Las diez plagas que harán de Bogotá una ciudad invivible 

Explicación apocalíptica de lo que será la capital en el 2029: destruida, diezmada y poblada de zombis tras sufrir algo más terrible que las diez plagas de Egipto

Por: Ricardo Angoso
noviembre 27, 2020
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Las diez plagas que harán de Bogotá una ciudad invivible 

Bogotá, 2029, la ciudad ha sido abandonada por casi todos sus habitantes y, según los últimos censos, apenas unas diez mil personas, casi todos indigentes, enfermos terminales, ancianos y gentes sin recursos que no pudieron huir del Apocalipsis desatado por las diez plagas que se abatieron sobre la urbe, malviven en este escenario terrorífico y dantesco, en el peor sentido de la palabra. Los zombis campan a sus anchas. Estas son las diez plagas que se abatieron sobre la ciudad antes de su terrible final, acá se las enumeramos.

1. Iván Duque. Inepto gobernante empeñado en caer bien a todo el mundo y soltar chistes graciosos sin ninguna gracia, interviniendo a todas horas en la televisión sin ni son e incapaz de controlar su incontinencia oral, a pesar de su ignorancia supina.Y que llevó al barco colombiano, tras décadas de navegar en las aguas de la ineficacia, el saqueo generalizado de los bienes públicos y la negligencia, hasta su más triste final, es decir, el fracaso de todo un proyecto político de Estado —Colombia— y cuyo súmmum era el naufragio total de su desafortunada  capital, Bogotá, como idea de una ciudad civilizada y moderna. Al día de hoy, según los últimos estudios epidemiológicos, se desconoce si era de izquierdas o derechas. Vaya usted a saber.

2. La alcaldesa Claudia López. Personaje populista, demagogo, antipático y poco dado a escuchar a los demás, cuya política con respecto a Bogotá se caracterizó por ser premiada por casi todos sus ciudadanos —salvo sus sufridos votantes— como la peor primera edil de la historia y, desde luego, la más gritona. Grita, que algo queda, pero es Bogotá, estúpida, y la hundiste hasta lo más bajo que pudo llegar. ¡Esta ciudad es un infierno! Colocar a una ignorante al frente de una alta responsabilidad, se paga y muy caro, pero que muy caro. ¡Atentos, zombis a la vista!

3. Los bancos. Suerte de empresas criptomafiosas, manejadas por un par de personas de un país llamado Colombia, que durante la pandemia del COVID-19 tuvieron un comportamiento deplorable, atroz y terrorífico, imponiendo altos intereses a los ciudadanos que no pagaban sus préstamos basados en la usura medieval y casi amputación de sus miembros si no cumplían con sus obligaciones, hundiendo a millones de pequeños empresarios y robando sus casas a millones de  pobres endeudados. "Qué les den tila", a los pobres, claro, decían en sus reuniones los banqueros en el hoy cerrado restaurante Renault mientras saboreaban una botella de vino tinto Romaneé Conti del año 1978.

4. Codensa. Organización de carácter paramilitar que incluso después de pagar dos veces el mismo recibo, como le ocurrió al que suscribe estas líneas, es capaz, sin temblar ni pensar en el daño causado, de cortarte la luz y dejarte vilmente a oscuras varios días, como una vulgar organización terrorista. Para que luego hablen de las FARC. ¿Tienen alma estos desalmados sin rostro que tienen nombre de una organización humanitaria y no son más que unos abyectos bandidos?

5. El acueducto. Es una empresa que, supuestamente, gestiona las aguas de la ciudad de Bogotá y cuyo servicio no es que deje mucho que desear, sino que es prefeudal. Cuando pagas, no llega el agua o tienes soportar sus incontables cortes a precios de caviar iraní, y, si no pagas, te la cortan para siempre cobrando unos reeganches al precio de la onza de oro. El nombre de la misma compañía no hace honor a su nombre: todavía quedan acueductos romanos en el mundo que funcionan, pero es que esta compañía no ha funcionado nunca. Ni funcionará ni se le espera. Mejor corten el grifo y tomen un buen vino.

6. El predial. Pese a la ruina causada por la pandemia del COVID-19, la alcaldesa de la ciudad, el presidente de la república y las autoridades locales, en conjunción con otros elementos realmente deplorables, decidieron seguir cobrando a sus arruinados empresarios, emprendedores y ciudadanos, por no decir vasallos, el elevado impuesto del predial, que no sirve para nada de nada, pues los servicios de esta ciudad son de los peores —y más caros— del mundo, solamente superados en su pésimo desempeño por algunas ciudades africanas, como Malabo, Mogasdicio y Jartum.

7. Las inundaciones. Como séptima plaga en aquellos tiempos de pandemia global y del hundimiento definitivo de la ciudad, que ya había abandonado todo concepto que se acercara a la modernidad y el desarrollo, aparecieron las inundaciones en aquel invierno de 2020 como señal aciaga de que se acercaba el Armagedón, en que Dios destruirá a Satanás y a los malvados de una vez por todas con un fuego arrasador, y la Tierra será incinerada, con lo cual se extinguirá todo mal, incluyendo aquí a la zona de Tolerancia, el Centro Comercial Andino e incluso al parque de la 93. Luego la ineptitud de sus gobernantes, no haciendo nada de nada, hará el resto.

8. La inseguridad. Mientras todos gritan al unísono, desde el gobierno local hasta sus inútiles responsables del gobierno nacional, que las cosas no han dejado de mejorar, maquillando las cifras sobre robos, hurtos, homicidios y violaciones como puedan evitando que la cansada ciudadanía recurra al inútil rito de la denuncia, todo el mundo sabe que Bogotá es una de las ciudades del mundo más inseguras del planeta y que la vida no vale nada en las calles de esta capital. La cruda realidad de la calle no engaña y, tras el maquillaje, siempre queda la cotidiana muestra de la brutal violencia ante nuestros rostros días a día.

9. Las EPS. Organizaciones de carácter vampiresco-criminal al que un gobierno que no quiero nombrar entregó, amparado legalmente por el corrupto poder ejecutivo del país, las competencias que deberían haber sido las de un verdadero sistema de salud pública, como ocurre en todas partes del mundo, y que ahora  solapan las verdaderas exigencias de una auténtica salud al servicio de los ciudadanos ejercida desde el Estado sin que haya detrás espurios —y sucios— intereses económicos.

10. Avianca. Compañía colombobrasileña, o lo que sea, que eufemísticamente se denomina aerolínea cuyo nombre es una contraditio in terminis, es decir, que ni es aérea, porque vuela poco, nada o deja a sus pasajeros en tierra a su libre albedrío, ni una compañía propiamente dicha, dada su informalidad y carácter anárquico. Y si no vuela, es más fácil que le toque la lotería de Cundinamarca, aún sin tener el boleto, a que Avianca le devuelva el dinero pagado por su billete incumplido.

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