La Perla de la Ambición

"Es hora de romper con la antagónica resignación del samario que mira cómo su ciudad sufre cada día más sin hacer absolutamente nada para cambiarlo"

Por: Iván David Correa Acosta
septiembre 24, 2020
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La Perla de la Ambición
Foto: Flickr David Shankbone - CC BY 2.0

La ciudad de Santa Marta —conocida a nivel mundial por su gran dinamismo turístico, sus paradisíacas playas, su fehaciente unión entre la exuberancia y la majestuosidad de la Sierra Nevada con el cristal de sus mares, además de un sinfín de historia que hace resaltar a la Perla de América por encima de otros destinos turísticos del caribe (una ciudad que adoro con mi vida, donde nací y donde vivo)— lastimosamente no ha sido bien apreciada.

Este planteamiento se forja directamente con la idea central de que el desarrollo urbano de la ciudad dos veces santa sea un desastre absoluto, producto completo del desgobierno, la falta de sentido de pertenencia hacia lo samario y, en especial, la pésima planificación de los gobiernos distritales en los últimos 70 años.

La actual dinamización de la ciudad y el aumento de la población considerablemente ha hecho que estos errores de décadas atrás cobren vigencia y valor; equivocaciones garrafales que estuvieron a la vista del pueblo y de los gobernantes todo este tiempo, y que gracias a su vista gorda o su incapacidad para encontrar solución a estas problemáticas se quedaron así.

El desarrollo urbano de Santa Marta está completamente fuera de órbita con la tendencia mundial, que se liga con el desarrollo sostenible y sustentable, y con el uso del suelo racional y que tenga como propósito principal mejorar la calidad de vida de sus habitantes. En palabras del Comité Económico y Social de la Unión Europea: "Se debe abogar por la creación de un entorno de vivienda que cuente con una relación directa con el medioambiente, esto mediante la ejecución de zonas verdes, viviendas, un entorno urbano que se encuentre en sincronía con la naturaleza y no fuera de ella, además de un urbanismo que le aporte al transporte sostenible, al uso de las ciclovías, a un sistema de transporte público eficiente y seguro”.

La ciudad costera en esas recomendaciones emitidas por la Unión Europea se queda completamente en niveles menguantes. Esta tiene un sistema vial deficiente, basta solo con ver la malla vial que es completamente obsoleta y no coincide con el aumento considerable del parque automotor, lo que ocasiona trancones engorrosos a toda hora del día, vías con una gran cantidad de huecos e imperfecciones inclusive después de “arreglos” efectuados por el gobierno de turno

Además, también se pueden ver la gran cantidad de parques construidos por la Alcaldía, donde se puede ver el abandono de estos lugares, así como su falta de mantenimiento, palpable a todas luces, coincidiendo con la falta de arborización de los mismos, convirtiendo a estos espacios en moles de cemento sin ningún tipo de contacto con la naturaleza, algo que contrasta con los objetivos de Desarrollo Sostenible propuesto por la ONU para las ciudades en el año 2030, que tiene como uno de los objetivos una arborización más profunda de las ciudades, algo que no se nota en la Perla. De hecho, en el Plan de Ordenamiento Territorial no se plasman estos objetivos medioambientales de manera clara, cuando esta debe ser su máxima prioridad teniendo en cuenta que en 5 años la ciudad llega a los 5 siglos de fundación.

Los diferentes cordones de miseria que atraviesan la ciudad, son una de las principales problemáticas urbanas que se deben tener en cuenta, ofreciendo oportunidades de vivienda óptimas y sostenibles para estas personas que actualmente viven en zonas de riesgo al estar tan cerca de montañas susceptibles a derrumbes o a afectaciones en sus hogares. No se tiene en cuenta esto como una problemática, sino más bien como algo con lo que se debe vivir, un diagnóstico erróneo, poco ambicioso y conformista de los entes gubernamentales samarios. Estas personas merecen proyectos de vivienda donde se garanticen servicios dignos, una ubicación que nos lo ponga a merced de la naturaleza de los imponentes cerros.

El Río Manzanares, el corazón del agua samario y el pulmón de la ciudad, hoy sufre las consecuencias del abandono, de la desidia no solamente del gobierno sino de su propia gente que en vez de cuidar este afluente, se dedican a destruirlo y afectarlo, arrojando basuras, construyendo en la cuenca natural, algo en los propios ojos de la administración que no se dedica ni un minuto a esto, lanzan planes de recolección de basuras en el Manzanares como respuestas coyunturales, pero no con planes estructurales de salvación del cuerpo hídrico. La respuesta pasa por un ambicioso plan de rescate, que consista en una limpieza general del afluente, de una arborización plena de su cuenca, así como de la recuperación de sus orillas, hoy convertida en patio de casas que se convierten en sus potenciales contaminantes, síntoma propio de una falta de cultura que está no solamente en la mente, sino en el corazón de los coterráneos.

El desarrollo urbano de la ciudad debe hacer una verdadera valoración de lo que en realidad sucede en Santa Marta, aceptar los errores cometidos por la desidia del gobierno y del pueblo samario no como triquiñuela política, sino como una forma de aceptar el presente para enmendar el futuro y dar un paso adelante hacia un verdadero desarrollo de la ciudad, dejar esa mentalidad de conformismo de ciudad y vernos en el futuro como una urbe líder en la Costa Caribe, vernos como la capital del Caribe, volver al puesto que teníamos antaño, y muchos se preguntarán: ¿eso cómo sucede? Usando un término que puse en demasía en el texto: ambición. El antónimo de conformismo, eso es lo que debemos tener en nuestras mentes, una mentalidad ambiciosa, un espíritu de ambición que debe permear el ímpetu tanto de la clase dirigente como del ciudadano del común.

Esa ambición que alguna vez tuvimos pero que se esfumó hace generaciones. Es hora de una verdadera generación ambiciosa que rompa con la antagónica resignación del samario que mira cómo su ciudad sufre cada día más y más, sin hacer absolutamente nada para cambiarlo. Por eso tenemos que pensar y pensar en grande, cuando hagamos eso Santa Marta cambiará por completo, mi ciudad se alzará como la joya que siempre ha sido y que será.

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