Las tres vidas de Norberto, el peluquero más famoso de Bogotá

Hecho a pulso se codeó con los poderosos, a las mujeres las ha dejas felices con sus genialidades de estilista. Maneja un emporio con más de 100 empleados

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noviembre 26, 2022
Las tres vidas de Norberto, el peluquero más famoso de Bogotá

Norberto nació tres veces. La primera vez fue en Medellín, el 14 de junio de 1945, el primero de los nueve hijos que tuvieron Armando Muñoz, un paisa talabartero y ebanista, recio como una montaña y Mariela Burgos, un ama de casa que su hijo recuerda como una mujer blanca, limpia, casi que cristalina. Nunca se sintió identificado con los vecinos de Boston, su barrio. A veces jugaba con tapitas de gaseosa la vuelta a Colombia. Siempre era Ramón Hoyos y siempre perdía. El colegio lo aburría. La iglesia no. Era acólito. Le gustaba hacerle altares a la virgen, vestirla y si tuviera pelo le haría cortes, como lo hacía con las muñecas de sus hermanas. Tenía una fascinación por la muerte. A veces se iba, con apenas 8 años, a ver cómo arreglaban los muertos en la funeraria Los Angeles, que quedaba ahí en el barrio. Incluso llegó a pensar en tener una funeraria para poder pintarlos y dejarlos más bonito de lo que eran en vida.

Las tres vidas de Norberto, el peluquero más famoso de Bogotá

En Cali después de haberse ido de su casa en Medellín. La Leyenda inicia

Por eso, después de peluquear a las muñecas, Norberto las enterraba y las dejaba ahí, durante semanas hasta que ellas llorando iban a ponerle quejas a Don Armando quien poco a poco se iba desilusionando con él. Eso de que estuviera tan interesado en hacerle altares a la virgen no era cosa de hombres. Eso de que viviera tan pendiente del orden, de que fuera tan prolijo, no era cosa de machos. Lo mandaron a estudiar a un internado para que aprendiera a ser un machito y lo que terminó fue cortándole el pelo a sus compañeros por orden expresa del sacerdote que oficiaba de rector. Su papá le habló duro y Norberto, con 18 años, tomó la decisión de irse de su casa. Y nunca más volvió.

Las tres vidas de Norberto, el peluquero más famoso de Bogotá

Norberto acompaña a una de sus amigas. Medellín finales de los años 60

Esa fue la segunda vez que nació. Tenía 18 años y se fue a Cali. Una mujer lo ayudó, le dijo que podría montar una peluquería pero la cosa no funcionó. Así que se enamoró de un hombre con el que llegó a Villavicencio. Le rompió el corazón y con los restos del naufragio aparece en Bogotá. Era 1972. Acaba de pasar una revolución cultural en Estados Unidos y Europa. La moda cambió para siempre y acá se ven por las calles bogotanas jóvenes de patillas largas, con cuellos de avioneta, afros y camisas estrambóticas que recordaban la ola de ácido impulsada desde San Francisco por Timothy Leary. En Colombia empezaron a llamarlos coca-colos. Según la revista Cromos, que en ese momento era el non-plus-ultra de la moda los personajes del año fueron el record de la hora Martín Emilio Cochise Rodríguez, María Eugenia Rojas, hija del dictador depuesto Gustavo Rojas Pinilla y el presidente Misael Pastrana Botero. El programa más visto era La isla de Gilligan. Acá no pasaba nada. Era una provincia que no sabía como asimilar a un personaje como Norberto Muñoz Burgos. Por esa época ya trabajaba en la capital. Un día incluso le tocó maquillar en la sala de deportados del aeropuerto El Dorado.  

