La verdad sobre Petro, el Pacto Histórico y el “sueño democrático”

La estrategia de Petro y una serie de agrupaciones progresistas, de origen liberal, verde, y de organizaciones sociales, ha impuesto una nueva dinámica política

Por: Fernando Dorado
noviembre 25, 2021
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La verdad sobre Petro, el Pacto Histórico y el “sueño democrático”
Foto: cortesía

¿En qué momento se gana la iniciativa? ¡Cuando eres enemigo de todos!

Hace algo más de 30 años (1990-91) un grupo de jóvenes al frente de la sociedad colombiana lograron avizorar el “sueño democrático” que cuatro (4) décadas atrás le había costado la vida a otros dos (2) dirigentes que lucharon por hacerlo realidad. Hoy ese sueño pareciera estar más cerca que nunca, encarnado en el proceso social y político llamado “Pacto Histórico”.

Situaciones vividas por la sociedad colombiana a lo largo de 80 años que son parte de la historia trágica de este país, aparecen de nuevo frente a problemas aplazados, a estructuras económicas y políticas inamovibles y a actores sociales y políticos que intentan emular y superar a sus antepasados. Unos, para impedir los cambios; otros, para materializarlos.

Los jóvenes de pueblo de esos años (1990) eran simpatizantes del M19 (guerrilla “liberal-democrática”) y los de clase media habían seguido a Luis Carlos Galán (dirigente del “nuevo liberalismo”). Ambos sectores se ilusionaron e hicieron alianzas con dirigentes de las castas dominantes que estaban dispuestos a cambiar solo la letra de la Constitución. Nada más.

Cuarenta años atrás, dos dirigentes populares lucharon por el “sueño democrático”. Gabriel Turbay, quien tenía formación comunista, se alió con la oligarquía liberal para derrotar a Gaitán en 1946, a quien veía como una amenaza. La división liberal le facilitó el triunfo a los conservadores (liderado por “fascistas”) y él murió meses después de pena moral en París.

Y Gaitán, cuando avanzaba hacia el triunfo electoral a la cabeza de un movimiento antioligárquico y transformador, fue asesinado en Bogotá en 1948. Él no se alió con ninguno de los representantes de la casta dominante pero creía que iban a respetar la “institucionalidad democrática”. Por ello, no creó una verdadera organización popular y, lo más grave, bajó la guardia frente al enemigo. De alguna manera se inmoló por el “sueño democrático”.

El “sueño democrático” siempre giró en Colombia alrededor de la tarea de democratizar la propiedad de la tierra y de desarrollar una industria moderna, capaz de generar una dinámica productiva para construir autonomía nacional. Paralelamente, abrirle canales de participación política a quienes siempre han estado excluidos: pueblos indígenas, comunidades negras, campesinos mestizos, y a millones de trabajadores que han construido esta nación.

Hasta ahora no se concreta el sueño. No obstante, hoy está a la vista. Han pasado ocho (8) décadas y nuestro pueblo ha aprendido a separar la espiga de la cizaña, a no ilusionarse con falsos aliados, y a no apresurarse con soluciones fáciles. Son 80 años de guerra y de falsa democracia las que nos han enseñado a “soñar con los pies en la tierra”. Paso a paso.

El Pacto Histórico logra la iniciativa política

A dos años del inicio de las movilizaciones ciudadanas que han ocurrido en los dos (2) últimos años en Colombia -a partir del 21 de noviembre de 2019-, los demócratas colombianos encabezados por Gustavo Petro y quienes lo acompañan en el denominado Pacto Histórico, han cohesionado sus fuerzas y avanzan con consistencia  de cara a las elecciones de 2022.

A pesar de los intentos del gobierno de Duque y de Uribe por destruir lo poco que queda de democracia en este país, no lo han logrado. Fracasaron en sus intentos de  provocar reacciones aventureras entre los sectores democráticos que han desarrollado movilizaciones, denuncias a nivel nacional e internacional, trabajo legislativo, acción cultural, etc., con “paciencia estratégica”. Su saboteo al “proceso de paz”; la represión violenta a la protesta social; y los intentos por convertir el conflicto con Venezuela en un problema interno, no les ha servido a las “derechas” para impedir el avance de las fuerzas democráticas.

