Así se hace el amor para la cámara

Mi experiencia rodando una escena de cama para un cortometraje

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junio 09, 2015
Así se hace el amor para la cámara

Las capas de maquillaje entre las pieles de ambos me hacen sentir como si al besarla estuviera lamiendo un tarro de polvo compacto. Hay que engañar a la cámara, no debe saber que entre nosotros solamente existe una amistad de esas que vienen blindadas ante malos pensamientos. Para eso somos estudiantes de actuación y por eso nos buscaron para este cortometraje. La escena se graba por planos hasta lograr el que busca el director. A ella le cuesta deshinibirse, la entiendo y el saberlo me hace ser aún más cuidadoso con cada punto en donde pongo mi mano. No hacer más de lo necesario es tan complejo como darle a la cámara lo que necesita; por un lado se puede pecar por abusivo y por el otro, por tímido. Cada acción, cada gesto debe ser preciso y para lograrlo hay que coordinar una serie de elementos que no cualquiera puede controlar en simultánea. Por eso es que actuar no es fácil, aunque parezca que lo es.

Somos ella y yo en un cuarto de La Candelaria parados el uno frente al otro, junto a una cama. A pocos metros hay una Canon 5D registrando cada cosa y detrás de ésta, un equipo de no menos de 9 personas entre director, guionista, camarógrafo, foto fija, maquilladora, vestuarista y demás, quienes cuadran cada detalle de esta escena de amor entre una joven pareja que se ama en su intimidad. A través de la mirada nos preguntamos mutuamente qué hacer, por dónde empezar pues ni ella ni yo sabemos. Poco antes de cerrar los ojos le tomé las manos para que el tacto fuera nuestra única vía de comunicación pensando en que por ese medio podríamos construir una coreografía para facilitar la cosa. Luego mis dedos aterrizan levemente sobre su espalda y el roce de mis labios con los suyos sería el preludio de los besos menos besados que he tenido en la vida.

Ahora bien, durante algunos momentos me relajo para creerme la situación y dejarme llevar por el beso. Confieso que en medio de la actuación alcancé a disfrutar –soy humano, no estoy hecho de madera- pero de ahí a sentir excitación hay un largo abismo porque siempre toca cortar y repetir todo como si fuera la primera vez. Repitiendo cada plano se puede ir hasta media hora y así completamos tres horas en donde lo único que casi se me para fue la circulación en las piernas luego de la infinita toma en que debía tenerla sentada sobre mí mientras le quitaba el brasier. Al principio sentía incomodidad, pena y me preocupaba por hacerla sentir irrespetada pero luego de la primera hora ya no se siente absolutamente nada, ni pena o placer alguno. Solamente están las ganas de hacer lo que haya que hacer para que la toma quede lista y poder almorzar rápido.

Son besos con sabor a maquillaje y caricias robóticas que vienen llenos de aire. Son vacíos. No excitan porque carecen de una razón real, y entre más se repiten menos posibilidad hay de que así sea. Da lo mismo estrecharle la mano que besarla. A la cámara poco o nada le importa lo que sintamos mientras le demos lo que necesita. Si la situación fuera real haríamos esto mismo pensando en nuestro placer, como no es el caso lo hacemos únicamente para que se vea como quiere el director. Ese solo objetivo marca una enorme diferencia entre la vida real y la vida elaborada para la cámara. La magia está en que cuando la segunda queda muy bien hecha, parece igual a la primera, así sea brutalmente distinta en su esencia.

La escena se compone de varios planos y hacer cada uno puede tomar hasta media hora pues se repite varias veces. Fueron casi tres horas para sacar un minuto del corto

La escena se compone de varios planos y hacer cada uno puede tomar hasta media hora pues se repite varias veces. Fueron casi tres horas para sacar un minuto del corto

En la actuación es más importante transmitir que sentir. Es decir no importa lo que siente el actor más que lo que el espectador cree que siente el actor. Hay quienes logran transmitir sintiendo lo que transmiten, pero también es posible transmitir algo que no se siente valiéndose de técnicas emocionales y físicas. Además, cuando se actúa para la cámara el montaje ofrece una serie de elementos adicionales -fotografía, edición, musicalización, etc- que se conjugan para apoyar el trabajo del actor y transmitir lo que se busca. Cuando el actor ve la escena montada y no se acuerda de lo que sentía en ese momento o no se reconoce, es porque quedó tan bien lograda que hasta el mismo intérprete se cree su propia mentira.

Que quede claro que cada ser humano es un universo único. No hay dos personas que tengan el mismo torrente de sensaciones y si físicamente podemos ser tan disímiles, emocionalmente lo somos aun más. En efecto, cada quien tiene un sistema nervioso con millones de terminaciones y un funcionamiento particular que nunca será exacto en otro ser humano. Esta es únicamente mi experiencia, no una verdad absoluta pues así como habrá quienes manejen la situación como yo, habrá quienes deban buscar otros métodos y tengan otra clase de sensaciones. Sin embargo, en el mundo del porno es asombrosamente común encontrar que los actores, aun teniendo sexo, no sienten nada y deben fingir un placer que no viven (Sí, es contigo Esperanza Gómez. Ni creas que me engañas).

Cuando vi el resultado final de aquél rodaje había pasado un mundial, unas olimpiadas, un período presidencial, otra Miss Universo colombiana, algunos años y entre tantas cosas también mis intenciones de ser actor. Naturalmente casi ni me reconozco y tampoco asocio lo visto en pantalla con mi recuerdo. Hoy quiero ser periodista, y si alguien llegara a ver el corto no me da pena que vean la escena en cuestión porque se trata de un trabajo como cualquier otro que hago, con todo el profesionalismo del caso. Más pena me da el hecho de que mi actuación no me parezca del todo acertada pues creo que pudo ser mejor. Por eso, salvo este recuerdo escrito y algunas vídeo capturas, de aquél corto no mostraré nunca nada más. Supe que en su momento lo presentaron en un par de festivales. Afortunadamente mi cara no es conocida y dudo que quienes lo hayan visto se acuerden de mí.

Por @enriquecart

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