Las encuestas muestran una fotografía, pero la elección es un sistema en movimiento. ¿Logrará la oposición unificarse o repetirá la fragmentación del 2022?

 - Los cepedistas celebran antes de tiempo como si las encuestas ganaran elecciones

Las encuestas ordenan. Pero no deciden. Esa es la ilusión —y también el error— que empieza a instalarse en esta campaña. El más reciente ponderado, construido a partir de firmas como AtlasIntel, CNC, GAD3, Guarumo e Invamer, y sintetizado en la pieza del equipo de investigaciones económicas de Porvenir, muestra un escenario aparentemente claro: Iván Cepeda lidera, Abelardo de la Espriella es segundo y Paloma Valencia aparece tercera.

Todo parece en su lugar, pero la política no ocurre en la superficie. Cepeda se mueve entre el 34 % y el 39 %, con un promedio cercano al 37,9 %. Es una ventaja sólida, sostenida, difícil de ignorar. De la Espriella oscila entre el 15,4 % y el 29,4 %, con un promedio de 23,8 %, lo que hoy lo ubica en segundo lugar. Valencia, con un rango entre el 15,6 % y el 22,8 % y un promedio de 18,3 %, queda tercera.

Esa es la fotografía. Pero una elección no es una fotografía, es un sistema en movimiento. Y lo que ese sistema empieza a mostrar no es quién va ganando, sino quién puede crecer y quién no.

  • Iván Cepeda lidera, pero su principal desafío no es subir: es no activar el rechazo suficiente para unificar el voto en su contra. A medida que se consolida como favorito, se convierte en el punto de convergencia de sus detractores.
  • Abelardo de la Espriella no es una estructura: es un fenómeno. Su crecimiento depende de una conexión directa con un electorado que busca ruptura, pero ese mismo estilo podría representar un techo rígido para su expansión hacia sectores moderados.
  • Paloma Valencia, aunque hoy es tercera, apuesta por la capacidad de sumar mayorías más allá de su base (agregación). Su reto es convertirse en la opción aceptable cuando la elección deje de ser múltiple y se vuelva binaria.

Esa es la tensión real: posición vs. posibilidad. Porque en política no gana necesariamente quien lidera la primera vuelta. Gana quien logra volverse viable para más sectores cuando las opciones se reducen.

Lecturas externas como las de Rubén Luna plantean que si Valencia pasa a segunda vuelta, puede ser receptora de un voto ajeno; pero si avanza De la Espriella, el electorado podría reorganizarse en su contra. Por su parte, Andrés Calle advierte que la oposición debe concentrarse en una candidatura con capacidad de sumar o repetirá la fragmentación de 2022. No es ideología, es aritmética política.

A cuatro semanas de la elección, las candidaturas ya no solo compiten en intención de voto, sino en narrativas. Cepeda capitaliza la inercia del gobierno, pero arrastra el riesgo de una constituyente que tensiona al centro. De la Espriella encarna una ruptura cuya traducción en mayoría sigue siendo incierta. Y Valencia se mueve en el terreno de articular sectores distintos en un escenario de alta polarización.

Al final, las encuestas solo dicen quién va adelante. No dicen quién puede ganar. Sigue abierto quién será capaz de convertirse en mayoría cuando los votos dejen de dividirse y tengan que decidirse.

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Por Nota Ciudadana

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