La Institución Educativa Agropecuaria de Tamalameque abrió sus puertas el 22 de abril de 1968 bajo el nombre de Escuela Agropecuaria. A lo largo de su historia, ha sido considerada el alma mater de la educación en el municipio: forjadora de generaciones de bachilleres que lograron trascender y convertirse en profesionales que hoy prestan sus servicios en empresas y entidades públicas y privadas.
En sus años de esplendor, la institución no solo contaba con una amplia infraestructura, sino con los recursos necesarios para cumplir a cabalidad su misión: extensos terrenos, dos fincas, ganado, bus escolar, tractor y una planta de personal robusta. El andamiaje garantizaba un funcionamiento eficaz y permitía desarrollar procesos de enseñanza acordes con la modalidad agropecuaria. ¿Cómo no recordar las prácticas en porcicultura, avicultura, ganadería y huertas escolares? Allí, los estudiantes no solo adquiríamos conocimientos, sino que aprendíamos haciendo.
Sin embargo, con la departamentalización comenzó el declive. Al no contar Tamalameque con certificación educativa, el manejo de los recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) pasó a manos del departamento. Desde entonces, el deterioro ha sido progresivo y, sobre todo, tolerado. Las plazas de personal técnico —pagador, bibliotecario, celadores, conductores— no han sido reemplazadas a medida que sus titulares se pensionan. Las plazas docentes nacionalizadas han sido trasladadas al norte del departamento, desmantelando sistemáticamente la institución.
A esto se agrega una distribución inequitativa de los recursos. La Secretaría Departamental descuida a los municipios no certificados mientras concentra la inversión en la capital, Valledupar. La evidencia es visible: el abandono de las instituciones del sur contrasta con la opulencia de la infraestructura en la capital. Las consecuencias son evidentes: deterioro de la calidad educativa y debilitamiento institucional. La Institución Educativa Agropecuaria de Tamalameque ha perdido su vocación; su planta física es obsoleta y la seguridad es inexistente. Semana tras semana, los “amigos de lo ajeno” hacen de las suyas ante la ausencia de celadores que resguarden lo poco que queda.
Resulta paradójico que, siendo cuna de grandes profesionales, hoy parezca una institución sin dolientes. El abandono y la desidia de la dirigencia departamental encuentran un aliado silencioso en nuestra propia indiferencia. El riesgo no es menor: no se trata solo de paredes viejas, sino de la pérdida de la identidad de Tamalameque. Es hora de romper esa inercia. Despierta, pueblo. Recupera tu escuela agropecuaria. Defiende el futuro.
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