La derecha y las fake news

"No es una opinión, es un hecho: la derecha ha convertido a las fake news en su principal estrategia de posicionamiento en el mundo"

Por: Pedro Rojas Oliveros
enero 12, 2019
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La derecha y las fake news

Apenas un par de días atrás, a través del portal El Expediente, el periodista Gustavo Rugeles denunciaba que el expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, “habría utilizado al Estado del Vaticano como su caja fuerte; una sofisticada forma de ocultar dinero que emplean otros presidentes y expresidentes, la mayoría con ideas de izquierda como Cristina Fernández, Lula Da Silva, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega…”. Según la nota, todas estas cuentas se encuentran en el Instituto para las Obras de Religión (IOR), una dependencia bajo investigación desde 2010 debido a algunas operaciones relacionadas con un posible lavado de dinero.

Según la información, gracias a una actuación conjunta del Papa Francisco y Cristina Fernández de Kirchner, desde hace algunos años se viene haciendo una ruta América Latina – Vaticano para el lavado de dineros (“la ruta K”). El texto que hace la denuncia es muy llamativo, pues hace eco de algunos recursos discursivos utilizados con regularidad y cierto éxito, todo hay que decirlo, por la derecha colombiana: meter a Santos, Maduro, la familia Kirchner, Correa, Ortega en una misma bolsa ideológica, “presidentes y expresidentes con ideas de izquierda”, no sólo muestra una miopía analítica inconmensurable, sino que omite de manera estratégica los antagonismos irreconciliables que existen entre algunos de estos personajes. Promueve información falsa.

Apenas unas horas después de las acusaciones de El Expediente, el periodista de la W Nestor Pongutá, publicó a través de su cuenta en Twitter una declaración del Director de la Sala Stampa del Vaticano (su sala de prensa), Alessandro Gissoti, en las que desmentía las afirmaciones hechas por Rugeles, aportando la documentación necesaria para hacerlo. El asunto no termina allí, además el representante del Vaticano señala que las pruebas mostradas en El Expediente son falsas y anuncia posibles acciones legales en contra de Rugeles.

La difusión y utilización política de las noticias falsas no es marca registrada de la derecha colombiana. Hace un par de semanas, la diputada chilena por el Partido Comunista de ese país, Camila Vallejo, hizo denuncia pública de una información falsa que puso en circulación el empresario y conductor de radio Gonzalo de la Carrera, según la cual la familia de la diputada había sido favorecida con millonarios contratos para realizar mejoras de infraestructura en el Palacio de la Moneda.

Aunque la diputada del Partido Comunista chileno logró mostrar que la información era totalmente errónea y carente de cualquier prueba, el daño que se le ocasionó a su imagen y credibilidad no será fácil de reparar. En una entrevista que le concedió a La Nación, Vallejo denunció la manera sistemática en que la derecha chilena ha utilizado la propagación de fake news para golpear a sus adversarios (el movimiento Mapuche es uno de sus objetivos favoritos).

Si ampliamos el espectro, seguiremos encontrando ejemplos de esto. Días atrás el diario Público de España publicó en su página de internet el resultado de un estudio realizado por investigadores de la University of New York y de la Princeton University, según el cual, en 2016, durante la campaña que llevó al magnate republicano Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, fueron los republicanos mayores de 65 años quienes mayor número de noticias falsas compartieron a través de las redes sociales. Aunque los efectos de este hecho son difíciles de medir, recordar el enfado de Trump cuando, ese mismo año, Google cerró cientos de páginas y canales de YouTube por promover información falsa, puede dar una idea de su alcance. A través de la cuenta oficial de la presidencia en Twitter, Trump insistió en que más allá de la veracidad de la información, es importante que millones de norteamericanos puedan difundir su manera de pensar y sus opiniones.

Mientras académicos y opinadores se centran en debatir sobre el populismo, el centro o el capitalismo con perspectiva social, el Estado de opinión se ha colado para erigirse como la forma política de la derecha. La veracidad de la información ya no se basa en las cifras, testimonios o hechos que puedan sostenerlas, sino en la capacidad de sus emisores para difundir  y capitalizar votos a través de generar oponiones.

¿Cómo se logra esto? Para lograr la viralización y la capitalización electoral, los creadores y emisores de noticias falsas recurren a las emociones de sus receptores. Se trata de un asunto pasional, no racional. El objetivo de las fake news no es el de informar, sino el de servir de combustible emocional de quienes ya están convencidos de algo y poner a dudar a quienes carecen de certezas. Así lo señala el sociólogo español Manuel Castells, quien en una de sus conferencias más citadas se refiere a esta característica de la comunicación actual: “la gente ya no busca noticias para informarse, sino para corroborar sus opiniones. Por eso buena parte de los votantes de Trump se informan sólo a través de Fox News, porque encuentran una coincidencia discursiva, una corroboración, una complementariedad entre lo que creen y lo que dice Trump, luego confirmada por un medio”. Por esto también el éxito de portales encargados de difundir las informaciones falsas, como el portal de Rugeles en Colombia: encuentran en la animadversión a ciertos personajes un caldo de cultivo para la viralidad y el conteo de votos.

Cualquier noticia negativa sobre Juan Manuel Santos o algún personaje público antagonista al uribismo, será exitosa en su objetivo político porque despierta las emociones más profundas en sus lectores. Basta con alargar la memoria un par de años y recordar la cínica declaración que en 2016 Juan Carlos Vélez -director de la campaña del voto al no en el Plebiscito de los acuerdos de paz- en la que sostuvo: “ganamos porque buscamos que la gente saliera a votar verraca”. En una entrevista dada a El Colombiano, Vélez da cuenta de una estrategia basada en difundir información que generara malestar en las personas y los motivara a tener una opinión negativa sobre los acuerdos y así votar por el no. En la entrevista nunca se habla de corroborar información, de fuentes o de datos, solo de generar emociones a cualquier costo.

Una vez la entrevista de Juan Carlos Vélez se difundió, el senador Álvaro Uribe, molesto por la impertinencia, hizo un llamado a sus compañeros de partido a “cuidar de las comunicaciones”, porque es en este campo donde hoy en día se libra la batalla política. Arrebatar la hegemonía a la derecha requiere de estrategias que sean capaces de entender esto y de entender el poder de influencia de las emociones en las elecciones que hacen los ciudadanos.

 

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