Los de Duque y los de Uribe: los dos combos del gabinete

La conversación entre el embajador Pacho Santos y la canciller Claudia Blum dejó en evidencia las tensiones dentro del equipo de trabajo del alto gobierno que pueden trabar el trabajo

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noviembre 20, 2019
Los de Duque y los de Uribe: los dos combos del gabinete

Desde el arranque de gobierno quedó clara la composición del gabinete con el que trabajaría el Presidente Duque. Por un lado, estaba el grupo de profesionales de corte técnico escogidos directamente por él y por otro los ministros respaldados por el Centro Democrático y el Presidente Duque, muchos de ellos jugadores de peso dentro de la campaña que lo llevó a la Presidencia. Desde la campaña entró jugando duro Luis Guillermo Echeverri –Luigi—, quien con la muerte de su papá Fabio Echeverri Correa, el sabio de la tribu, el 28 de octubre de 2017, ocupó un mayor espacio. Su relación se remonta al gobierno de Álvaro Uribe, cuando Luigi fue el jefe de Duque en la Representación de Colombia en el BID en Washington.

El audio del embajador Francisco Santos de su conversación con la recién nombrada canciller Claudia Blum confirmó las diferencias que existen en el alto gobierno y que se habían expresado de manera explícita en un tema tan complicado como el de reforma de las pensiones. La ministra de Trabajo Alicia Arango expresó sus diferencias con el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, abrogándose incluso el derecho a hablar en nombre del Presidente: acabar con el régimen de prima media para las pensiones.

Por la vía del expresidente Uribe y el Centro Democrático llegaron al gabinete el canciller Carlos Holmes Trujillo, quien fue el primer ministro en ser nombrado; Alberto Carrasquilla al ministerio de Hacienda; Alicia Arango a trabajo, Botero a Defensa, Nancy Patricia Gutiérrez, a Mininterior. La cuota Uribista quedó reforzada con la llegada de Margarita Cabello al Ministerio de Justicia a reemplazar a Gloria María Borrero, quien era una de las que cumplían con el requisito técnico más no el político.

Carlos Holmes Trujillo pasó del Partido Liberal, donde creció al lado de su papá el dirigente vallecaucano liberal Carlos Holmes Trujillo y fue elegido el primer alcalde popular de Cali, al uribismo en la campaña presidencial que llevó a Uribe a la Presidencia en el 2002. Dos años después fue nombrado embajador en Suecia, de donde pasó a Bélgica a ser el jefe de la Misión de Colombia ante la Unión Europea, donde permaneció se sostuvo incluso los primeros dos años de Santos.

La cercanía con Uribe lo llevó a ser director político del Centro Democrático en el 2017, desde donde dio la pelea por ser el candidato para la Presidencia, pero fue derrotado por Ivan Duque en la consulta interna. Adhirió a su campaña sin dubitaciones y fue recompensado con la cancillería, cargo que acaba de dejar para asumir el Ministerio de Defensa.

Desde hace casi 20 años la vida laboral de Alicia Arango está ligada a Álvaro Uribe Vélez. Fue su secretaria privada en la campaña que lo llevó a la Presidencia y siguió siendo la persona de su confianza durante los ocho años en la Casa de Nariño, de donde salió para la embajada de Naciones Unidas en Ginebra, en Suiza. Santos no la tocó hasta que decidió regresar al país en 2013.  Acompañó al expresidente en la fundación del Centro Democrático y fue directora del Partido ese mismo año. Apoyó la precandidatura de Iván Duque desde la primera hora al lado de Fabio Echeverri y siempre fue ficha segura del gabinete: avanzó en el empalme de cultura, pero terminó en trabajo, por sugerencia de Uribe.

El ministro de Hacienda de Álvaro Uribe en el 2003, Alberto Carrasquilla, fue también jefe de Duque y de Luigi Echeverri, como responsable de la Representación del BID en Washington. Fue el director programático de la campaña de Duque y se decidió por repetir en Hacienda tras una fuerte insistencia presidencial. Ejerce su poder con autonomía; bisagra entre Duque y Uribe, quien no disimula su admiración.

La ministra del Interior Nancy Patricia Gutiérrez se acercó al expresidente Uribe en las elecciones de 2002. Se sacudió del Partido Liberal —ala samperista— para apoyar la creación de Cambio Radical y con este partido, ya en la Cámara de Representantes, acompañó la candidatura de Uribe. Pasó al senado y desde allí, fue junto con Claudia Blum una de las grandes aliadas para volver realidad el “articulito” que cambió la Constitución y habilitó la reelección de Uribe en el 2006. Desde entonces tienen una gran cercanía con Uribe, quien la acompañó en su fallida pretensión de ser gobernadora de Cundinamarca. Se rencauchó en la campaña de Duque y llegó a un puesto clave, en el que no ha conseguido los resultados esperados en el manejo legislativo.

Claudia Blum aterrizó de manera inesperada en el gobierno Duque, después de casi una década de estar por fuera de la vida pública. Su último cargo fue la embajada de Colombia en Naciones Unidas en el segundo gobierno de Uribe. Un reconocimiento a su apoyo incondicional no solo desde el senado sino como impulsora de la primera campaña presidencial de Álvaro Uribe en el 2002. Ha sido siempre una anfitriona de Uribe en Cali, desde donde apoyó la candidatura de Iván Duque.

