Opinión

Leonidas Bustos, el modus operandi

Cuando un implicado en corrupción sale con tanta contundencia a decir que es totalmente inocente, o es realmente inocente, o es el más grande cínico

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septiembre 27, 2017
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Leonidas Bustos, el modus operandi
“Yo no soy un hombre rico, soy un hombre de clase media”: magistrado Leonidas Bustos, entrevista a Blu Radio

Una cosa es lo que yo piense como ciudadana, inclusive como periodista, y otra la realidad de las cosas en las que puede uno coincidir o no, según los logros de los interesados en alinear sus propósitos con lo publicado y el convencimiento de la audiencia.

En Colombia nos hemos acostumbrado, tooodos, a condenar o defender a los personajes de la vida pública sin que se haya realizado un juicio; con lo que nos cuentan o lo que investigamos. Así nos enseñó la cotidianidad de la filtración de expedientes, con reserva del sumario y todo, que llevan un buen tiempo nutriendo las noticias y de eso no se escapa nadie. Pero así también nos lo han hecho ver los implicados en las situaciones que son motivo del escándalo de turno.

Este preámbulo no significa que salga a defender a nadie, tampoco a quien enarbola el titular de mi columna. Mal haría en caer en lo mismo que critico pero, eso sí, me molesta infinitamente el modus operandi de los implicados en escándalos de corrupción, entre otros, que a hoy no parece haber variado.

No puedo decir que Leonidas Bustos sea culpable o no; la justicia lo dirá… ¿La justicia? Mmmm, pues así toca. Como dicen las mamás, con lo que hay, que en honor a la verdad hoy pareciera no ser mucho. Sin embargo, aunque todo el mundo tiene derecho a defenderse, me molestaron sus declaraciones y, ¿en qué sentido? En lo que ya está tipificado como el modus operandi de quien está señalado.

Escuchando la única entrevista que el cuestionado magistrado ha dado a los medios, en este caso en Blu Radio, destaco dos de sus afirmaciones. La primera, “yo no soy un hombre rico, soy un hombre de clase media”, que con la lista publicada de sus propiedades no solo me dio entre risa irónica y rabia, sino que me hizo dudar profundamente de la segunda: “Soy totalmente inocente”, “se están mezclando mentiras con verdades”. Me da pena, ¿pero con esas propiedades es clase media? Pucha, me sentí paupérrima y también muy dudosa de su sinceridad.

 

 

 El  modus operandi. ¿Cuál es?
Me acusan / Me callo o me escondo
/ Salgo a dar entrevista donde me declaro con contundencia  inocente…

 

 

Entonces me surgen las mismas inquietudes frente a otros muchos casos de corrupción en el pasado, porque siento a Bustos sumido en el mismo esquema; el mismo modus operandi. ¿Cuál es? Me acusan / Me callo o me escondo / Salgo a dar entrevista donde me declaro con contundencia  inocente… y que pase el tiempo. Cuando “me callo o me escondo”, dependiendo del resultado, es cuando “estoy a conciencia organizando la información –a lo cual tengo derecho- o también “cuadrando” el discurso y “ajustando” a quien toque. Ah, “pero tampoco renuncio al fuero”. Entonces uno puede pensar que con tantas bajezas con las que se condenan inocentes y quedan libres culpables, pues ni bobo que fuera. Pero… ¿y quién lo va a juzgar?

Me encantó un informe de Juan Diego Alvira en Canal Caracol, en el que se paró en la Plaza de Bolívar y con la cámara, enfocando el Palacio de Justicia de un lado y haciendo barrido visual hacia el Congreso del otro, decía: los unos nombran a los otros, y los otros juzgan a los unos; como quien dice, “Yo te nombro, cuidado como me juzgas”; mejor dicho, hagámonos pasito.

Cuando un implicado en corrupción sale con tanta contundencia, después de un largo silencio, a decir que es totalmente inocente, o es realmente inocente, o es el más grande cínico que ya cuadró todo porque les tiene muchos secretos a quienes intervienen en su proceso. Desde hace años se vienen escuchando runrunes que hablan muy mal no solo del magistrado Bustos, sino de otros cuantos que todavía no han salido a la picota pública y cuyos nombres me reservo. Por lo menos para mí y para muchos colegas, eso no es nuevo. No tengo pruebas para decir que es culpable o inocente; de eso no tengo certeza y veremos en qué para todo esto que tiene asqueado al país, que igual no hace nada… Ni protesta.

Todo esto me recuerda que aquí los grandes casos de corrupción llegan hasta el sujeto anterior al gran jefe, pero nunca al gran jefe. Eso sí, incluye chivo o chivos expiatorios para desviar la atención. Como si fuéramos bobos. Piensen solo en Odebrecht y de ahí para atrás en lo que quieran. Todo se cuadra siempre desde antes de cometer los ilícitos: tiempo en la casa por cárcel (me enfermo para que me la den), valor del abogado, plata que devuelvo y con lo que me quedo.

La verdad es que a estas alturas ya no le creo a nadie y menos cuando uno se devuelve en el tiempo y recuerda a Bill Clinton, en su momento como presidente de Estados Unidos –laaa potencia-, negando su enredo con Mónica Lewinski y teniendo que recular porque literalmente le sacó “el trapito al sol”… ese vestido con la evidencia que lo humilló y lo hizo confesar. De ahí para abajo todo es posible y aquí con mayor razón.

¡Hasta el próximo miércoles!

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