La decadencia del periodismo en Colombia

“¿Dónde ha quedado la imparcialidad, la verdad y la calidad de lo que se hace pensando en la ciudadanía?”

Por: Maira Alejandra Romero
Junio 13, 2018
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La decadencia del periodismo en Colombia
Foto: Pixabay

Desde muy joven me incliné hacia los medios de comunicación. Siendo una niña siempre soñé con ser una gran periodista que le sirviera al país, así como esos que me imaginaba de capa y antifaz, grandes superhéroes que luchan contra lo incorrecto, que denuncian, que dicen la verdad… de esos periodistas que ya no hay en Colombia.

Crecí con referentes como Guillermo Arturo Prieto La Rotta, conocido como Pirry, vi cómo nació con una idea nueva y fresca en un canal privado de una corriente política muy marcada y también lo vi desaparecer del mismo canal por esa misma idea. Además, me he formado en esta profesión, que aún no culmino, con la historia de grandes héroes del periodismo y que como todos los héroes han caído.

Jaime Garzón fue politólogo, humorista y una gran figura del medio, que le apostó al periodismo alternativo para conquistar al país, y claro que logró conquistarlo. Y aunque no se formó en las ramas de la comunicación o el periodismo, incursionó en este medio como uno de los grandes: con toda la elocuencia, madurez, inteligencia y criterio que ningún otro periodista ha tenido. Él es de los pocos que lo han logrado hacer periodismo alternativo, una propuesta diferente que le apostó al humor como herramienta de transformación social y lo logró. Por esto y más lo admiro profundamente. No obstante, fue asesinado el 13 de agosto de 1999, en un crimen que fue declarado de Estado, ya que vivió en una de las épocas más violentas de nuestro país y denunciar, informar, no callar las injusticias que a su alrededor veía le costó la vida.

Por otro lado, está Gabriel García Márquez, ganador del premio Nobel de literatura en 1982, exiliado en México porque en Colombia querían llevarlo preso por supuestos nexos con el M-19 y que además había sido colaborador y periodista del a Revista Alternativa. Gabo con sus obras literarias se consagra como otro referente de periodismo transparente, leal con la sociedad colombiana, con una sed de justicia y equidad en un país que no merece su gloria: escribió entre sus líneas sobre cien años de soledad, y congeló en su obra, para que nadie nunca olvidara, la masacre de las bananeras. De ese periodismo académico detallado, literato que ya no existe.

Los anteriores, sin olvidar, no por menos importante para mí, sino porque es un ejemplo más de los atropellos que sufre el periodismo o un ataque directo a la libertad de prensa en un país controlado por unos pocos, cómo arrebataron la vida de Guillermo Cano, director de El Espectador, por órdenes de Pablo Escobar el 17 de diciembre de 1986. Cabe decir que de la esencia inicial de El Espectador hoy queda muy poco. En mi opinión, la imparcialidad ya no es su prioridad y prima lo excéntrico y lo controversial como una nueva estrategia para no desaparecer como medio de información, porque como prensa escrita ya está desapareciendo.

Ahora bien, en estos últimos meses de campaña electoral he visto la nueva generación de periodistas que son la fuente de información de los colombianos, y qué decepcionante ha sido percibir que este sea el panorama que me espera: Vicky Dávila, Claudia Gurisatti, Darío Arismendi, entre otros, que se han dedicado casi como en una cacería de brujas a atacar al candidato presidencial Gustavo Petro en cada entrevista que deben hacer, casi que por obligación, ya que es el segundo candidato a la presidencia. ¿Dónde ha quedado la imparcialidad, la verdad y la calidad de lo que se hace pensando en la ciudadanía? Contrario a esto, inducen respuestas, juzgan, incluso alzan la voz, casi que gritando cuando no están de acuerdo con lo que piensa el entrevistado. Al final, solo veo un grupo de personas que cuidan y protegen a las élites que financian sus medios de comunicación e intentan preservar su puesto de trabajo. Parece que la ética profesional la dejaron olvidada en el cartón que tienen colgado en la oficina.

Casi que escribo una carta de despedida al periodismo tradicional en Colombia, el periodismo independiente, el periodismo alternativo, el que surgía de la necesidad de decirle la verdad al pueblo, que nacía de la sed de justicia y equidad, un periodismo con la finalidad de lograr esa trasformación social desde su contenido, un periodismo ético y responsable, que no temiera enfrentar el mundo que lo rodea. Hoy tenemos un periodismo vacío y decadente, vendido al mejor postor. No obstante, espero que esta nueva generación de periodistas se reinvente y le dé un nuevo aire al periodismo que necesita realmente la sociedad colombiana: basado en unas fuentes confiables, con un análisis periodístico detallado, con periodismo investigativo trasparente, y no esta cacería de brujas perpetrada por preferencias políticas y económicas que benefician a unos pocos del gremio. Esta nueva generación de periodistas, donde me incluyo, tiene el trabajo más difícil: devolverle la credibilidad al periodismo tradicional y hacer un nuevo campo en este oficio, que es cuestión de vocación y no de posición, desde la ética profesional, haciendo honor a personajes como Jaime Garzón y Gabriel García Márquez, ellos sí hacían buen periodismo.

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