Iván Cepeda perdió la segunda vuelta presidencial con 12.7 millones de votos, un 48,7% frente al 49,66% de Abelardo de la Espriella. Esta cifra a la izquierda le gusta leerla como un bloque único, “el voto de izquierda” o “el electorado del Pacto Histórico”. No lo es. Detrás de esos votos hay por lo menos tres electorados distintos, con motivaciones distintas. Solo una fracción votó por convicción con el Pacto Histórico, el resto lo hizo solo porque había un candidato de derecha que deseaba bloquear.
Separar esos electorados con precisión exigiría una encuesta que pregunte el motivo del voto, o un cruce de resultados mesa por mesa entre las cuatro elecciones del ciclo. Ninguna de las dos herramientas está disponible en este momento. Pero si están los resultados de cuatro eventos electorales sucesivos, cada uno con un universo de votantes distinto, que permiten construir una aproximación razonable de cómo se compuso ese voto.
El método: cuatro elecciones, cuatro capas
El Pacto Histórico y su candidato pasaron cuatro pruebas electorales en nueve meses: la consulta interna en octubre de 2025, en la que Cepeda venció a Carolina Corcho con 1 millón 500 mil votos; la votación al Senado del 8 de marzo de 2026, en la que la lista del Pacto obtuvo 4.4 millones y se convirtió en la primera fuerza del Congreso; la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, en la que Cepeda sumó 9.6 millones compitiendo contra otros doce candidatos; y la segunda vuelta del 21 de junio.
Cada una de las cuatro cifras es más alta que la anterior, y cada incremento tiene un significado distinto. La consulta interna mide al electorado que se moviliza por el Pacto Histórico específicamente, sin que hubiera ese día ningún candidato de derecha al que derrotar: es la aproximación más cercana a la militancia y la simpatía dura del partido. El salto hasta el Senado (2,8 millones de votos adicionales) añade el voto de aparato y de las estructuras regionales de los partidos de la coalición que se pegaron, que no necesariamente se movilizan para una consulta interna pero sí votan la lista en marzo. El salto hasta la primera vuelta (5,2 millones más) es voto de opinión atraído por Cepeda como candidato, en un campo abierto de trece opciones, sin la urgencia de bloquear a nadie. Y el salto hasta la segunda vuelta de 3 millones más, corresponde exclusivamente al paso de una contienda con trece opciones a una de solo dos.
Ese último incremento es el dato central de este análisis, porque es el único de los cuatro que solo puede explicarse por la existencia de Abelardo de la Espriella como rival. No es una medición perfecta porque mezcla a electores que votaron por otro candidato en primera, con electores que no habían votado en mayo, pero sí lo hicieron en junio, y compensa cualquier fuga de votantes de Cepeda entre las dos vueltas. Aun así, es la mejor cifra para calcular para lo que se llama voto estratégico o “voto útil”.
Los tres bloques
Al aplicar ese método, los 12.7 millones de votos de Cepeda en segunda vuelta se dividen así: 4.4 (34,7%) corresponden al electorado estructural del Pacto Histórico y sus aliados, medido por su propia votación al Congreso dos meses y medio antes. Luego, los 5.2 millones (41,5%) corresponden a un progresismo ampliado que no se refleja en el voto de aparato pero que ya había elegido a Cepeda en la competencia de primera vuelta. Y 3 millones (23,8%) son el incremento específico en la segunda vuelta, el nivel donde se concentra el voto estratégico (útil) y el rechazo a De la Espriella.
Esto quiere decir que cerca de tres de cada cuatro votos por Cepeda en la elección que perdió ya eran suyos antes de que la contienda se redujera a dos nombres en la segunda. Y quiere decir también que uno de cada cuatro se le sumó específicamente por la existencia de Abelardo De la Espriella como alternativa. En este último bloque de 3 millones hay al menos dos fenómenos distintos que con los datos disponibles no se pueden separar: los electores de centro cuyo candidato de primera vuelta (Sergio Fajardo, Paloma Valencia) no llegó a segunda y optaron por Cepeda como la opción para derrotar a De la Espriella (voto útil, en sentido estricto). Y, los electores sin afinidad particular con Cepeda ni con su candidato de origen (Petro), movilizados para impedir la elección de Abelardo De la Espriella.
