Leila Guerriero, la cazadora de historias que educa la nueva sangre del periodismo colombiano

Leila Guerriero, la cazadora de historias que educa la nueva sangre del periodismo colombiano

La escritora argentina, quien se presentará en el Festival Gabo, ha sido lectura fundamental en universidades colombianas. Ninguna cronista latina tiene su alcance

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julio 06, 2024
Leila Guerriero, la cazadora de historias que educa la nueva sangre del periodismo colombiano

La primera columna que leí de Leila Guerriero fue La lección de Homero, que fue publicada hace unos diez o quince años por la revista El Malpensante. Me impactó profundamente, porque ahí la recorrida escritora argentina recordaba una de las lecciones más valiosas del periodismo. No hay entrevistado que no quiera hablar, porque todos tienen algo para decir. 

En tiempos en que la profesión parece valorarse más por ese talento carroñero que busca que los entrevistados suelten cosas que preferirían mantener guardadas, Leila nos contaba una de sus experiencias más descorazonadoras, para recordarnos que las fuentes siempre van a querer hablar. Sólo que siempre serán ellas las que elijan el tema de conversación. 

La anécdota, que Leila Guerriero recordaba en ese texto, era su crónica sobre Romina Tejerina. Una mujer que había quedado embarazada por una violación, que provenía de uno de los sectores más pobres de Argentina y ahora estaba presa. Su crimen había sido asesinar a la bebé, en el mismo momento en que lo dio a luz. 

Tejerina había ocultado el embarazo por meses y, según ella, en el momento del parto vio en la criatura la cara del violador. Le dio 24 puñaladas, según ella estaba en shock. 

El crimen de Romina Tejerina, cuya historia Leila Guerriero relató de manera detallada y cuidada para su libro Frutos extraños, fue muy repudiado dentro de la sociedad argentina, sobre todo por las personas más conservadoras. Para algunos, la adolescente era una asesina; pero otros intentaron entender todo el contexto de la situación. Entre ellos, León Gieco, el autor de “Solo le pido a Dios”, quien la inmortalizó en una canción llamada "Santa Tejerina".

Cuando Leila Guerriero llegó a hablar con Romina, tanto la familia como su abogada le advirtieron que ella no hablaba casi y mucho menos con periodistas. También le pidieron que ni se le ocurriera mencionar a la bebé. 

En La lección de Homero, Leila escribió: “Me recibió tres mañanas y dos tardes en el penal donde está detenida, y hay que decir que hablaba mucho. La primera mañana hablamos de música, ropa, de pintura para uñas, de novietes y peleas de adolescente”. 

Guerriero la visitó en varias ocasiones y nunca hizo la más mínima referencia al crimen, salvo cuando Romina lo refería, pero sin dar muchos detalles. Un día la invitó a un espacio privado en el patio de la cárcel, donde entre otras cosas le soltó que estaba cansada de que la llamaran “asesina mataniños”. 

Leila Guerriero es el tipo de persona que no puede armar un texto sin tener en cuenta cada uno de estos detalles. Ella no escribe sobre personas buenas o malas, sino que busca historias y deja que sean sus personajes los que vayan mostrando su esencia. 

Los inicios de Leila Guerriero

Leila Guerriero lee desde muy pequeña, tanto que años más tarde estudió una carrera de turismo, pero, como bien recuerda un clásico del rock rioplatense, el amor es más fuerte. Si es por las letras, mucho más. 

Fue con esa conexión con las palabras que escribió textos que ayudan a entender sus orígenes, como El bovarismo, dos mujeres y un pueblo de la Pampa, donde recordó una fallecida e inseparable amiga que marcó su adolescencia y se definió a sí misma recordando que entonces era: “huidiza, ladina, oscura, difícil, taimada, arisca, bruta, brutal, furiosa, feroz y Arbitraria, que es el nombre de otra de sus publicaciones más famosas. 

Es posible que todo este cúmulo de cualidades y defectos haya sido el que la haya hecho buscar otros caminos antes que la literatura. Siempre leyendo, siempre escribiendo, siempre consumiendo todo tipo de contenidos que la hicieran escribir mejor. En parte, de eso habla en Arbitraria:

“Escuchen a Pearl Jam, a Bach, a Caléxico (una banda rarísima que menciona en muchos textos, agrupación que odio y varios amigos aman). Canten a gritos canciones que no cantarían en público: Shakira, Julieta Venegas, Raphael. Vayan a las iglesias en las que se casan otros, sumérjanse en avemarías que no les interesan: expónganse a chorros de emoción ajena”. 

A sus 22 o 23 años, un día tuvo el impulso de mandar un cuento a Página 12, uno de los principales diarios de Argentina, fundado y –entonces– dirigido por Jorge Lanata, uno de los periodistas más emblemáticos, más queridos y odiados del país.

Leila, tal vez sabía que tanto ella como Jorge Lanata se caracterizan por ser cazadores de historias natos. Así que cuando él recibió su cuento llamado Ruta cero o kilómetro cero (ella no lo recuerda bien), lo publicó en la contraportada. 

En los próximos años publicó en medios de toda Hispanoamérica, como El Mercurio de Chile, El Malpensante de Colombia (a menudo exalta a su entonces editor Mario Jursich en sus textos) o El País de España, donde tiene una columna desde hace mucho tiempo. 

Además, ha publicado colecciones de sus escritos como su libro de crónicas Frutos extraños, uno de perfiles titulado Plano americano y otro con sus columnas que salió con el nombre Zona de obras. El último libro con textos de su autoría es La Llamada, dedicado a la vida de la militante Silvia Labayru y publicado hace pocos meses. 

Silvia es una mujer superviviente de la dictadura militar argentina quien, en cautiverio, vivió todo tipo de atrocidades. Leila Guerriero la entrevistó durante meses, “mientras se esperaba la sentencia del primer juicio por crímenes de violencia sexual cometidos contra mujeres secuestradas durante la dictadura, en el que Labayru era denunciante”, según se lee en la contratapa del libro.  

Y también ha puesto su nombre en libros donde participó como editora, compilando crónicas de otros, reunidas con un solo fin argumentativoUn mundo lleno de futuro: diez crónicas sobre América Latina, Voltios (sobre la crisis energética en Argentina) o Extremas, una obra que sólo tiene perfiles de grandes mujeres latinoamericanas. 

La importancia de Leila Guerriero en las nuevas generaciones de periodistas colombianos

En los últimos años, Leila ha visitado Colombia de manera recurrente y ha dado charlas en espacios como la Filbo o el Festival Gabo, donde hablará este sábado y hace años se ganó un premio por una de sus crónicas más bellas llamada El rastro en los huesos.

Por este y por otros motivos, suele ser comparada con otros referentes de la crónica y del periodismo latinoamericano como Juan Villoro, Alma Guillermoprieto, Martin Caparrós, Homero Alsina Thevenet (a quien le hizo una crónica semanas antes de su fallecimiento) o Gabriel García Márquez, entre muchísimos otros escritores tanto contemporáneos como de antaño. Aquellos que ella siempre exalta como precursores.

Es posible que sea la mujer cronista latina mas leída en las universidades colombianas, tanto que algunos estudiantes llegan a la desfachatez de considerar cliché el que se diga que un periodista la tiene entre sus favoritas.

Pero es que Leila Guerriero, aquella mujer que confiesa en entrevistas ser demasiado lenta para observar y tomarse meses para terminar sus notas, no sólo aporta una necesaria mirada femenina, sino que también tiene un gran talento para humanizar a los protagonistas de sus relatos, incluso los que no merecen ser humanizados, en un mundo cada vez menos inteligente y más artificial.

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