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Ese año abrió su primer local. Estaba en la carrera 49 con Caracas. Las clientes que impulsaron esa primera peluquería fueron familiares de militares que se la pasaban de fiesta en el hotel Tequendama, reinas, mujeres del norte de la capital acomodadas, funcionarias y actrices.Todo el jet set capitalino. Ellas corrieron el voz a voz. Entonces llegaron las dos actrices del momento, Dora Cadavid y la primer súper modelo colombiana, Virginia Vallejo. A ella le dijo que tenía una idea, de que sus trabajadores fueran hombres. Las mujeres sólo se ocuparían del arreglo de las uñas. A Vallejo, como a otras clientas, no les gustó ni cinco la propuesta. Ellas no querían que un macho las viera toda pegostiadas de mascarilla, con el pelo lleno de rulos. Norberto tuvo que esperar 10 años para eso.

Norberto parece que viniera del futuro. Nunca le gustó estudiar. Todo lo que aprendió lo tenía en la cabeza. Por eso no le gusta leer. Es un autodidacta, un visionario. Un tipo que no se queda quieto y que le gusta estar de pie, muy a pesar de sus 77 años. En 1982 abrió una peluquería en una de las zonas más plays de Bogotá, la de la 100 con 15. Era otra Colombia. Acababa de ser elegido un progresista, Belisario Betancourt y aunque la sociedad empezaba a sumirse en el pozo nauseabundo del narcotráfico, había espacio para las rupturas artísticas, Gabo ganó el Nobel y Norberto estaba listo para lanzar sus raros peinados nuevos. En ese local los 25 peluqueros eran hombres. Era otro país.

 

Las tres vidas de Norberto, el peluquero más famoso de Bogotá

En 1994, Rodolfo abre uno de los referentes para la historia de la peluquería en Colombia. Sucede en el norte de Bogotá. Foto de la inauguración

Entonces Norberto nació por tercera vez. Tenía 29 años y se fue a Cali invitado por la dueña de Jolie de Vogue, María de Chávez. Ella le presentó al hombre con el que convive desde hace 44 años, Antonio Lozano, un empresario del que se enamoró perdidamente y quien enrrutó sus negocios. De él fue la idea de trasladarse en 1994 a lo que en su momento calificó el Tiempo como El palacio de la gente bella.

En él tiene a 60 manicuristas, 25 auxiliares de champú, 11 esteticistas y 78 peluqueros vestidos todos de punta en blanco. La idea con la que arrancó la propuso el propio Toño. Una decoración que mezclaba lo francés, lo colonial lo español y lo inglés. Cuando abrió sus puertas el 28 de octubre de 1994 lo hicieron con un concepto desde todo punto de vista revolucionario: lo ecológico. Contaba con luz natural, aguas lluvias tratadas, además de contar con energía solar. Seis años duró el proyecto, siempre comandado por Toño.

Porque Norberto reconoce que Toño es el comandante de su vida. Por eso, afirma con orgullo que fueron los primeros gays que se casaron en el 2005, en el edificio de nueve pisos donde funciona su peluquería y en donde ellos viven. La gente, que es metida, les pregunta que como hacen para seguir juntos si los gays son tan promiscuos y a Norberto no se le mueve ningún músculo de la cara-con 15 cirugías igual es difícil- y suelta consejos. Ayuda no tener hijos. Ayuda no compartir baño y tener cuartos separados. Ayuda ser educado, respetar al otro. Y Ayuda amar. Porque Norberto afirma que hasta el momento no ha conocido a nadie mejor que su Toño quien es el que manda en las cosas de contabilidad y hasta en el mercado. Pero en su casa no hay un solo adorno que no haya sido puesta por el peluquero más famoso del país.

La pandemia los afectó como a todos los peluqueros, pero Toño supo conducir el barco y que no se ahogara en la tormenta. Su idea, la de que su ejército de peluqueros fuera a hacer trabajos a domicilios funcionó. La bonanza es tal que no descartan la idea de expandirse a otro local, sin descuidar el palacete de la calle 109 con 17.

En revolución permanente, Norberto está listo, a sus 77 años para una cuarta vida. El fulgor de una estrella no se apaga tan fácil.

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