Por el contrario, la estrategia propuesta e impulsada por Petro y una serie de agrupaciones políticas progresistas, izquierdas de diferentes procedencias, fuerzas políticas de origen liberal y “verde”, y una gran variedad de organizaciones sociales, ha logrado imponer una nueva dinámica política. Se ha ganado la iniciativa política en todos los terrenos.

En lo programático, sus iniciativas giran alrededor de la tarea histórica de construir y lograr la industrialización del aparato productivo y la transformación de la matriz energética, reemplazando gradual pero, drástica y urgentemente, las fuentes de energía de origen fósil por fuentes de energía renovables (eólica, solar, hidrógeno, geotérmica, undimotriz, etc.)”.

Es preciso anotar que la combinación del proceso de industrialización con la transformación de la actual “matriz energética” para enfrentar el cambio climático (y demás aspectos implicados), obliga a pensar en nuevas formas de industria y nuevos tipos de empresa. Lo interesante es que en Colombia se cuenta con una base social productiva (pequeños/medianos productores agrarios y profesionales precariados) para hacer realidad esa pretensión.

En esas materias, tanto el gobierno como los sectores políticos tradicionales (incluyendo a los del “centro político”), intentan copiar y plagiar las banderas del Pacto Histórico. No obstante, no pueden hacerlo porque fueron ellos los que durante las últimas cuatro (4) décadas acabaron con casi toda la industria, y profundizaron la dependencia de las exportaciones de materias primas, de la extracción de petróleo y carbón y de la economía del narcotráfico.

Lo interesante del momento tiene que ver con la estrategia dirigida a desenmascarar a las derechas recalcitrantes (“uribismo”) y, a la vez, hacer visible la inconsecuencia de una serie de actores políticos que -a partir de 1991- posan de demócratas y pacifistas pero que en la práctica nunca han enfrentado al establecimiento oligárquico porque son parte de él.

Gustavo Petro llamó a conformar una gran coalición con todos los demócratas dispuestos a defender la democracia y la paz, y a transformar las bases económicas y productivas de Colombia, de frente a los retos que tiene la humanidad para evitar la hecatombe ambiental, social, económica y moral que amenaza con destruir la civilización existente en el planeta.

Dicho llamado tiene en cuenta que todos los grupos económicos colombianos de importancia  hacen parte de la oligarquía financiera global, son transnacionalizados, y no tienen intereses “nacionales”. Esa convocatoria parte de la convicción de que en Colombia, son los pequeños y medianos productores en alianza con el Precariado (profesionales y técnicos), los que podrán construir una base económica industrializada y moderna.

Y consciente de que es imposible gobernar con cierta holgura y tranquilidad si se llega a la presidencia de la república sin contar con el apoyo de una robusta bancada parlamentaria y un fuerte movimiento social (como ha ocurrido en todas las experiencias de América Latina), llamó a presentar listas unificadas al Congreso (Senado y Cámara) y a fortalecer a las organizaciones sociales. Y en dicha tarea se está avanzando con premura y solidez.

Así, el Pacto Histórico ha obligado a que se conformen coaliciones de derechas y de “centro”, y que éstas intenten organizar listas unificadas para las elecciones al Congreso, lo que hace que los “partidos” que se desmembraron de los conservadores y liberales (CR, la “U”, CD, otros), y los que intentaron ser “alternativos” durante estos 40 años (Verdes, ASI, Dignidad), muestren ante toda la nación lo que ha sido su verdadera naturaleza política.

La dinámica electoral actual: “Todos contra Petro”

Hace algunos meses habíamos previsto la conformación de 3 bloques o coaliciones. Hasta el momento ese pronóstico se está cumpliendo con algunas variantes. Lo visible es que todos los candidatos de las “derechas” y del llamado “centro” se sienten débiles frente al candidato del Pacto Histórico que ha venido sumando fuerzas más allá de progresistas y de izquierdas.

