La tradicional marca colombiana Lec Lee atraviesa una nueva etapa después de 80 años de historia. La empresa, fundada en 1943 por el santandereano Luis Eduardo Caicedo Motta enfrenta hoy el reto de superar un proceso de reorganización empresarial para mantenerse viva.
Aunque Lec Lee ya no tiene la presencia dominante de décadas anteriores, continúa siendo un referente de la industria textil colombiana. En sus mejores años llegó a producir cerca de 15.000 pantalones diarios y actualmente conserva 434 empleos directos, una cifra significativa para una empresa que comenzó de manera modesta.
La historia de la compañía se inicia en Villavicencio. Allí, Luis Eduardo Caicedo Motta intentó abrirse paso con una propuesta innovadora para la época: fabricar pantalones en jean, un material que apenas empezaba a conocerse en Colombia en la década de 1940 y que estaba asociado a la ropa de trabajo resistente utilizada desde el siglo XIX en países como Estados Unidos.
El empresario Caicedo Motta abrió tres almacenes en los Llanos Orientales, pero los resultados no fueron los esperados. A pesar de las dificultades, esa experiencia le permitió entender mejor el mercado y descubrir la necesidad de buscar ciudades con mayor potencial comercial y capacidad industrial.
Llegada a la capital y despegue comercial
Con esa visión, Caicedo se trasladó a Bogotá en 1957. En la capital encontró mejores condiciones para confeccionar prendas de manera industrial y ampliar su red de clientes. Durante los primeros años trabajó mediante distribuidores, pues todavía no contaba con un almacén propio para comercializar directamente sus productos.
El inicio de la producción ocurrió en un pequeño taller ubicado en el barrio Calvo Sur, en Bogotá, en un espacio que anteriormente había funcionado como una capilla de ladrillo. Con el tiempo, el negocio comenzó a crecer y el emprendedor reunió el capital suficiente para abrir su primer punto de venta propio.
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Nombre y apellido para un negocio redondo
El 14 de julio de 1975 inauguró su primer almacén de fábrica en el tradicional barrio El Lago, en Bogotá. Para entonces, la empresa ya tenía 25 operarias y empezaba a consolidarse como una marca reconocida en el mercado nacional. El nombre ‘Lec’ surgió de las iniciales de Luis Eduardo Caicedo.
La apertura del almacén marcó un hito para la compañía, pues permitió vender directamente los jeans producidos en el país. Años después, la marca adoptó el apellido Lee, dando origen al nombre Lec Lee, que terminaría convirtiéndose en uno de los más reconocidos de la moda colombiana.
Sin embargo, el crecimiento también trajo dificultades. La utilización del nombre Lee provocó disputas legales con la compañía estadounidense del mismo nombre, que consideraba que existía una apropiación indebida de su identidad comercial. A pesar de ello, la empresa colombiana logró mantenerse en el mercado.
Durante las décadas de 1970 y 1980, Lec Lee vivió su época de mayor expansión. La producción alcanzó cerca de 15.000 pantalones diarios y Venezuela se convirtió en uno de sus mercados más importantes. En ese momento, cerca del 80 % de la mercancía era enviada al país vecino, mientras la marca también fortalecía su presencia en Colombia.
Las nuevas generaciones quedan al mando
Con el paso de los años, la dirección de la compañía quedó en manos de la segunda generación de la familia. El fundador entregó el liderazgo a su hijo, Elberto Caicedo Parrado, quien asumió como presidente y representante legal de la empresa.
Ya en el nuevo siglo, Lec Lee enfrentó un entorno mucho más complejo. La caída del mercado venezolano, el aumento de la competencia, el contrabando y los cambios en la industria textil golpearon las finanzas de la compañía. Posteriormente, la pandemia agravó la situación y provocó una reducción del 39 % en los ingresos de la empresa.
Actualmente, la compañía permanece en manos de la tercera generación familiar, con Luis Eduardo Benavides Caicedo como gerente comercial. Bajo su liderazgo, Lec Lee intenta sacar adelante el proceso de reorganización aprobado por la Superintendencia de Sociedades, con el objetivo de preservar su operación, proteger cientos de empleos y mantener viva una marca histórica de la industria colombiana.
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