Opinión

Las tres del tintero

Cartagena puede ser la gallina de los huevos de oro, pero la van a ahorcar

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enero 03, 2016
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Los matagallinas

 El país está feliz con el turismo que aumenta día y a día y cuando firmen el acuerdo de La Habana, que ya redactaron Leyva y Henao, y Santos tenga poderes habilitantes, Colombia será el gran foco de atracción.

Cartagena es el principal eje del turismo actualmente y lo será en los próximos diez años, por lo menos. Las 3500 habitaciones nuevas, entre hoteles y apartamentos que se están entregando en Bocagrande desde enero, así lo hacen prever.

Pero ni el alcalde Vélez en Cartagena ni Lenis en la Aeronáutica ni Cecilia, la MinComercio, han querido entenderlo.

A Cartagena no dizque se puede llegar en vuelo directo desde el exterior, siempre hay que pasar por Bogotá, lo que espanta a los turistas extranjeros.

En el aeropuerto de Cartagena no han sido capaces de construir los gusanos para bajarse del avión y los viejitos que llegan o se escapan de matarse por las gradas o se bajan en Barranquilla y van por tierra a la amurallada.

En ese aeropuerto solo hay asientos en la sala de embarque y en Juan Valdez. Toda espera mientras llaman al vuelo debe hacerse de pie.

Y como para completar les dio por pasar, de día, de asfalto a concreto la Avenida Santander, la que bordea el mar (¿cuánta plata habrá corrido?) e ir desde la ciudad amurallada al aeropuerto ya tarda media hora, cuando solo se gastaban 10 minutos.

Cartagena puede ser la gallina de los huevos de oro, pero entre Lenis, el de la Aeronáutica, Cecilia, la ministra, Vélez, el alcalde, y esos genios que hacen coro, la van a ahorcar.

Publicado 29 de septiembre de 2015

 

Paz remendada

He estado leyendo el remiendo que le hicieron al aplaudido acuerdo parcial de paz que firmaron Santos y Timochenko para hacer el show  en su momento, pero que ni De la Calle ni los Estados Unidos habían aceptado.

Para decir verdad, el remiendo les quedó bueno. Pero tanto al presidente, como a las Farc, como a  los países garantes, les había quedado mejor decir la verdad. Nada había costado decirle al país que el cacareado acuerdo firmado ante las cámaras de televisión de todo el mundo entre el presidente constitucional de Colombia y el jefe máximo de las Farc hubo que remendarlo y que el presentado ahora en detalle no es el mismo.

Y no lo es porque de acuerdo a los Estados Unidos (lo supimos por Wikileaks) el primer documento se saltaba elementales nociones de penas y castigos para quienes han cometido crímenes que la guerra disimula pero no perdona y De la Calle había dicho que estaba en trámite.

Resalta en ese acuerdo la existencia de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición porque será un organismo poderoso, sin dientes, pero con una capacidad absoluta de husmear en la historia reciente del país.

Su presidente, que será muy importante,  algo así como el Secretario General de la ONU, sin poderes reales pero con capacidad de palabra, podrá, por qué no, orientar el montaje final del proceso de paz y hasta del posconflicto si Santos se lo permite a Rafael Pardo o la Secretaria Jurídica de la presidencia no la embarra otra vez.

Remendar a tiempo es plausible. Lo que si les quedó muy feo es creer que los colombianos tenemos memoria de gallina y no nos acordamos de Santos y Timochenko firmando el mismo documento.

Publicado 17 de diciembre 2015

 

La justicia tarifada

 Desde hace varios años ha venido hablándose en Colombia que la administración de  justicia tiene precio. Desde cuando naturalizamos el delito de que para evadir un parte en cualquier carretera hay que meterse la mano al dril y sacar el billete, el asunto ha crecido.

Como nadie tiene papel en mano para demostrarlo. Ni muchos menos nadie consigna en cuenta bancaria el aporte que debe dizque  hacerse para conseguir una determinación de la jurisprudencia, todo se había ido  quedando en el rumor y en una cada vez mayor desconfianza por los jueces y  magistrados.

Con el asunto de los testigos falsos y la hibridación absurda de nuestro aparato judicial tradicional con el anglosajón para volverlo oral, el asunto ha empeorado y es verdad  casi que admitida que en Colombia la justicia tiene tarifa.

Pero este fin de semana con la denuncia que un magistrado de la Corte Constitucional hace de otro colega, consiguieron la tapa del congolo.

Desde ese día los colombianos nos hemos empezado a preguntar  que si eso es lo que pasa en las Cortes y que si eso es lo que hay que pagar para conseguir que revisen una tutela, cuanto  habrá que pagar para que se consigan fallos en otros entes de la justicia.

Nos acercamos a punto sin retorno. La justicia desprestigiada por los magistrados. El Congreso arrodillado haciéndose el ciego antes los desafueros del ejecutivo. La libertad de prensa amordaza con impecable estilo santafereño. El ejército frenado en su accionar. La Policía sin purgarse de su nexos con las bacrim y Uribe y Santos agarrados para armarnos otra guerra civil en reemplazo de la que van a acabar. ¡Nos jodimos !

Publicada 3 de marzo 2015

 

 

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