La cuarta teoría política

Parte del principio de que el liberalismo, socialismo y fascismo se enfrentaron durante el siglo XX; el primero en caer fue el fascismo al ser derrotado en 1945

Por: German Alfonso Arciniegas
septiembre 08, 2017
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La cuarta teoría política

En 2009, mientras aún conteníamos el aliento por la crisis económica global del año anterior y localmente iniciábamos el fin de la era presidencial Uribe, paralelamente era publicada en la lejana Rusia La cuarta teoría política, escrita por el filósofo político e historiador de las religiones, Alexander Dugin.

A Dugin lo han definido los medios occidentales como el Rasputin de Putin o, cuando quieren ser más estéticos, como el asesor e ideólogo de cabecera del líder del Kremlin que fue vetado en territorio estadounidense por la administración Obama por su rol en la crisis ucraniana. Sin embargo, Donald Trump en el imprevisible comportamiento de su campaña para la presidencia y en los ya casi 9 meses de su administración parece estar más influido por los postulados del filósofo ruso de lo que se puede imaginar.

La cuarta teoría Política parte del principio de que el liberalismo, socialismo y fascismo se enfrentaron durante el siglo XX; el primero en caer fue el fascismo al ser derrotado en 1945 por la alianza del liberalismo y el socialismo, los cuales inmediatamente después se disputaron la supremacía mundial de la ideología política durante toda la Guerra Fría que finalmente como ganador al liberalismo, la globalización, el consumismo y el individualismo.

Embriagado por la victoria y sin ningún opositor ideológico, el liberalismo dejó de lado la política y se limitó al actuar económico, en el que poco a poco fue siendo derrotado por la milenaria China y las economías del lejano oriente que usaron el credo de la economía de libre mercado.

Para Dugin es necesario superar la globalización y la imposición de la cultura occidental que pretendió ser universal, para lo cual plantea la distribución del mundo en zonas de influencia que respeten los legados culturales e históricos (es decir una nueva conferencia de Yalta) las cuales deben ser lideradas y demarcadas por un G3, Estados Unidos, China y Rusia; así, propone crear un sistema global en el que los Estados-Nación, sean interpretados como una parte de una región culturalmente y socialmente cercana, ¿acaso un neoimperialismo?

La actualidad mundial parece estar dándole la razón a Dugin; el mayor error geopolítico de la historia de los Estados Unidos fue protagonizado por la Administración Obama, cuando propició el acercamiento de Putin a China, generando un eje económico-militar que el gobierno demócrata no pudo contrarrestar y que le quitó a los Estados Unidos el prestigio de ser la superpotencia planetaria al perder las partidas contra Putin en Crimea y Siria aun cuando ha contado con la estructura militar de la OTAN y el apoyo de la Unión Europea y siendo Rusia una economía más pequeña y teniendo recursos militares convencionales limitados.

Trump es el resultado de unos Estados Unidos fragmentados y derrotados por el resto del mundo en un juego propuesto por ellos, llamado “globalización”; así que si Trump sigue a Dugin podríamos explicar su discurso de repliegue a las fronteras nacionales, el cual físicamente se manifiesta en el muro con México, militarmente en su desprecio a la OTAN, su cercanía y/o agradecimiento hacia Putin y un discurso antiglobalización que parece haber sido copiado de la izquierda.

Lo anterior no quiere decir que los Estados Unidos no sean una potencia, aún posee el arma más efectiva, que no es nuclear; el dólar, el cual sigue siendo el recurso más poderoso con que cuentan, pero hasta donde llegará el repliegue de estadounidense con un Donald Trump carente de escrúpulos y de formación diplomática (9 meses de gobierno y aún deja que desear cómo estrecha la mano en los saludos).

Ahora vale la pena preguntarse, ¿ya estamos ante una cuarta teoría política para el siglo XXI?, ¿podrá el liberalismo ideológicamente hablando responderle a los retos propuestos por el regreso de la religión, el nacionalismo y las fuerzas conservadoras? En estos momentos, ¿podemos decir que existe una derecha e izquierda cuando el presidente del “imperio estadounidense” aboga por la antiglobalización? Por ahora, es momento de aceptar que estamos ante un cambio de paradigma geopolítico e ideológico y los análisis actuales no explican la actualidad mundial. A todo esto, queda una última pregunta, todo este cambio de paradigma, este renacer de fuerzas y discursos, estas ambivalencias y vacíos de poder ¿cómo están evidenciándose en el debate y realidad política colombiana?

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