Que el miedo no piense por nosotros, que la democracia y la sociedad también respiren

 - La salud mental y las elecciones

En tiempos electorales suele recordarse que para votar se necesita ser mayor de edad, tener la cédula inscrita y conocer mínimamente las propuestas de las candidaturas. Y sí, todo eso es importante, básico; hace parte de cualquier ejercicio democrático serio: revisar programas, escuchar debates, conocer trayectorias políticas, evaluar ideologías y pensar críticamente el país que se quiere ayudar a construir.

Pero quizá hoy necesitamos agregar otro requisito menos visible y mucho más urgente: cuidar la salud mental para poder votar en libertad y con serenidad.

Las campañas electorales contemporáneas se han convertido, muchas veces, en escenarios de hiperestimulación emocional. Las redes sociales, los medios y algunos liderazgos políticos producen permanentemente indignación, miedo, rabia, ansiedad y sensación de amenaza. Hay personas que pasan los días discutiendo agresivamente, insultando desconocidos, rompiendo amistades o sintiendo angustia constante frente a lo que puede pasar políticamente. Se vive un ambiente de confrontación que a veces parece más cercano a una guerra simbólica que a un debate democrático.

Y aunque toda elección implica conflicto, competencia y confrontación de ideas - eso es natural en política -, convertir cada diferencia en una batalla moral absoluta termina deteriorando la convivencia social y afectando profundamente la tranquilidad colectiva, nublando el buen sentido y el entendimiento.

No ayuda demasiado una política basada únicamente en el escándalo, el insulto permanente, la mentira o el miedo al otro. Tampoco ayuda la teatralización excesiva del enfrentamiento político, donde pareciera que cada elección fuera el fin definitivo del país. Las sociedades no se construyen únicamente desde la rabia. Los gobiernos importan, claro que sí, y las decisiones institucionales afectan directamente nuestras condiciones de vida; pero ninguna sociedad logra sostenerse solamente desde la hostilidad emocional.

Por eso hoy resulta fundamental hacer una pausa

Respirar un poco en medio del ruido. Conversar sin gritar. Escuchar antes de reaccionar. Pensar antes de compartir desinformación o cadenas incendiarias. Recuperar espacios cotidianos de diálogo con amigos, familias, compañeros de trabajo y vecinos. La democracia también necesita silencio, reflexión y cierta lentitud para poder decidir con claridad.

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Tal vez, una de las mayores dificultades de nuestro tiempo es que la política se ha ido alejando del horizonte del cuidado y acercando demasiado a las lógicas de la agresión permanente. Y, sin embargo, la política debería estar más próxima a la ética del bien común, al arte de convivir, a la construcción de acuerdos básicos y a una economía pensada para sostener la vida, no para administrar el miedo o profundizar el odio.

En ese sentido, cuidar la salud mental no significa desentenderse de la realidad política, evadir la confrontación de ideas y proyectos de sociedad, ni asumir posiciones neutrales. Significa, más bien, no permitir que el miedo o la furia decidan por nosotros. Significa defender la capacidad de pensar críticamente sin perder la humanidad en el proceso.

Ningún gobierno, por sí solo, resolverá problemas que también dependen de la manera como nos relacionamos socialmente. Las elecciones son importantes, pero el país se construye todos los días en las formas de hablar, de convivir, de disentir y de cuidar la vida colectiva.

Necesitamos votar pensando, no únicamente reaccionando, necesitamos deliberar más y odiar menos, necesitamos firmeza política, pero también tranquilidad interior. En todo caso, lo que necesitamos como sociedad es respirar, reflexionar y actuar en libertad. Y en eso, sin duda, la salud mental importa.

Dsl mismo autor:Debate ya…

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Por Jesús Darío González Bolaños

Es caleño, investigador social, Doctor en Antropología de la Universidad del Cauca, Maestro en Filosofía, con estudios de especialización en Comunicación y Cultura, y en Pensamiento Político Contemporáneo, Trabajador Social de la Universidad del Valle. En el sector público ha ejercido como coordinador de cultura de los DDHH de la Defensoría Regional del Pueblo en el Valle del Cauca, asesor de Participación Ciudadana, director del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente - DAGMA, secretario de Gobierno, gerente encargado de EMCALI y secretario de Bienestar Social en la Alcaldía de Cali.