La farsa de la dosis mínima: testimonio de un consumidor a tiempo completo

Aunque la ley señala que se pueden cargar hasta 20 gramos de marihuana, en la práctica la autoridad muchas veces lo ignora

Por: Oscar Andrés Chaves
Abril 13, 2018
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La farsa de la dosis mínima: testimonio de un consumidor a tiempo completo
Foto: Reuters

Soy Óscar Chaves, tengo 36 años, consumo marihuana desde los 16. Soy músico y sobre todo un amante de la calle bogotana, de su cultura. Vivo en ella como trabajador informal y no tengo antecedentes judiciales.

Conozco de primera mano el lado pragmático de toda la ley que ha normatizado el porte de marihuana, específicamente en Bogotá, desde hace 25 años; es decir, me refiero a la manera en que la policía asume su labor a la hora de las “incautaciones” y sanciones a ciudadanos que son encontrados con marihuana.

En la práctica si un policía te encuentra con digamos 5 gramos (que es apenas un cuarto de  la dosis mínima), te la quita sí o sí, téngala donde la tenga. Eso ha sido siempre así y en cualquier esquina de Bogotá. Lo único que cambia es el castigo adicional, que va desde el abuso verbal y físico hasta la golpiza en tanqueta y la detención en la UPJ.

Todos esos “correctivos” me los han aplicado a mí al menos 2 veces al año en estos 20 años de colines (unas 40 veces). La primera fue a los 16 años, en el centro, cerca de la Media Torta. Estaba con unos amigos, nos requisaron porque nos vieron mechudos, nos quitaron un porro (no más de 3 gramos), me golpearon y me llevaron a una estación donde me pusieron a lavar un cuartel con un trapero, el cual humedecí primero en el inodoro orinado porque en ese momento ya percibía que eso era un abuso y quería que se acordaran de mí.

La última fue este año, con 36 años (20 años después), en el parque que conecta la Avenida Villas con la Autopista Norte a la altura de la 146. Ya lo había pegado, era apenas un calillito. Iba con mi novia y su hermano que no consumen, lo iba fumando en una zona bastante despejada y terminé. A los minutos llegaron 3 policías me requisaron hasta los zapatos, me encontraron un encendedor, me lo decomisaron. Así es como en Bogotá le solemos llamar a este tipo de hurtos por parte de agentes menores del Estado. Ellos siempre se quedan los encendedores, papeles de liar (cueros), gotas y todo accesorio que les guste.

A mi novia la requisó una “femenina” que llegó a los 10 minutos. No encontraron nada, se fueron como llegaron: sin saludar, bravucones, amenazantes sin decencia y sin una disculpa. La gente del sector les gritaba tímidamente que nos dejaran en paz, pero eso nunca sirve de nada.

No creo que exista una sola persona en esta ciudad a la que un policía le haya encontrado en una requisa una bolsita de yerba de 5 gramos y le haya dicho: “siga su camino caballero”. De hecho es normal que un policía en sus requisitas a sospechosos (o sea, a todo el que luzca pobre) toque las partes nobles, “menudeando” los testículos, o que esculquen hasta los bolsillos de una billetera buscando la más mínima dosis de yerba.

Yo nunca he denunciado este tipo de hechos porque en la calle la policía es percibida de un modo particular. Entonces si trabajas en la calle es mejor no tenerlos como enemigos. Segundo, porque es otra ley que demuestra el doble estándar de la política colombiana, es igual a lo que pasaba con las batidas del ejército que reclutaban a la brava a jóvenes incautos: la Corte Constitucional decía que no, pero el ejecutivo decía sí o más bien no le importaba. Finalmente, todo eso que en política es una jugada maestra de “coherencia del sistema” siempre termina en la represión de los humildes.

Con eso en mente, la pregunta final es: ¿qué pasa con toda la marihuana que incauta irregularmente la policía? Una de dos: o se la fuman (que lo entendería) o la juntan y la muestran después en rimbombantes despliegues de logros policiales ante los periodistas. Sin embargo, en cualquiera de los dos casos es un robo o como diríamos eufemísticamente un abuso de autoridad (como le llama la policía a esto cuando alguien se queja formalmente) o a un más eufemísticamente una protección de los valores de la sociedad, como le dicen los “políticos de seda”.

Por eso el hecho que hoy día se debata “que si sí o si no aquello” es cosa que a los colinos no nos debería importar. De hecho, que nos despojen arbitrariamente de nuestras dosis no es importaría tanto, si al menos en medio de ese decomiso se mostrará respeto al consumidor, pero siempre en estos 20 años hemos sido tratados a las patadas por la policía, en el gobierno que sea y la ley que sea, nunca ha sido distinto.

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