Es evidente que el “estallido social”, la desastrosa gestión del gobierno de Duque, la crisis económica profundizada por la pandemia, y los avances democráticos ocurridos en la región (Chile, Perú), han contribuido con el debilitamiento de las fuerzas políticas tradicionales. Además, quienes posaban de “alternativos”, especialmente los “verdes”, han mostrado su rostro antipopular y neoliberal al frente de la alcaldía de Bogotá en cabeza de Claudia López.

Así mismo, el principal candidato del llamado “centro”, Sergio Fajardo, ha sido golpeado por dos hechos relacionados con el proyecto de Hidroituango. Por un lado, le formularon cargos por parte de la Contraloría General por malos manejos cuando fue Gobernador, y por el otro, quedaron en evidencia sus estrechos vínculos con el Grupo Empresarial Antioqueño y sus contratistas, quienes son los responsables del desastre operativo y financiero del proyecto.

Es así como las fuerzas políticas del “centro” han tenido que deslizarse hacia la “derecha” para competir en mejores condiciones en las consultas de marzo y obtener buenos resultados en el Congreso, especialmente, para Senado. Esos devaneos y deslices con candidatos del establecimiento clientelista y corrupto (caso de Alejandro Gaviria), en vez de fortalecerlos, los debilitan y empujan a los sectores más consecuentes a las filas del Pacto Histórico.

En el caso del uribismo y de las “derechas” claramente neoliberales la situación es similar. En las fuerzas de Uribe (Centro Democrático) se presenta una especie de polarización entre la candidata Cabal, ultraderechista “trumpista”, y Oscar Iván Zuluaga, quien se muestra más “moderado” y proclive a participar en un bloque de exalcaldes, exgobernadores y exministros, para escoger un solo candidato que represente al “continuismo uribista-santista”.

Todo apunta a que el “sueño democrático” cuenta con las condiciones favorables para concretarlo. Está a la vista la elección presidencial (¡por primera vez!) de un candidato proveniente de las entrañas populares, que se la ha jugado al lado del pueblo por hacer realidad las transformaciones estructurales que están represadas hace mucho tiempo.

En ese sentido me atrevo a plantear seis aspectos (6) que pueden determinar el triunfo del Pacto Histórico durante los siguientes meses hacia el 2022:

  1. Que Gustavo Petro siga desarrollando su línea política y su estrategia en la dirección de un avanzar hacia un “cambio tranquilizador” (sin caer en “mesianismos”, “adanismos”, “promeserismos”, etc., valorando lo que YA es Colombia por obra no de gobiernos sino del esfuerzo de los productores y los trabajadores colombianos).
  2. Que se realice con total seriedad, respeto, en igualdad de condiciones, y en forma auténtica y creativa, la campaña para escoger candidato (a) presidencial y vicepresidencial del Pacto Histórico (sabemos que Gustavo Petro tiene grandes ventajas pero ese ejercicio debe visualizar ante el país a los demás candidatos (as) de cara al futuro inmediato. Recién se empieza a construir este proceso y la pedagogía política debe estar al frente de los debates).
  3. Que los candidatos a Senado y Cámara del Pacto Histórico en las regiones comprendan la política de Petro y demás candidatos (as) y actúen en consecuencia (realicen campañas electorales de “nuevo tipo”, pensando en grande y con generosidad).
  4. Que continúen adhiriéndose nuevos sectores y personalidades sociales y políticas provenientes de las diferentes corrientes partidistas (aun de las que se retiren del “uribismo”).
  5. Que surja un movimiento fuerte contra el FRAUDE, y se logre una misión internacional “con dientes” para supervisar las elecciones de 2022 (tanto las regionales como las presidenciales).
  6. Que el Pacto Histórico consiga movilizar por lo menos al 30% de los abstencionistas estructurales, es decir, “los que nunca votan” (solo así se podrá derrotar de verdad el FRAUDE).

Existen otros aspectos como no dejarse provocar, ser más propositivos, atraer a las bases de todos los partidos y sobre todo a los que no tienen partido, ser más amables y serenos.

El “sueño democrático” está en construcción y debe alimentarse de las luchas populares.

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