En Colombia, cientos de niñas, niños y adolescentes encuentran cada año una segunda oportunidad gracias a personas que deciden abrir las puertas de su hogar y de su corazón. Son las familias de acogida, una modalidad de cuidado que promueve y apoya Aldeas Infantiles SOS y que demuestra que los vínculos más importantes no siempre nacen de la sangre, sino del amor, la protección y el compromiso diario.
Detrás de esta labor hay historias de entrega silenciosa, de nuevos comienzos y de hogares que se convierten en refugios seguros para niñas y niños que han perdido el cuidado de sus familias de origen temporalmente. Es la prueba de que una familia también puede elegirse.
Jazmín: la decisión que transformó su vida
Cuando Jazmín escuchó por primera vez sobre las familias de acogida, sintió que era una oportunidad para darle un nuevo propósito a su vida. Vivía en Medellín, trabajaba en un almacén y, junto a su esposo, contaba con algo que consideraba fundamental: espacio en casa y la voluntad de cuidar.
Decidió renunciar a su empleo y apostarle a este proyecto de vida. Tras superar un riguroso proceso de selección, abrió las puertas de su hogar a dos niñas que encontraron allí mucho más que un techo.
Desde entonces ha aprendido que cada niño llega con una historia distinta y necesidades particulares.
“Yo he aprendido que cada niña y niño es diferente, cada uno trae su esencia. Ana* es una niña más calmada y tranquila, mientras Ingrid* es más activa. Uno aprende a conocerlos para brindarles amor, respeto, paciencia y compromiso”.
Para Jazmín, el trabajo de una familia de acogida va mucho más allá de atender las necesidades básicas. Se trata de fortalecer la autoestima, acompañar los procesos educativos y ayudar a sanar heridas emocionales.
“Cuando llegan pueden sentir inseguridad o temor. Entonces uno tiene que darles ánimo, hacerles saber que sí son capaces”, explica.
Su experiencia le ha mostrado que el cuidado de la niñez es una tarea tan exigente como transformadora. Requiere tiempo, dedicación y una profunda convicción de que cada niña y niño merece crecer en un entorno donde se sienta amado y valorado.
En hogares como el de Jazmín, niñas y niños descubren que la familia no siempre está definida por un apellido o un parentesco biológico. A veces, la familia es quien decide quedarse, acompañar y construir futuro.
Conozca la historia completa aquí:
Celideth y Elvis: una casa donde renace la esperanza
En Cartagena, Celideth y Elvis tomaron una decisión similar: convertir su hogar en un espacio de acogida para niños y niñas que necesitaban protección.
La motivación de Celideth surgió de una certeza sencilla pero poderosa: la niñez marca para siempre la forma en que una persona se relaciona con el mundo: “si tú creces en un entorno familiar afectivo y amoroso, cuando ya estés grande vas a expresar ese entorno familiar que tuviste en tu infancia”.
Por eso, para esta pareja, brindar cuidado significa sembrar bienestar a largo plazo. Cada gesto cotidiano, cada conversación y cada muestra de afecto contribuyen a que las niñas y niños puedan disfrutar plenamente esa etapa de la vida.
Elvis lo resume desde la emoción de quien ha visto de cerca el impacto de esta labor: “se llevan algo tan grande y especial, porque al acogerlos les brindamos un entorno con amor paterno y amor materno, donde les demostramos que están bien, resguardados y donde les ayudamos a superar sus temores”.
Su hogar se ha convertido en un lugar donde la incertidumbre encuentra estabilidad y donde el miedo empieza a dar paso a la confianza.
Allí, las niñas, niños y adolescentes descubren que una casa no son solo paredes. También son las personas que acompañan, orientan y sostienen desde el afecto. Son quienes hacen posible sentir que “tu hogar también es mi hogar”.
Esta es su historia:
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María: quince años aprendiendo del amor y el cuidado
En Medellín, María lleva más de quince años dedicada a una labor que transformó no solo la vida de muchas niñas y niños, sino también la suya propia.
Su historia comenzó cuando una amiga le sugirió convertirse en familia de acogida. Veía en ella cualidades esenciales para esta tarea: paciencia, carisma y una capacidad especial para conectar con el cuidado de niñas y niños.
María aceptó el reto y desde entonces ha acompañado a decenas de niñas, niños y adolescentes en momentos decisivos de sus vidas desde un amor profundo.
Hoy comparte su hogar con su esposo, su hija biológica de quince años y tres niños en acogimiento: Camilo, Andrea y Salomé (*).
Camilo y Andrea, hermanos, llegaron hace seis años. Salomé se integró a la familia hace pocos meses. Todos encontraron un espacio donde crecer rodeados de protección, afecto y oportunidades.
Para María, la experiencia ha sido un aprendizaje constante: “uno aprende de los niños y los niños de uno, porque uno ayuda a los niños a cumplir sus sueños”.
Sus palabras reflejan la esencia del acogimiento familiar: una relación que transforma a quienes reciben cuidado, pero también a quienes lo ofrecen.
Esta es la historia de María:
Una familia más allá de la sangre
Las historias de Jazmín, Celideth, Elvis y María tienen algo en común: todas desafían la idea tradicional de familia. Demuestran que los lazos más fuertes pueden construirse a partir de la empatía, la protección y el amor cotidiano.
En el marco de la campaña “No eres mi sangre, pero eres mi familia”, Aldeas Infantiles SOS busca visibilizar estas experiencias que hacen posible que cientos de niñas, niños y adolescentes que han perdido el cuidado parental crezcan en entornos protectores mientras reconstruyen sus proyectos de vida o encuentran un entorno seguro para crecer.
Porque hay vínculos que nacen de una elección consciente. Lazos que no dependen de la genética, sino de la decisión de cuidar, acompañar y permanecer.
Y es precisamente allí donde surge el verdadero significado de familia. Una que acoge, protege y demuestra cada día que el amor también puede elegirse.
Conozca más historias sobre familias de acogida y la labor de Aldeas Infantiles SOS en: No eres mi sangre pero eres mi familia - Aldeas Infantiles SOS Colombia
*Los nombres de los niños, niñas y adolescentes mencionados en este artículo fueron cambiados por la seguridad de los menores.
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