Adriana Duque heredó de su padre el vínculo con el sector textil y decidió llevar ese oficio a cárceles de Antioquia para convertirlo en una oportunidad

 - La marca paisa que llevó máquinas de coser a las cárceles y ya ha confeccionado más de 2 millones de prendas

El poder de una máquina de coser puede ser mucho más grande de lo que parece. Una aguja que sube y baja, el sonido de una tela pasando por debajo del prensatelas y una puntada detrás de otra pueden terminar haciendo algo que va mucho más allá de confeccionar una prenda: abrir una puerta que para muchos parecía cerrada.

Eso fue lo que encontró AsíSea Jeans, una marca paisa que decidió llevar sus talleres hasta las cárceles de Antioquia y ofrecer una oportunidad laboral a personas privadas de la libertad. La iniciativa se conoce como “Puntadas de Libertad” y comenzó a tomar forma en 2013, con el propósito de utilizar la experiencia de la industria textil como una herramienta para mejorar la calidad de vida de quienes cumplen una condena.

En 2015 el proyecto comenzó a consolidarse y con los años terminó llegando a ocho centros penitenciarios del departamento. Lo que empezó como una iniciativa para enseñar un oficio terminó convirtiéndose en una operación de confección que ha permitido que cientos de personas aprendan, trabajen y, en algunos casos, encuentren una oportunidad para continuar su vida laboral una vez recuperan la libertad.

La mujer que creció viendo cómo el textil podía cambiar vidas

Detrás de la iniciativa está Adriana Duque, gerente general de AsíSea Jeans, quien creció cerca de una historia familiar en la que la industria textil terminó siendo mucho más que un negocio.

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Adriana Duque, gerente de AsiSea Jeans

Su padre se dedicaba inicialmente a la agricultura, pero la violencia lo obligó a abandonar las tierras y buscar otra manera de sostener a su familia. Encontró entonces en el sector textil una forma de salir adelante y, con el tiempo, también comenzó a trabajar con mujeres cabeza de hogar de las periferias de Medellín.

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Adriana heredó esa relación con el oficio, pero también una mirada sobre las posibilidades que podía ofrecer. Antes de llevar las máquinas de coser a las cárceles, realizó brigadas de salud y jornadas de aseo en centros penitenciarios. Después llegó una pregunta diferente: ¿qué pasaría si, en lugar de llevar solamente ayudas, se llevaban oportunidades?

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Así comenzaron los talleres de confección.

Para 2026, “Puntadas de Libertad” ya contaba con unas 320 personas trabajando en ocho talleres ubicados en centros penitenciarios de Antioquia y, de acuerdo con las cifras de la iniciativa, más de 8.000 personas habían sido beneficiadas directa o indirectamente por el programa.

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En los talleres los participantes aprenden diferentes procesos de la industria: confección de índigo, tejido de punto y tejido plano, además de tareas como remachado, marquillado, planchado, empaque y control de calidad.

No se trata solamente de aprender a utilizar una máquina. Los espacios cuentan con maquinaria y acompañamiento en producción, bajo condiciones laborales acordes con las normas establecidas. El objetivo es que quienes participan puedan familiarizarse con procesos reales de una industria que, afuera de las cárceles, mueve miles de empleos.

El resultado también puede medirse en prendas. Más de dos millones de unidades han sido confeccionadas dentro de este proceso, entre jeans, camisetas y pantalones que posteriormente llegan a consumidores en diferentes lugares de Colombia.

Pero quizá el dato más importante no aparece en una cifra de producción.

Algunas de las personas que comenzaron en estos talleres, después de cumplir su condena, han tenido la posibilidad de vincularse laboralmente con la empresa. Es allí donde el proyecto adquiere otra dimensión: el oficio aprendido durante la privación de la libertad puede convertirse en una herramienta para regresar a la sociedad.

Para quienes pasan años detrás de una reja, conseguir trabajo después de recuperar la libertad puede ser uno de los obstáculos más difíciles. El antecedente penal puede cerrar puertas y alimentar los prejuicios de quienes prefieren mirar la condena antes que a la persona que está intentando reconstruir su vida.

“Puntadas de Libertad” intenta romper precisamente con esa lógica.

La ropa que sale de estos talleres termina siendo visible en las calles, pero detrás de cada una de esas prendas hay una historia que normalmente permanece escondida. Son personas que alguna vez estuvieron privadas de la libertad y que encontraron en una máquina de coser una manera de aprender un oficio, recuperar vínculos y volver a imaginar un futuro.

Más de dos millones de prendas después, AsíSea Jeans encontró que una puntada puede servir para unir mucho más que dos pedazos de tela: también puede ayudar a reconstruir familias, oportunidades y vidas que parecían haber quedado marcadas para siempre.

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Por Daniel Murcia

Periodista de Las2Orillas, apasionado por contar historias que conectan con la realidad cotidiana y dar voz a quienes pocas veces son escuchados.