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La resurección de Edwin Cardona en la Selección Colombia

Atrás quedaron las expulsiones por su indisciplina de la Selección y del Nacional. Ya dejó de ser un gordo del que todos se burlaban. Ahora es un crack

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Junio 07, 2016
La resurección de Edwin Cardona en la Selección Colombia
Foto: archivo EFE

Estaban en La Paz y el muchacho estaba desesperado. Faltaban 25 días para empezar el mundial juvenil de Colombia en donde él iba a ser una de las estrellas del equipo y jugarían contra Bolivia  un amistoso. Desde Medellín lo llamaron para avisarle que María Ángel, su primera hija, estaba a punto de nacer. Le rogó en vano a Eduardo Lara para que lo dejara asistir al evento. Al regresar al país la relación con el técnico estaba rota.  Una semana después, mientras se preparaban en Tunja, Edwin Cardona le pidió a Lara que le mermara la intensidad a los entrenamientos porque estaba reventando al grupo. Inmediatamente el jugador fue separado del grupo y empezó a correr el rumor que había sido por indisciplinado, porque le gustaban los helados, las hamburguesas y el trago y que por eso no podía controlar su peso, que por eso el técnico argentino, Ramón Cabrero, había tenido problemas con él  en Atlético Nacional. El periodismo celebró a rabiar la mano dura. Dos semanas después la Sub 20 era eliminada prematuramente del mundial. Todos extrañaban al 10 del Nacional.

Nada había sido fácil para Edwin Cardona. Cuando era un niño vivía hacinado en una pieza en el barrio Belén-Buenavista de Medellín con sus tres hermanitos, Geraldine, Mateo y Jeison, su mamá Paula Bedoya y su papá Andrés Giovanni quien tenía que desgañitarse en oficios varios como albañilería, lavando carros o barriendo calles no sólo para que su familia no se muriera de hambre sino para que Edwin pudiera tener las monedas que le hacían falta para llegar a tiempo a los entrenamientos con el Atlético Nacional.

Había aprendido a jugar fútbol a una cuadra de la casa con el equipo del barrio. La intensidad con la que gambeteaba rivales y convertía goles le hacía perder la noción del tiempo: una tarde duró nueve horas perdido. Paula, desconsolada, creía que se lo habían robado. Edwin había aceptado irse para un barrio vecino a jugar un partido. No le avisó a nadie y aunque su mamá le pegó ni sintió nada: ese día había hecho seis goles.

El mal carácter y la indisciplina que le costó haber sido echado de varios equipos en su primera juventud empezó en Belén-Bellavista. El entorno era pesado y sus amigos tenían que desviarse del camino muchas veces para tener los tennis más bonitos, la camisa de marca. A Edwin todos los malos pensamientos se le iban cuando pateaba una pelota.

En el Pony Fútbol del 2003 se destapó aunque su equipo nunca le ganó a nadie. Era tan bueno que los caza-talentos del Nacional lo invitaron a que se entrenaran con ellos. Entonces empezó el suplicio para los Cardona-Bedoya. A veces su papá tenía que convencer a los choferes que subieran al niño por la parte de atrás del bus. No siempre entendían de razones así que Andrés Giovanni se las ingenió para adaptarle a los manubrios de su bicicleta un asiento en donde llevar al niño. Durante 10 meses, antes que el Atlético Nacional le diera un subsidio de 40 mil pesos para el transporte del muchacho, tuvo que recorrer 4 kilómetros diarios para que Edwin llegara a tiempo a cumplir su sueño.

Edwind Cardona mientras estaba en Pony Fútbol. Foto: archivo Pilar Ruiz / El País de Cali

Edwind Cardona mientras estaba en Pony Fútbol. Foto: archivo Pilar Ruiz / El País de Cali

Los desvelos y las preocupaciones de Paula dieron como resultado un cáncer que le encontraron en un ovario.  Un año entero tuvo que ocultarle Andrés Giovanni  a su hijo las quimioterapias y los miedos que tenían de que Paula se fuera a morir. Afortunadamente se recuperó y estuvo ahí ese 19 de julio del 2009 cuando Edwin Cardona, en un clásico contra América en el Pascual Guerrero, hizo su primer gol como profesional. Tenía 16 años.

Después, para consolidarse como la estrella que es hoy en día,  tendría que lidiar con su peor enemigo: él mismo. Sintió que Atlético Nacional lo había traicionado cuando a finales del 2012 lo cedieron, después de llegar dos días tarde a los entrenamientos, al Independiente Santa Fe. Al principio detestaba el frío, la altura y las distancias bogotanas. La hinchada le recordaba sus raíces verdolagas pero desde su trabajo en la cancha Edwin cerró bocas y convenció a los escépticos: sus goles fueron vitales para que independiente Santa Fe volviera a salir campeón después de casi 40 años de ayuno.

Volvió a Nacional, fue campeón y luego viajó a México en donde es un ídolo en su equipo el Monterrey. Hoy nadie discute su papel en la Selección Colombia y espera convertirse en una de las figuras de esta Copa Centenario. El Bayern Munchen y la Juve esperan por él sobre todo ahora que saben que su pasado de niño malo ha quedado completamente en el pasado.

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