Lo que la evolución necesita no es lo que los humanos desean

Para la sociedad será mejor volver al misterio y su silencio (palabras de Byung-Chul Han) que son lo opuesto a la sociedad de la información...

Por: DIEGO MARIO ZULUAGA OSORIO
noviembre 24, 2021
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Lo que la evolución necesita no es lo que los humanos desean
Foto: Pixabay

¿Pero entonces? ¿Hobbes o Rousseau? ¿Lobos o corderos? Somos lo primero, viajamos hacia lo segundo.

En el momento actual de la sociedad será mejor volver al misterio y su silencio (palabras de la nueva estrella de la filosofía Byung-Chul Han) que son lo opuesto a la sociedad de la información. O por el contrario explotar la dictadura de las emociones, maximizar el consumo no de cosas sino de experiencias y sus emociones.

Ha cambiado el paradigma social, la falta de distancia deshecha por las comunicaciones y en consecuencia se fomenta mostrar lo privado; de ahí que todo es imagen, cámaras y anonimato, demostrando que el ser humano exacerba sus afectos y sus vivencias personales.

Por eso «Hoy estamos en la transición de la era de las cosas a la era de las no-cosas. No son las cosas, sino la información, lo que determina el mundo en que vivimos.» (NO COSAS) la existencia del hombre va rumbo a almacenar datos, dejando a un lado la información que humaniza y sus recuerdos.

Significa entonces que necesitamos de nuevos estímulos, aquellos que nos nutran la sorpresa, a percibir la realidad como fuente inagotable de existencia, pero al mismo tiempo sin quedarnos ciegos ante las cosas silenciosas y discretas; criticamos a la inteligencia artificial dada la dependencia del smartphone y de todos los elementos tecnológicos que se han adosado a la nueva existencia del ser humano al igual que con sus nuevas perspectivas.

Se presenta entonces la interpretación de la nueva magia, aquella de lo sólido o tangible y lo intangible, partiendo desde el silencio hasta el ruido hecho por la información, aquello que recorre la pedagogía existencial para comprender que el ser humano vive en una constante indignación pues no puede reconfigurar su espacio público e individual, para recobrar la relación multitudinaria con los seres humanos pues la soledad estaba involucrando la falta de cooperación, de solidaridad llenando el espacio de imperfección, pues vamos resistiendo el envejecimiento, las enfermedades y el rumbo a la muerte como signo de evolución hacia la trascendencia.

Lo que la evolución necesita no es necesariamente lo que los humanos desean, desde el inicio de la evolución los primeros homo sapiens desafiaron la supervivencia, protegieron a los ancianos, enfermos y débiles pues así lo demandaba esa nueva ética que asfixiaba la intelección de los fenómenos sociales y naturales, lo que llevó a esa adaptación que demandaba esa naturaleza en la que cohabitaba.

De ahí que ese fenómeno de coherencia, es decir, esa capacidad de sincronizarse con el otro es esencial para que la vida como la conocemos haya existido, por lo que fue el más apto quien figuró en esa etapa de evolución, lo cual generó precisamente el desarrollo del concepto de comunidad y su misterio respecto a qué fue en sus inicios.

Ahora la idea de que uno necesita “más” parece irreal. Lo principal de la existencia se estructura de una manera estable y significativa, lo que lleva a preguntarnos si en verdad necesito más, si tengo lo suficiente o requiero unas vacaciones, por lo que ese pensar silencioso  nos dará como conclusión el centrarnos en el hoy, en ese presente que a veces es incierto pero que genera satisfacción al acostarnos, llevamos insertos ese concepto  de identificación de los síntomas sin la menor vergüenza de asumir los pequeños retos o que ayudan a estabilizar la vida diaria.

Una regla es entonces no buscar la autenticidad espiritual; cada individuo es como es, pues así se ha formado por su evolución, por su cultura y sus propias experiencias, pero también no enfrentarnos al abismo último de nuestro ser, es decir, allá donde se encuentran esos elementos complejos que alteran la manera de vivir, por que no hay otro lugar sino aquí y el ahora, sin sufrir la ansiedad y sus peores fantasías que limitan su singularidad y la cotidianidad como elementos que configuran ese sistema que nos tiene sumidos en una crisis profunda, de la cual hay que salir, enfrentar y sobrellevar para gritar en últimas el haber levantado ese permanente estado de emergencia en que se ha convertido la vida en estos momentos de postpandemia, de irregularidad gubernativa y de falta de la ciencia y su filosofía.

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