La IA ya transforma las empresas. En Colombia, el reto no es solo adoptarla, sino definir reglas de gobernanza y control humano para su uso

 - La inteligencia artificial ya no solo exige adopción: el reto para las empresas colombianas es su gobernanza
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Durante los últimos años, buena parte de la conversación empresarial sobre el uso de la IA se concentró en una pregunta: ¿cómo la implementamos?

Hoy tenemos que hacernos otra, menos cómoda pero mucho más importante:

¿Quién responde cuando esa tecnología empieza a intervenir en decisiones, procesos y datos de una organización?

La adopción avanzó a una velocidad extraordinaria. El AI Index 2026 de Stanford señala que el 88 % de las organizaciones encuestadas ya utiliza inteligencia artificial y que el 79 % emplea IA generativa. Es decir, dejamos atrás la etapa de experimentar. La IA ya redacta documentos, analiza información, desarrolla código, atiende usuarios y participa en procesos que antes dependían exclusivamente de personas.

Y ahí comienza una conversación que muchas empresas todavía tienen pendiente.

Adoptar una herramienta puede tomar semanas. La gobernanza de IA requiere decisiones de liderazgo. Significa establecer para qué queremos usarla, a qué información puede acceder, qué acciones puede ejecutar, quién supervisa sus resultados y qué hacemos cuando algo sale mal.

Pensemos en una situación sencilla. Un colaborador carga un contrato en una herramienta pública para ahorrar tiempo. Otro analiza información de clientes con un asistente generativo. Un tercero conecta una solución de IA con una base de datos corporativa. Probablemente ninguno está tratando de poner en riesgo a la organización. Al contrario: quieren ser más eficientes. Pero ahí aparece una regla básica: una empresa no puede proteger aquello que desconoce.

IBM encontró en su informe global sobre brechas de datos de 2025 que el 63 % de las organizaciones estudiadas no contaba con políticas de gobernanza de IA. Además, las compañías con altos niveles de shadow AI —herramientas utilizadas sin autorización o supervisión institucional— registraron costos de brecha, en promedio, US$670.000 superiores.

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La falta de reglas también cuesta.

El segundo desafío son los datos. Podemos tener el modelo más avanzado del mercado, pero si trabaja con información incorrecta, incompleta o a la que nunca debió tener acceso, tendremos una tecnología muy eficiente produciendo malas decisiones.

Por eso hablar de inteligencia artificial también implica hablar de ciberseguridad, privacidad, calidad de la información, ética en el uso de la inteligencia artificial, y responsabilidad.

Pero quizá la pregunta más importante para quienes dirigimos organizaciones sea otra: ¿qué estamos dispuestos a delegar?

No todo lo que técnicamente puede automatizarse debería quedar completamente en manos de una máquina.

En la toma de decisiones con inteligencia artificial, si una IA recomienda a quién otorgar un crédito, prioriza información médica, interviene en un proceso judicial o toma decisiones sobre un servicio esencial, un error deja de ser simplemente tecnológico. Puede afectar a una persona, una familia o una empresa.

Mientras mayor sea el impacto de una decisión, mayor debe ser también la supervisión humana.

Esto no significa frenar la innovación. Todo lo contrario. La confianza será una condición para poder innovar más y mejor.

Una empresa debería poder responder preguntas aparentemente sencillas: ¿qué sistema tomó esta decisión?, ¿con qué información?, ¿por qué produjo este resultado?, ¿qué acción ejecutó?, ¿quién la autorizó?, ¿podemos detenerlo si algo empieza a comportarse de una manera inesperada?

En ciberseguridad aprendimos hace años que no existe el riesgo cero. Por eso no basta con prevenir: debemos detectar, contener, responder y aprender. Con la inteligencia artificial tendremos que adoptar la misma disciplina.

Colombia ya empezó a avanzar. El CONPES 4144 estableció 106 acciones hasta 2030 y una inversión cercana a $479.000 millones, incluyendo líneas relacionadas con gobernanza, ética, datos, mitigación de riesgos y adopción responsable.

Es un paso importante. Pero ninguna regulación de la IA podrá sustituir las decisiones que deben tomar las juntas directivas, presidentes y equipos de liderazgo dentro de cada organización.

La inteligencia artificial probablemente será una de las herramientas más transformadoras de nuestra generación. Su capacidad para mejorar productividad, descubrir información y resolver problemas es enorme. Precisamente por eso debemos aprender a utilizarla con criterio.

Precisamente por eso debemos aprender a hacer un uso responsable de la IA.

Dentro de pocos años, casi todas las empresas tendrán inteligencia artificial integrada en sus procesos. Usarla dejará de ser una ventaja competitiva.

La diferencia estará en otra parte: entre las organizaciones que simplemente le dieron acceso a sus datos y procesos y aquellas que entendieron para qué la necesitaban, qué podían delegarle, qué nunca debían delegarle y cómo mantener a las personas al mando.

Porque al final la tecnología sigue siendo un medio. Adoptar inteligencia artificial es una decisión tecnológica. Gobernarla es una decisión de liderazgo.

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