El fotógrafo que retrató a Pablo Escobar dormido y vivió para contarlo

Edgar Jiménez, estudió el bachillerato con el capo quien lo convirtió su fotógrafo personal. Acaba de salir el libro de su vida con maravillas de fotos inéditas

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noviembre 20, 2022
El fotógrafo que retrató a Pablo Escobar dormido y vivió para contarlo

Tenía 32 años y Edgar Jiménez Mendoza ya estaba quebrado. Simplemente no le daba eso de ser fotógrafo de bodas, de primeras comuniones para vivir de manera decente. Mientras que vivía mediocremente en el periódico veía que Pablo Emilio Escobar Gaviria, su compañero entre 1 y 3 bachillerato del Liceo Antioquia, tenía fama y fortuna. No lo veía desde 1965 hasta que en una tarde de 1980 un hacendado de nombre Nelson Carnero, lo invitó a que tomara unas fotos de su pueblo, Puerto Triunfo.

-Tenés qué conocer al dueño de este pueblo

Y lo llevó a las tres mil hectáreas de Nápoles. No lo deslumbró tanto el pequeño aeropuerto, los lagos, los animales exóticos traídos del África como saber que el dueño de todo ese paraíso tropical había sido su compañero de colegio. Pablo no necesitó que le firmara ningún contrato para nombrarlo su fotógrafo de cabecera.

Su primer trabajo fue hacerle un catálogo de los animales de la Hacienda. Carlos Henao, hermano de Maria Victoria, la esposa de Pablo Escobar, le ofreció su modernísimo cuarto oscuro para revelar rollos de animales, fiestas y la campaña política del capo más peligroso del mundo.

Primeros hipopotamos que llegaron a la hacienda Napoleón

Pablo Escobar fue el que le puso a Jiménez el apodo que lo haría tan famoso: el Chino. Le decían así porque tenía un defecto al hablar. La erre no le funcionaba. Nadie le entendía nada. Era como si hablar en Chino. Al ser amigo del capo siempre vio su lado bueno. El Pablo mamador de gallo que se tomaba muy de vez en cuando una Heineken porque eso de emborrachar la traba no era buen negocio. A Pablo lo que le gustaba era la marihuana. Lo hacía hablar, lo hacía pensar, le exacerbaba la creatividad.

El chino pasando una borrachera con un avestruz

Edgar nació en Aranjuez en el mismo año de su amigo, en 1980. A diferencia de él era un alumno aplicado. Ayudaba cada vez que podía con copias a Pablo. El chino fue testigo de lo que puede ser el primer crimen del capo del Cartel de Medellin: se robó una llave del salón, le sacó el molde en un jabón, le hizo una copia y con esa entró y se robó un examen. A pesar de todas las trampas a Pablo lo expulsaron del colegio en 1965 por vago y cansón. El Chino se graduó un año después. Quince años estuvieron distanciados hasta que el azar los alcanzó.

Tenían en común algo más que una infancia. Ambos se consideraban hombres de izquierda. Por eso al mafioso le encantaban las historias de Edgar sobre su participación en la Anapo, cuando fue el fotógrafo oficial de la campaña presidencial de 1970 del general Rojas Pinilla y de su hija Maria Eugenia Rojas de Moreno. Con el sinsabor del robo electoral de las elecciones en donde resultó ganador Misael Pastrana Borrero, el Chino militó en el M-19. Jamás empuñó un arma. Lo de él era pintar paredes con el lema “Con el pueblo y las armas al Poder” Pero la aventura de su vida fue Pablo.

Escobar se solazaba con las fotos de desnudos de su amigo. El Chino fue el primer fotógrafo porno del país. Fue el intermediario para que Escobar se sirviera de modelos como quien ordena en un Menú. Todo su catálogo estaba a su disposición.

Anécdotas tiene por montones. Pablo cumple años. Está durmiendo el trasnocho. El Chino está bebiendo con amigos del capo. Es 1981, nadie persigue a Escobar. Por ahora es un incipiente suplente en la Cámara de Representantes por el Partido Liberal cuyos rumores de que es un mafioso no logran comprobarse Así que le dicen a Edgar que suba, que le tome una foto mientras duerme. Ligia, la cuñada del capo, se sienta a su lado. El resultado es este clásico de la fotografía narco. El capo duerme el sueño de los injustos.

 

Al Chino si que le gustaba el aguardiente. Cuando terminaba sus agotadoras jornadas tomándole fotos a cerca de 4000 animales que quería inventariar el Patrón, se iba para La Mayoría, nombre con el que se conocía la casa principal de Napoles y se reunía a tomar guaro con el círculo de confianza. El Capo estaba siempre ahí, como un ojo constante y difuso por el humo espeso de la marihuana. Iba dos veces por semana el fotógrafo. Una vez no lo dejaron entrar a Nápoles.

-Decíle a Pablo que soy yo

Le recomendó al vigilante. Llamaron a la Mayoría por Walkie Talkie.

-Si es el Chino que entre

Dijo el Patrón. Cuando llegó Edgar Jiménez a la Mayoría vio cerca de 300 guardaespaldas rondando la casa. Estaba la plana mayor del Cartel de Medellín reunido allí. El Mexicano, Lehder, los hermanos Galeano, Kiko Moncada. Nunca sacó la cámara de su maletín

-Si tomás una foto te morís- Le dio el consejo uno de los guardaespaldas.

En 1989 lo dejó de ver. Le alcanzó a tomar una foto, esta, donde ya no podía sonreír. Estaba cercado por los Pepes, por el Bloque de Búsqueda. Perdía la guerra. Por eso, entre todas las fotos, la que prefiere el Chino es esta. Fue en uno de los cumpleaños de su hija Manuela. Pablo está mirando un coctel humeante, se nota agobiado por las tribulaciones.

El 2 de diciembre de 1993 Pablo Escobar Gaviria moriría en un tejado en Medellín. Todos los amigos del capo serían asesinados en la más despiadada de las venganzas. El Chino se refugió en su vida discreta en Aranjuez, en los billares de la avenida San Juan y en las borracheras ocasionales en bares de la 70 donde contaba en voz baja que Popeye era un hablador de mierda profesional, que jamás mató a 3.000 personas como decía “Si acaso habrá matado a 300”

En el 2015 el investigador Alfonso Buitrago lo conoció. Supo de él por un trabajo que estaba haciendo en Medellín el Ne Yorker sobre la vida desconocida de Pablo Escobar. Desde entonces le escuchó todos los cuentos y creó el libro El Chino, la vida del fotógrafo personal de Pablo Escobar, un esfuerzo de la línea editorial de Universo Centro y cuya portada es esta.

 

 

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