La arbitraria y clasista medida de Biblored que afectaría a los lectores bogotanos

El IVA que tendrían los libros no es suficiente castigo, ahora se ha prohibido que las bibliotecas distritales presten material cuyo valor supere los 100.000 pesos

Por: David Esteban Rojas Ospina
Noviembre 08, 2018
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La arbitraria y clasista medida de Biblored que afectaría a los lectores bogotanos
Foto: biblored.gov.co

Desde hace aproximadamente diez años he sido un asiduo usuario de la red distrital de bibliotecas públicas. Gracias a las bibliotecas distritales he podido aprender infinidad de cosas leyendo libros que no habría podido haber leído debido a su elevado costo. Las bibliotecas bogotanas llaman poco la atención de los medios y la opinión pública, seguramente porque su funcionamiento siempre ha sido óptimo, por desgracia, hasta el día de hoy.

Esta mañana fui a la biblioteca Julio Mario Santo Domingo, ubicada al norte de la ciudad, con la intención solicitar en préstamo el primer tomo de La Era de la Información, parte de una trilogía escrita por el sociólogo Manuel Castells, cuyo valor en las librerías bogotanas es de 287.000 pesos, impagables para casi cualquier estudiante; pues bien, me han informado los bibliotecarios que desde el mes de octubre, Biblored ha prohibido prestar cualquier tipo de material que supere los 100.000 pesos. Aparentemente la idea de gravar con IVA a los libros, no era suficiente castigo para los lectores bogotanos.

Cualquier persona familiarizada con el mercado de los libros, sabe que prácticamente ningún libro nuevo y más aún si es de alguna temática especializada cuesta menos de cien mil pesos. Esta absurda medida prohíbe de facto que los bogotanos utilicemos el material de las bibliotecas públicas fuera de ellas en los tiempos establecidos, ¿en qué ciudad del mundo a alguien se le ocurriría prohibir a las bibliotecas que le presten material a sus usuarios?, ¿qué sigue?, ¿demolerlas para hacer centros comerciales o iglesias cristianas? Esta medida, como muchas otras decisiones adoptadas por el distrito, es arbitraria y clasista, pues afecta considerablemente a los estudiantes y dentro del grupo de los estudiantes, afecta sobre todo a los de recursos más escasos.

Si usted es estudiante de alguna ciencia básica o de alguna ingeniería, seguro estará familiarizado con el libro Cálculo de una variable: trascendentes tempranas, popularmente conocido como Cálculo de Stewart, libro de cabecera para muchos cursos de cálculo dictados en las universidades de la ciudad y que tiene un precio de mercado de 202.500 pesos. Pues si usted lo consultaba en la biblioteca de su localidad, vaya buscando una copia pirata, mire a ver cómo se lo gana a sus compañeros de facultad en la biblioteca de su universidad o resígnese a reprobar la materia, porque ya no lo podrá utilizar.

Revisemos otros ejemplos de libros cuyo uso está muy extendido entre los estudiantes bogotanos: el Álgebra de Kolman, libro de álgebra lineal muy usado en cursos universitarios de esta asignatura, que tiene un valor de mercado de 124.000 pesos, el libro Física de Serwey, libro de amplio uso en las facultades de ingeniería que tiene un valor 113.000 pesos o el libro Macroeconomía de Mceachern, que tiene un valor de 134.500 pesos. Pues lamentablemente, estos libros son para quedarse en los anaqueles y no para que usted estudie, según la nueva política de Biblored.

El acceso al conocimiento y la cultura es extremadamente difícil para la mayor parte de la población colombiana dada la inequidad dramática característica de nuestra sociedad; sin embargo, he podido presenciar el efecto democratizador de las bibliotecas bogotanas: personas de todos los orígenes sociales acuden a las bibliotecas con la intención de estudiar para sus exámenes, de adentrarse en los temas más diversos por simple curiosidad o de disfrutar de los grandes clásicos de la literatura universal. He visto cómo analfabetas adultos de los más humildes orígenes sociales han logrado superar su condición y se han convertido en dedicados lectores gracias al hecho de contar con un espacio al que pueden acudir y en el que pueden disfrutar independientemente de sus limitaciones cognitivas o económicas, un espacio que no discrimina y que recibe a todos por igual.

Despidámonos de todo eso, Biblored prohibió leer en Bogotá.

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