Bin Hammam, el millonario que a punta de sobornos compró el Mundial para Qatar

Escaló en el negocio del futbol y con la chequera de los jeques y repartiendo USD 3.6 millones con Joseph Blatter y la Fifa de su lado logró la sede

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noviembre 26, 2022
Bin Hammam, el millonario que a punta de sobornos compró el Mundial para Qatar

Al millonario qatarí Mohammed Bin Hammam, aficionado al negocio deportivo, le costó muy caro hacer realidad su gran sueño: volver a Qatar sede de un mundial de fútbol. Aunque lo logró, invirtiendo miles de millones de dólares de la caja de la Confederación Asiática de Fútbol, el comité de ética de la Fifa lo sancionó en 2012 con una suspensión de por vida para moverse dentro del lucrativo negocio de la pelota que mueve billones de dólares y que no ha sido ajeno a las polémicas y a los escándalos de corrupción.

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Mohammed Bin Hammam se hizo millonario desde muy joven. En 1975, A los 26 años, fundó la empresa de construcción Kemco, a la que supo sacarle grandes ganancias durante la bonanza petrolera de los años 70 que se dio en los países del golfo pérsico los cuales dominaban el negocio del oro negro.

El empresario, muy cercano a la familia Al Thani, los monarcas que han gobernado a Qatar desde su independencia en 1.971, se involucró en el negocio del fútbol en 1.976 cuando le aceptó a los reyes del país la presidencia del equipo Al-Rayyan, donde recientemente jugó James Rodríguez, fundado un par de años atrás.

A partir de ese momento el fútbol qatarí y los millones de dólares que el negocio le dejaban en la cuenta bancaria fue el mayor interés para Mohammed Bin Hammam. El balompié se convirtió en su máxima pasión. Que el equipo fuera protagonista en la cancha le hacía más popular con los monarcas Al Thani, y sobre todo lo hacían un empresario mucho más rico.

Al frente del Al-Rayyan Mohammed duró 16 años. Se convirtió en el empresario de fútbol más importante del país petrolero. En 1.992, con todo el apoyo de la corona qatarí, lo nombraron presidente de la Asociación de Fútbol de Qatar y en 1996 hizo parte del Comité Ejecutivo de la FIFA, donde empezó a adquirir poder y reconocimiento dentro del fútbol mundial.

El magnate qatarí, quien soñaba con ser el jefe máximo de la Fifa, se hizo muy amigo de Joseph Blatter, el suizo que duró 17 años al frente de la poderosa federación. A Blatter le entregó todo el apoyo de los emires de su país, a través suyo. En 2002 ​​Mohammed se convirtió en presidente de la Confederación asiática de fútbol, un cargo muy poderoso, al ser el amo y señor de una de las seis confederaciones continentales que componen la Fifa y que deciden todo lo relacionado al fútbol alrededor del mundo.

Fue por aquellos años cuando la idea de hacer un mundial en Qatar se les convirtió a los árabes en una obsesión que tenían que lograr sin importar el costo. El trabajo quedó en los hombros de su hombre dentro de la Fifa, quien cada vez más afianzaba su amistad con Blatter, a quien apoyaron en sus reelecciones como máxima autoridad del fútbol mundial. Esta amistad duró hasta que quisó enfrentarse a Blatter por el trono de presidente de la Fifa en el año 2011, pero las investigaciones en su contra lo hicieron desistir de su candidatura, por lo que Blatter quedó sin rival para su último periodo que no alcanzó a completar porque fue destituido también por corrupto dentro de otra famosa investigación que se conoció como Fifagate.

La compra del Mundial de Qatar, elección que se hizo en diciembre 2010, se habría dado durante ese mismo año. 25 denuncias de corrupción sobre esta designación llegaron al comité de ética de la Fifa, en la que con lujo de detalles describieron cómo ​​Mohammed Bin Hammam, respaldado por los emires, jeques y príncipes de la familia real Al Thani, desde su poderoso cargo de presidente de una federación continental de fútbol, se habría dedicado a comprar a los representantes de los países africanos y caribeños para poner la votación en favor de Qatar como sede del Mundial 2022.

En un E-mail enviado entre vicepresidente de la Fifa Jack Warner y el secretario general de la entidad, este último habría admitido tener conocimiento de que el empresario qatarí había comprado la cita futbolística más importante del planeta. Las denuncias hablan de USD 3.6 millones que el qatarí entregó a los directivos de otras federaciones futbolísticas que se habrían entregado a través de su constructora Kemco, de donde hay pruebas que también salieron pagos hacia a directivos de la Fifa.

Después de las investigaciones en contra de Mohammed Bin Hammam que se adelantaron durante el año 2011, el tribunal de ética aunque no tuvo como tumbar la ya designación de Qatar como sede mundialista, porque las pruebas no fueron contundentes, pero sí encontró méritos para prohibirle al empresario qatarí no acercarse al fútbol profesional por el resto de su vida.

 

 

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