Una encuesta de Guarumo/Ecoanalítica previa a la segunda vuelta ofrece una pista cualitativa: sugiere que la mayoría de los votantes de Paloma Valencia se fueron con De la Espriella, mientras que los de Sergio Fajardo se repartieron de forma pareja entre los dos candidatos. Eso apunta a que el componente de voto útil “de centro” dentro de esos 3 millones fue relativamente menor, y que la mayor parte de ese bloque marginal es rechazo puro a De la Espriella o movilización de electores que no habían votado en mayo. Convertir esa pista en una cifra para saber cuánto corresponde a lo uno y a lo otro, exigiría datos que requieren una encuesta con la pregunta del motivo del voto, o un cruce de resultados por municipio entre primera y segunda vuelta.
Lo que confirma la geografía
Un cruce adicional con los resultados de la segunda vuelta desagregados por los 1.189 municipios del país ayuda a poner en contexto el 34,7% del electorado estructural del Pacto. Si ese número refleja sobre todo una base de partido tradicional y territorial, debería ser fuerte en los municipios pequeños, donde se concentra el voto de la maquinaria regional. Ocurre lo contrario: en los 428 municipios de menos de 10.000 habitantes, Cepeda obtuvo apenas el 35,4% de la votación bipartidista, su peor resultado en cualquier categoría de tamaño. A partir de los 30.000 habitantes la contienda queda prácticamente empatada, con una leve ventaja de Cepeda en las cinco ciudades de más de un millón de habitantes (52,4%). La fuerza estructural del Pacto Histórico no se reparte de forma pareja en el territorio rural, se concentra regionalmente en el Pacífico, el Caribe y algunas capitales, y es débil en el resto del país rural y de municipios intermedios.
Un punto de comparación
La proporción de crecimiento de Cepeda entre la primera y la segunda vuelta (31,2%) es casi igual a la que tuvo Gustavo Petro en 2022 (32,3%), cuando sí ganó la presidencia. La diferencia radica en que De la Espriella consolidó una porción más completa del electorado disperso de centro y derecha no alineado con el Pacto, con el voto útil o estratégico contra Petro encarnado en Cepeda. Es el bloque que en primera vuelta se repartió entre Paloma Valencia, Sergio Fajardo y otros candidatos menores, que fue superior al que logró Rodolfo Hernández frente a Petro cuatro años atrás.
Qué queda claro y qué no
Lo que este ejercicio permite concluir con relativa seguridad es que el Pacto Histórico tiene un electorado estructural real, medible, de 4,4 millones de votos, y que la candidatura de Cepeda amplió ese electorado con 5 millones de votantes progresistas que no necesariamente se identifican con el aparato del partido. Juntos, estos dos bloques suman el 76,2% del total y constituyen un piso electoral de izquierda que no depende de las circunstancias de una segunda vuelta específica.
Lo que no se puede afirmar sin más información, es cuánto del último bloque (3 millones que aparecieron solo cuando la elección se redujo a dos figuras) fue voto útil de centro y cuánto fue rechazo puro a De la Espriella. Ambos existen, ambos importan para entender qué tan replicable es esa coalición en una próxima elección sin De la Espriella como rival. Ambos exigen, para cuantificarlo con rigor, algo que hoy no se ha hecho para esta elección: una encuesta postelectoral con la pregunta directa sobre el motivo del voto.
Nota metodológica
Las cifras provienen de resultados oficiales de cuatro elecciones:(consulta interna del Pacto Histórico, octubre de 2025; Senado, marzo de 2026; primera y segunda vuelta presidencial, mayo y junio de 2026), y de resultados de segunda vuelta desagregado en los 1.189 municipios del país. El método: comparar el incremento de votos entre cada elección sucesiva que no mide la motivación de cada elector, asignando a cada bloque de votos al evento electoral más reciente en el que ese elector pudo haberse sumado por primera vez, bajo el supuesto de que quien ya vota por el Pacto en el Congreso o por Cepeda en primera vuelta no necesita un motivo adicional para votar por él en segunda.
El incremento de segunda vuelta (23,8%) es un dato neto: mezcla conversión de otros candidatos, movilización de electores que no habían votado en mayo, y compensa cualquier fuga de votantes de Cepeda entre las dos vueltas, sin distinguirlos entre sí. Separar dentro de ese bloque el voto útil del rechazo a De la Espriella, o afinar el 34,7% atribuido al electorado estructural, requeriría una encuesta con panel de electores que pregunte el motivo del voto, o una inferencia ecológica con resultados de primera vuelta desagregados por municipio. Ninguna de estas dos herramientas está disponible para esta elección. Estre análisis fue preparado con apoyo de IA.
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