La cicatriz que persigue a Carlos Tévez, la estrella del Juventus

De lo profundo de Fuerte Apache, en la Buenos Aires violenta, rodeado de muertes y con su cara marcada, casi que desde que nació.

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Junio 05, 2015
La cicatriz que persigue a Carlos Tévez, la estrella del Juventus

La huella de una taza de agua hirviendo sobre su cara cuando apenas gateaba le marcó la vida a Carlos Tevez. Un accidente que sería una premonición de la difícil infancia que viviría la hoy estrella del Juventus. Abandonado por sus padres terminó criados por sus tíos Segundo Tévez y su esposa Adriana Martínez, quien lo cargaba el día que la cicatriz quedaría impregnada para siempre en su rostro. En el afán por encontrarle cura camino al hospital, sus padres agravaron la situación al cubrirlo con una manta de nylon que terminó adherido como un tatuaje en su piel. Después de dos meses Carlitos ganó el primer partido de su vida: derrotó a la muerte.

Treinta años después es uno de los delanteros más temidos del mundo. Las heridas de esa mañana fatídica aún se le notan haciendo todavía más respetable y creíble esa garra y obsesión por ganar que lo caracteriza. El Apache, como Suarez o Falcao, son esos jugadores que lo dejan todo en el terreno de juego.

Carlos Tevez cuando era un "cebollita" en All Boys

Carlos Tevez cuando era un “cebollita” en All Boys

Eso lo aprendió en los potreros de su barrio en donde a los cinco años ya era la figura de un equipo de niños mucho mayores que él. Allí, mientras hacía un gol tras otro, se enteró que su padre biológico había recibido 23 balazos por parte de la policía cuando intentaba asaltar una cafetería. Cuando Tévez se enteró no sintió nada. Nunca lo había conocido.

Creció. Sus amigos del barrio también lo hacían. Al principio los unía la pasión por jugar al fútbol pero la droga y la violencia los fueron consumiendo uno a uno. El único que quedó a su lado fue Darío Coronel, un muchachito que superaba apenas el metro de estatura, delgado por culpa de la dieta de mate y galleticas a la que lo obligaba la miseria en la que vivía su familia, pero que compensaba su famélica talla con el talento que tenía con la pelota en los pies. Él era el 10, el encargado de poner a Carlitos frente a los porteros rivales. A los doce años ambos serían llevados a jugar a las divisiones inferiores del club All Boys

La dupla fantástica: Tevez y su amigo Dario Coronel a los 9 años.

La dupla fantástica: Tevez y su amigo Dario Coronel a los 9 años.

 

A medida que subían de categoría iban rompiendo records. Cuando cumplieron 16 años el dúo dinamita se separó: Darío fue contratado por Velez Sardfield y Carlitos fue a Boca Juniors, el club donde conseguiría la gloria. Mientras el Apache debutaba a los 17 años como profesional en su equipo, Coronel se hundía en el espiral de violencia y drogas al que lo había condenado nacer en una villa miseria. Se unió a los Backstreet, la banda de muchachos más peligrosa de la zona. Cada vez llegaba más tarde en los entrenamientos, maltratado por la noche. Su talento no fue impedimento para que el club terminara echándolo.

Tévez fue convocado a la selección Sub 17 de Argentina. El sueño comenzaba a hacerse realidad. La mala noticia le llegó cuando estaba a punto de debutar en el suramericano de la categoría: Darío, con una pistola en la mano, intentó robar un bingo. Había una patrulla de la policía cerca. Con sus piernas de futbolista intentó fugarse por los recovecos de Fuerte Apache que conocía como la palma de su mano. Una pared se interpuso en su camino. Con valentía intercambió disparos con sus perseguidores. Mató a un policía. Las balas se iban acabando, sólo le quedaban dos. Una la usó para darle un balazo en el hombro a otro agente, la otra la utilizó para darse un tiro en la sien. Tenía 17 años y Carlos Tévez afirma que nunca vio a un jugador como él.

Las raíces que unen al ídolo con su barrio parecen afianzarse con los años. Sus amigos entrañables siguen siendo esos rufianes con los que creció. Por ese carácter indomable que lo ha llevado a enfrentarse con sus técnicos sin importar si se llaman Roberto Mancini o Alex Ferguson, por esa pasión que lo ha llevado a ganar la Premier League, la Serie A, la Copa Libertadores, la Champions League, la olimpiada y el mundial de clubes, es el futbolista en actividad más querido por los argentinos. Porque Messi puede ser el mejor jugador del mundo, pero Carlitos Tévez es el jugador del pueblo.

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