Sofía Vergara quería llevarse a Estados Unidos algo más que una idea de negocio. Buscaba un objeto que condensara, en una sola imagen, el origen del café colombiano que estaba a punto de empezar a vender allá. No un logo ni una campaña publicitaria, sino algo físico, reconocible, cargado de memoria. Un Jeep Willys, de esos que todavía recorren las montañas cafeteras, terminó siendo la respuesta. El vehículo salió de Colombia rumbo a Estados Unidos y hoy acompaña su proyecto empresarial como una pieza central. Detrás de ese traslado estuvo Transceler, una empresa colombiana que, desde hace más de una década, se dedica a exportar carros clásicos y antiguos hacia Estados Unidos y Europa, y que ha convertido ese oficio en una mezcla de logística, memoria y negocio.
La historia de Transceler no empezó con automóviles. Nació, más bien, de una molestia. Hace unos doce años, Andrés García exportaba café junto a algunos socios y se enfrentó a un problema recurrente: cada vez que necesitaban enviar su mercancía, los costos eran elevados, los procesos opacos y las trabas constantes. Buscar una empresa que exportara resultaba más complicado que producir el café. La conclusión fue práctica: si el problema estaba en la logística, había que crear una empresa que resolviera ese punto. Así surgió la idea de montar una compañía exportadora. En ese momento, los carros no estaban en el radar.
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Durante los primeros años, Transceler funcionó como una empresa de carga general. Exportaba distintos tipos de mercancía y ofrecía servicios similares a los de cualquier operador logístico. La especialización llegó después, casi por accidente. Un cliente apareció con una solicitud que, en principio, parecía inviable: quería exportar un carro antiguo a Estados Unidos. La respuesta inicial fue negativa. El proceso parecía complejo, lleno de restricciones. Pero el cliente insistió y demostró que era legal. Esa insistencia abrió una puerta. García y su socia, Cristina Peña, decidieron estudiar el tema a fondo, entender la normativa, los requisitos técnicos y las posibilidades reales del negocio. Lo que comenzó como una excepción terminó convirtiéndose en el corazón de la empresa.
Hoy, Transceler es una de las compañías líderes en la exportación de carros clásicos desde Colombia. En promedio, mueve unos 30 vehículos al mes, con picos mayores en momentos específicos, como cuando el dólar alcanzó valores cercanos a los cinco mil pesos y la exportación se volvió aún más atractiva. El costo promedio de enviar un carro clásico ronda los cinco mil dólares, una cifra que sorprende a muchos clientes que imaginan un proceso mucho más costoso y engorroso.
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El perfil de quienes usan el servicio es variado. Están los colombianos que se han ido a vivir a Estados Unidos y no quieren desprenderse de un objeto cargado de historia personal. Juan Carlos Prada, por ejemplo, vive en Atlanta, Georgia, y creció en Bogotá con un Renault 4 que marcó su infancia y juventud. Cuando decidió llevárselo, no buscaba lujo ni ostentación, sino continuidad. Transceler se encargó de todo el proceso y el carro terminó estacionado exactamente donde Prada indicó, como si nunca hubiera salido del país.
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También están quienes ven en los carros clásicos una oportunidad de negocio. En Estados Unidos, estos vehículos son altamente valorados y bien pagados. Muchos se compran en Colombia, se restauran aquí con mano de obra calificada y luego se exportan para venderse en subastas o a coleccionistas privados por valores que pueden oscilar entre 40 mil y 50 mil dólares. La diferencia está en los costos: mientras en Estados Unidos una hora de trabajo especializado puede costar más de 100 dólares, en Colombia la restauración resulta considerablemente más económica sin sacrificar calidad. En la práctica, lo que se exporta no es solo el carro, sino el trabajo colombiano incorporado en cada pieza.
La empresa ha trabajado para figuras reconocidas. Además del Jeep Willys de Sofía Vergara, Transceler exportó un vehículo clásico para el cantante Iván Villazón y un Mercedes Benz para el maestro Fernando Botero, que terminó parqueado en una de sus residencias en Nueva York. También ha prestado servicios a diplomáticos, funcionarios internacionales y extranjeros que, tras vivir en Colombia, deciden llevarse un carro como recuerdo tangible del país.

El proceso logístico está diseñado para ser lo más fluido posible. Un carro puede salir desde cualquier ciudad de Colombia. Primero es transportado por carretera hasta Cartagena, un trayecto que suele tomar unos tres días. Allí, en la zona de Barú, se encuentra el puerto especializado en este tipo de carga. El vehículo pasa por procesos de lavado, inspección y control antes de ingresar al puerto. Luego es embarcado en enormes buques diseñados exclusivamente para transportar automóviles, verdaderos edificios flotantes capaces de llevar miles de unidades. El viaje marítimo hasta Miami dura alrededor de seis días. En total, desde Bogotá hasta Florida, el proceso puede tomar unos quince días.
Una vez en Estados Unidos, el carro debe pasar por nuevas inspecciones antes de ser liberado. Durante ese tiempo no puede circular por sus propios medios, por lo que se retira en tráiler hasta el lugar que indique el propietario. Transceler puede ofrecer el servicio puerta a puerta, encargándose de toda la cadena hasta que el vehículo queda estacionado en la dirección final.
No todos los carros pueden ser exportados. Para ingresar legalmente a Estados Unidos deben tener más de 25 años de antigüedad y conservar sus componentes principales originales. La empresa analiza cada caso antes de aceptarlo y, si no es viable, lo dice sin rodeos. Esa política ha sido clave para construir confianza en un negocio donde los errores pueden costar miles de dólares.

Más allá de la logística, lo que Transceler ha aprendido a manejar es la carga emocional. Para muchos clientes, el carro no es un objeto cualquiera. Es una extensión de su historia personal, una forma de llevar consigo un pedazo de Colombia. Otros lo ven como una inversión o como la base de un proyecto de vida en otro país. En todos los casos, el vehículo viaja acompañado de expectativas, recuerdos y planes futuros.
Doce años después de aquella frustración inicial con la exportación de café, Andrés García y Cristina Peña lideran una empresa que encontró su lugar casi por casualidad. Transceler no solo mueve carros de un país a otro. Mueve historias, oficios y decisiones. En cada embarque viaja también una idea sencilla: que lo hecho en Colombia, con cuidado y conocimiento, puede cruzar fronteras y encontrar valor al otro lado del mar.
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