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No aterra tanto la insensibilidad social de las elites colombianas como la incompetencia moral de su dirigencia política y económica para construir un Estado más igualitario, más humano y con mayoría de edad. Verdaderos enanos mentales de toda la vida republicana.
Por servir a las elites, olvidaron a casi todos los estratos sociales y a casi todas las regiones periféricas del país. Prefirieron fomentar guerras, masacres, falsos positivos, en vez de construir un país con identidad propia e independencia política. En su inoperancia, permitieron el surgimiento en todo el territorio nacional de las gobernanzas criminales como la las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada en la actual crisis de Santa Marta.
Hoy, la mitad de las poblaciones colombianas, según investigación de PARES, está sometida por delincuencias criminales. Y aun cuando sus relatos fundacionales son diferentes, sus acciones son idénticas: El ELN, de origen guerrillero, se proclama todavía como organización revolucionaria con intenciones políticas. El Clan del Golfo, de origen paramilitar, prácticamente en la delincuencia común, ejerce poder con exceso de terror, somete poblaciones, solo para proteger sus ilícitos negocios. Las Disidencias de las FARC, originada por quienes se negaron al proceso de paz, andan sumidas en un desorden de identidad entre su antigua lucha insurgente y su tentación de paramilitarismo y delincuencia común. Gobernanzas regionales que, sin importar sus discursos fundacionales, se vuelven cada vez más criminales.
La Fundación Ideas para la Paz, FIP, ha develado sus modus operandi en los territorios olvidados de Colombia. Ejercen poder militar, controlan territorios, siembran terror, solo para potenciar sus economías ilegales. Practican una o varias de las siguientes actividades económicas: narcotráfico, minería ilegal, contrabando, extorsión, tráfico de armas y municiones, trata de personas, explotación sexual, tráfico ilegal de recursos naturales.
Sus líderes imponen una moral ultraconservadora de extrema derecha: toques de queda, mandamientos moralistas, regulación de conductas sociales, extorsión sistemática, reglas para la movilidad, normas de comportamiento, justicia en conflictos de la comunidad, presión sobre actividades agrícolas, retenes ilegales, amenazan, homicidios selectivos a quienes contravengan sus mandatos…
Construyen obras civiles de menor envergadura que debía construir el Estado olvidadizo. En Tibú, Norte de Santander, FARC y ELN entregaron carretera y puente que conecta a varias veredas de la región. En Tierralta, Córdoba, el Clan del Golfo entregó puesto de Salud y ambulancia fluvial. En Unguía, Chocó, el Clan del Golfo construyó viviendas…
Según Calarcá, el colegio, Gentil Duarte, construido en El Triunfo, Caquetá, contó con $ 3,000 millones del Estado Mayor de las Disidencias. Otras versiones hablan de actividades realizadas entre miembros de la comunidad y Disidencias, lo que significa una convivencia
Y si la dirigencia de las elites -políticos y economistas-, persiste en la estupidez de sus mezquinos gobiernos, sin identidad política propia, ni sentido de humanidad, siempre de rodillas al mejor postor imperial… especulo yo que las gobernanzas criminales podrían significar semillas para futuros cercenamientos del país.
Si al gringo, digo, no le importa mantener cabezas peligrosas en Venezuela con tal de acceder al petróleo venezolano e indultó a peligroso narco-expresidente de Honduras, tampoco le importaría aliarse con criminales colombianos con tal de acceder a recursos naturales -Tierra raras, por ejemplo- para enfrentar a la China. Colombia cuenta ya con experiencia: durante gobiernos conservadores integrsitas, obsecuentes con el imperio, permitieron el cercenamiento de Panamá. La historia podría repetirse, digo yo, como una esperpéntica mojiganga criolla.
Al terminar de escribir esta columna, recordé, sin saber por qué, la frase que dicen que dijo Einstein: “Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy seguro de la primera.” Y tampoco sé por qué pensé en los dirigentes políticos y económicos de las elites colombianas.
Jorge Elías Guebely Ortega
Egresado de la Escuela Normal de Barranquilla, de la Universidad libre de Bogotá, del Instituto Caro y Cuervo, doctor en Literatura Hispanoamericana de La Sorbona en París, profesor de Literatura durante 30 años en la Universidad Surcolombiana de Neiva. Autor de varias novelas, libros de cuentos y ensayos literarios.
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