno nacional"

Por: Angélica Rojas
enero 09, 2018
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Los gritos ahogados en la frontera colombo-venezolana
Foto: elnuevodiario.com.ni

Como si no fuera suficiente la zozobra en que vive la frontera en el área metropolitana de Cúcuta desde hace dos años, condenados a la agonía por el cierre fronterizo, ahora arrastran las cadenas del miedo por el anuncio del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

La sorpresita que Maduro está preparando para la frontera no cayó nada bien para los habitantes que cruzan diariamente los pasos fronterizos legales.

En las esquinas los rumores de un eventual cierre de frontera con Colombia aceleran los palpitos de los habitantes de frontera y agilizan los pasos de quienes huyen del país petrolero.

Haciendo peso en las decenas de fajos de bolívares que a cuestas de las maletas de los venezolanos pasan a tambalearse en las manos del sector cambiario de venta y compra de divisas profesionales que en un contar de ceros se transforman en cuatro o cinco billetes de pesos.
Un adelanto de la sorpresa fue el cierre fronterizo marítimo y aéreo, durante 72 horas con las islas caribeñas de Aruba,Curazao y Bonaire.

No hubo festejo de alegría por la noticia. La preocupación y la angustia volvió a invadir a cada uno de los habitantes de frontera o al menos de los que por años han dependiendo del comercio fronterizo.

Mientras tanto, el venezolano que duerme en las calles de Cúcuta se cobija con el frío de la noche y sus pensamientos se elevan a la incertidumbre de un reencuentro con su familia.

Despertándose con los rayos del sol que queman su rostro en el instante que su voz se enaltece para vender una limonada o un dulce que equivale a un peso más de ahorro para un pasaje a otra ciudad o país, solo escucha los insultos de la desconfianza y xenofobia que inspira su acento peculiar.

Mientras que el cucuteño que subsiste de las ventas a sus principales clientes, los venezolanos luchan contra la voracidad de los impuestos o del cambista que sobrevive con el bolívar y recibe latigazos de las normas de la DIAN. Ellos escupen a gritos que no tienen voz en la frontera del patriotismo colombiano.

Los habitantes de frontera parecieran no tener voz para ser escuchados por el gobierno nacional, pero otros sí hacen eco en los micrófonos y periódicos.

Desde concejales de Cúcuta que parecieran no ser salpicados por la crisis fronteriza, hasta honorables senadores que poco saben de la realidad de la frontera, aseguran con un gran porte en traje y corbata que lo mejor que le suceda a Cúcuta es un cierre definitivo de frontera con Venezuela.

Es decir que si se cierra la frontera se acaba el desempleo, informalidad, inseguridad y delincuencia en Cúcuta.

El mal que se adentro en la economía cucuteña y se convirtió en el sustento de miles de familias que incorporaron el contrabando como la práctica laboral rentable en medio de la pobreza y desempleo

Claro está que desde el 2015 se demostró lo contrario.

Cúcuta ni su área metropolitana está preparada para las sorpresas del presidente venezolano Nicolás Maduro, evidenciando la dependencia económica que por décadas nos unió con Venezuela.

El éxodo de venezolanos es la cara de la moneda que representa a Cúcuta desde hace tres años. Primero fue la deportación de miles de familias colombianas que retornaron a la tierra que los sacó a patadas.

Medidas como subsidios de arriendo y capacitaciones en áreas de trabajo como cocina fue la solución a una problemática que apenas retoñaba.

Miles de familias quedaron desempleadas desde que en los pasos legales fronterizos se impusieron los alambres de púas. La mayoría de comerciantes cerraron las puertas de sus locales, otros despidieron a sus empleados y las ventas disminuyeron radicalmente.

Todo un país sintió compasión por sus hermanos colombianos y el patriotismo se hizo sentir por unos meses.

La solución al daño fue el conformismo que silencia a los habitantes de frontera en la indolencia de un abandono del padre de la institucionalidad, el estado.

Aquellos gritos de deportación y patriotismo no se escucharon más, los lamentos en pena no volvieron a asustar a los gobernantes.

Ahora son los venezolanos que retornan a la puerta colombiana, duermen en sus calles y sobreviven de la informalidad.

Inseguridad, delincuencia, desempleo, informalidad y problemas de salubridad son males que se despertaron con el éxodo de venezolanos.

Males que han existido en Cúcuta, pero que volvió a despertar el patriotismo de los políticos que se durmieron, se cegaron y se quedaron sordos cuando la deportación de los colombianos despertó las entrañas de la migración.

La ceguera de los gobiernos municipales del área metropolitana, la sordera del gobierno regional y el abandono del gobierno nacional sembraron las entrañas de lo que hoy agobia a los habitantes de frontera.

Sin políticas migratorias que se adecuen a la realidad fronteriza de Cúcuta y brinden una oportunidad digna a los venezolanos que sobreviven del desprecio de su gobierno.

Sin políticas de empleo que den tregua al aumento de la informalidad y desempleo a la ciudad, que ofrezcan estabilidad económica a una ciudad que agoniza lentamente a la vista de todo un país.

Sin políticas públicas de salubridad que enfrenten el caos de las calles, la exposición antihigiénica de los baños públicos al aire libre en que se convirtieron los andenes de las casas y los desordenes de basura que adornan la entrada en el puente internacional Simón Bolívar.

Para muchos el atajo mas rápido para acabar con los problemas de Cúcuta es el cierre de frontera con Venezuela, pero ¿no será que el camino más seguro y estable para arrancar las entrañas de la agonía de la economía cucuteña es la construcción de políticas públicas aptas para la realidad fronteriza?

¿O será que si en Cúcuta dejan el conformismo y se comprometen a levantar la voz pacíficamente para que se sacudan los gabinetes en el senado y realicen proyectos en beneficio de las regiones?

¿Será que el cierre de frontera va a aliviar las secuelas de la informalidad y desempleo, va a desaparecer la delincuencia e inseguridad, va a acabar con las entrañas del contrabando, generando lo que todos quieren, un trabajo digno y estable?

Mientras tanto, cada paso de los venezolanos y colombianos que pisan la frontera marca la huella de la agonía y la zozobra de la dependencia económica con Venezuela en una región donde los gritos de los habitantes de frontera no tienen voz.

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