La salida de Gloria María Borrero del Ministerio de Justicia, sacrificada precisamente por su falta de experiencia para el trámite legislativo, abrió la puerta para un cambio. Duque buscó un perfil que combinara lo técnico con la experiencia política. Llegó al gabinete la barranquillera, cercana a la Casa Char, Margarita Cabello; una mujer además de confianza de Uribe, cuyo nombre puso a jugar en la terna para reemplazar al Fiscal Mario Iguarán en el 2009.

Ya electo Presidente, Iván Duque fue respetuoso de su mentor y lo visitó en su finca El Ubérrimo para consultarle nombres que había pensado para conformar su gabinete. Sin consideraciones políticas ni de equilibrio regional había escogido un grupo de técnicos, completamente desconocidos en el escenario público, a quienes en algunos casos había conocido como senador y otros por referencias profesionales; casi todos formados en el sector privado. Los entrevistó personalmente y se la jugó.

Son siete los ministros con perfil técnico: Jonathan Malagón, ministro de Vivienda; Silvia Constaín, ministra TIC; Ricardo Lozano, ministro de Ambiente; José Manuel Restrepo, ministro de Comercio; María Fernanda Suárez, ministra de Minas; Juan Pablo Uribe, ministro de Salud y María Victoria Angulo, ministra de Educación.

La ministra de Minas, María Fernanda Suárez llegó directo de Ecopetrol, donde se desempeñaba como vicepresidenta ejecutiva, a donde llegó vía Juan Carlos Echeverri, quien había sido su jefe en el Ministerio de Hacienda. Su trayectoria profesional está asociada al sector financiero y energético: Porvenir, Citibank, ISA, Isagén, FEN, Banco Agrario y XM.

El joven vallenato Jonathan Malagón pasó de Asobancaria, donde se desempeñaba como vicepresidente a técnico al Ministerio de vivienda. Duque como senador cunado Malagón era director de Análisis Económico de Fedesarrollo.

José Manuel Restrepo dejó la rectoría de la Universidad del Rosario para asumir el ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Su experiencia profesional ha estado amarrada a la academia como rector de la Fundación Universitaria Empresarial de la Cámara de Comercio de Bogotá y el CESA.

Con trayectoria en el sector, el ministro de ambiente Ricardo Lozano, viene de ser el director del Centro Nacional del Agua de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI). Ha sido sido Consultor del Fondo de Adaptación y del Programa Mundial de Alimentos; director Fundación People & Earth Institute (2014 – 2017) y Director General del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (2008 – 2013).

Juan Pablo Uribe, dedicado especialmente a la administración hospitalaria. Llegó al Ministerio de Salud después de haber estado siete años como director general de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Tuvo un breve paso como viceministro de salud durante el gobierno de Andrés Pastrana, y ha trabajado como coordinador técnico y jefe del área de salud de la Fundación Corona, y Gerente de Salud del Banco Mundial para la región de Asia del Este y el Pacífico.

Uno de los nombramientos más personales fue el de ministra de Cultura, Carmen Vásquez. Su cercanía familiar a través de la amistad de ella y su esposo Saverio Minervini con el papá del Presidente Iván Duque Escobar fue la principal carta de presentación. Carmen Vásquez llegaba con experiencia en el sector público como viceministra del Interior de Juan Fernando Cristo en el gobierno Santos y un paso por la Misión de Colombia ante la OEA, pero sin experiencia alguna en el sector de la cultura, distinta a sus raíces afros en una zona tan musical y creativa como es la Costa Pacífica.

María Victoria Angulo llegó con todas las credenciales técnicas para ser Ministra de educación. Renunció a la secretaría de Educación Distrital en la administración de Enrique Peñalosa para pasar a asumir el Ministerio y se ha formado al lado de la exministra durante los ocho años del gobierno de Álvaro Uribe, Cecilia María Vélez.

Solo dos ministros son de la línea más cercana de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien logró impulsar el nombre de Ana María Orozco en el ministerio de Transporte e Infraestructura y a Andrés Valencia como ministro de Agricultura. Con la primera tiene una amistad desde hace más de 20 años y en cada campaña política de Ramírez, la ministra Orozco estuvo a su lado, además de haber trabajado en el sector financiero durante varios años.

El segundo también trabajó tanto con Ramírez como con Orozco en el Ministerio de comercio exterior y su primera experiencia en el sector agropecuario fue como gerente del ICA —Instituto colombiano agropecuario— con Andrés Felipe Arias como ministro de agricultura en el gobierno de Álvaro Uribe.

Aunque el gobierno del Presidente Duque se caracteriza por su hermetismo y ausencia de una estrategia de comunicaciones que ya le está pasando la cuenta de cobro, las diferencias al interior del gabinete que empiezan no solo a salir a flote para la falta de un liderazgo presidencial, sino que pueden resultar un inconveniente para el desafío de remontar la cuesta de la impopularidad que el gobierno tiene por delante.

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