¿La lengua es el azote de Petro?

"Hay algo mal en un país en el ya no se puede divergir sin ser estigmatizado"

Por: Alejandro Mojocó Ramirez
abril 29, 2019
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¿La lengua es el azote de Petro?
Foto: Las2orillas

Esta es la respuesta a uno de los tantos sesgados [1] que, en busca de defender como lombrices (por debajo de la tierra y sin que nadie se percate) los intereses de los poderosos, ataca a sus opositores haciendo hipérbole de sus errores. Yo no voy a defender a nadie. Confieso incluso que, en las pasadas elecciones presidenciales, aun creyendo en Petro, voté por Fajardo en primera vuelta (sé que en segunda, no sin condiciones, Petro lo hubiera apoyado). Tenía presente esa frase cuyo origen ahora olvido que decía: “votar por Petro en primera vuelta es entregarle el país al uribismo”. Esto fue lo que ocurrió. Colombia no está preparada para cambios tan radicales. Este es un país que poco a poco se despoja de su espíritu conservador, pero que todavía no está preparado para un gobierno de izquierda, y en el que los grandes ricos siguen influyendo en el poder (por ejemplo, tenemos al subpresidente Duque, candidato del grupo Aval [2]). Y la izquierda, por lo demás, tampoco está aún preparada para enmendar sus propios errores —tantos y tan grandes— ni para despojarse con responsabilidad de esa mancha secular que exhibe desde la dictadura soviética. Por ello voté por Fajardo, la derecha en disfraz de oveja, así como voté por Santos cuando se enfrentó a Zuluaga (¿alguien recuerda a ese pobre títere?).

Petro ha intentado renovar la izquierda con el discurso del amor, con las banderas del progresismo en las que lo primero es el medio ambiente y la vida pero, a pesar de su inteligencia, ha caído en el mismo juego que proponen sus detractores. Ha propagado noticias falsas. Ha creído en mitos virtuales y, dado su orgullo, algunas veces ha actuado sin considerar posibles perjuicios a algunos de sus propios partidarios. Esto es lo único en que le concedo la razón al señor Mateus, autor del citado artículo impreciso.

Tomo a este señor como ejemplo del amplio conjunto de colombianos que no admite ni la más mínima idea de izquierda. Este sesgo los lleva, incluso sin que se den cuenta, a irse con el lado opuesto a lo que se supone que es el mal. Y en Colombia, particular política ramplona, la oposición de la izquierda no es la derecha, sino la extrema derecha (¡cómo hay que estar de jodidos para que Vargas Lleras sea un líder de la “oposición”!). Y en los extremos la lógica se pierde, se llega al punto de hacer equivalencia entre la palabra sicario y la palabra inglesa hitman, lo cual es correcto, pero este obnubilado llega a decir que hitman, como si se pudiera traducir literal, es solo alguien que golpea o hace un daño. Dios bendito, dale entendimiento.

Porque sus imprecisiones no son pocas. Él dice: “Ahora bien, sicario moral indica una persona que envía dardos falsos contra personas o instituciones con el fin de generar odios y canalizar el descontento para sus fines dañando la honra e imagen de su adversario”. Obviando el resto de áridos argumentos (en donde de hecho se pide de soslayo que la cuenta de Twitter de Petro sea cerrada), voy a quedarme con la oración que he citado para desenmascarar este artículo con apariencia de objetividad que tras de sí solo oculta la misma crítica de siempre fundamentada en el odio.

Lo primero, Uribe le dijo sicario a Petro. No solo sicario moral. Le dijo sicario tres veces, sin adjetivo y con rencor. Sicario tiene un origen en la palabra latina sicarius, que se usaba para denotar a aquellas personas que llevaban bajo su túnica una sica, una daga corta para asesinar en donde fuera. Pero no, según el señor Mateus, un sicario es solo alguien que golpea o hace un daño. Vaya, en ese sentido hasta el alcalde de Bucaramanga es uno [3].

Pero como la palabra lleva un adjetivo, entonces cambia. Según él, Uribe es un experto de la metáfora. Una masacre con sentido social, por ejemplo, ya no es una masacre, es otra cosa menos eso, dado su sentido social. Un sicario moral, pues, no es un sicario, ya que como nos ilumina el señor Mateus, es solo aquel que miente para atacar a otros (“envía dardos falsos”), que esparce odio para obtener beneficios (“con el fin de generar odios y canalizar el descontento para sus fines”) y que tiene como objetivo dañar la reputación de algo o alguien (“dañando la honra e imagen de su adversario”). Si tomamos esta definición, no cabe duda de que el primer sicario moral de este país es su presidente, Álvaro Uribe, quien hizo encarcelar a un profesor por ser un supuesto guerrillero y quien ahora, en libertad pues él es solo un maestro, ha demandado al Estado [4].

Es preferible no adoptar estas paupérrimas metáforas de mangante. El español es un lenguaje muy rico como para designar de semejante forma. Pero parece que el campo semántico de Uribe y de sus seguidores se restringe únicamente a los vocablos de la violencia. Por supuesto, es la sustancia de la que Uribe está hecho y de la que necesita para nutrir su existencia. Por eso prefiere ochenta veces ver a un guerrillero en armas antes que en el parlamento hablando. Porque él, cuando habla, hace la guerra, porque él no habla para escuchar.

Petro lo invitó al diálogo. Le respondió en el Senado con un breve y buen discurso en el que dijo que él sí quería la verdad, puesto que para él la verdad es presupuesto de reconciliación. Y la verdad se conoce hablando, pero parece que a algunos, tal vez a muchos, no les conviene que otros hablen. Prefieren verlos muertos o en el monte, o en la cárcel tras manipular testigos. Esa es la deducción de las palabras de Uribe. Para que se vea que en este país no son solo los malos los que no quieren el diálogo, sino los que se presentan como democráticos cuando en el fondo anhelan una monarquía en la que todo disenso es criminal. De modo que quién es el sicario moral (si nos ponemos a utilizar la adjetivación uribista). ¿Quién es el que insulta en un discurso público al otro por disentir con verdades de las ciencias y la historia, con la total permisión del presidente del senado, el obediente y radical Macías?

Hay algo mal, muy mal, en un país en el ya no se puede divergir sin ser estigmatizado. Y hay algo mal en nuestra democracia si el presidente del Senado no le sugiere respeto al líder de su partido, quien se siente plenipotenciario en la sala y quien quisiera hacerlo así en todas las ramas del poder, hacerse dueño de Colombia (como ya un exsicario —este sí no moral—, Popeye, dijo que Uribe era, el dueño de la República de Colombia [5]). Así que, por favor, señor Mateus —así como tantos de su clase—, no justifique la maldad de Uribe escudado en los errores de otros, eso es dogma y no reflexión. Hay que criticarlos a todos si de verdad se quiere construir una democracia, y no andar de australopitecos en corbata aplaudiendo mano contra escritorio cuando el jefe único termina su discurso diciendo que prefiere la guerra a dialogar [6].

[1] La lengua es el azote del Petro

[2] Con préstamos de banco de Grupo Aval se financió más del 66 % de la campaña de Duque

[3] Este es el momento cuando el alcalde de Bucaramanga golpea a concejal

[4] El contragolpe del profesor Miguel Ángel Beltrán

[5] Popeye habla de Uribe

[6] "Sicario", la replica de Uribe a Petro

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