La admiración de Petro por Allende y Víctor Jara

Galeano reconoció que la izquierda había cometido errores, y que 'Las venas abiertas de América Latina' pertenece a una etapa superada. ¿Qué piensa Petro?

Por: Ariel Peña González
enero 11, 2022
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La admiración de Petro por Allende y Víctor Jara

Con ocasión del triunfo del marxista Gabriel Boric en las elecciones presidenciales de Chile el pasado 19 de diciembre, Gustavo Petro candidato del Pacto Histórico, hizo una exaltación en su cuenta de Twitter del derrocado presidente Salvador Allende y del cantautor comunista Víctor Jara, quienes perecieron a raíz de los sucesos del golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973.

En su cuenta de Twitter Petro afirmó que “anoche lloré” al recordar a estos dos personajes; claro que si de tragedias se trata, también podrían haber personas que después de varias décadas lloraran por la forma cruel en que fue asesinado Rasputín el 30 de diciembre de 1916 en Rusia, días antes de la revolución de febrero que acabó con la dinastía de los Románov; en donde el monje ortodoxo cumplió un papel nefasto asesorando al último zar Nicolás ll.

Con semejante exaltación de Gustavo Petro a Allende y a Jara se demuestra que el jefe del Pacto Histórico no niega su prosapia comunista, que toma la historia como venganza o ajuste de cuentas; porque no se puede olvidar el papel catastrófico que jugaron tanto el mandatario como el artista para Chile y Latinoamérica en plena guerra fría. Aunque los demócratas hemos condenado el golpe de Augusto Pinochet, que a estas horas de la vida Petro venga a tomar partido después de casi 49 años por la URSS es un despropósito, pues ese imperio se disolvió hace más de 30 años y no se puede ser prisionero del pasado.

De Víctor Jara, quien fue asesinado de manera brutal en el Estadio Nacional de Santiago, hay que decir que su dogmatismo comunista lo llevó a exaltar con sus canciones a movimientos terroristas como los Tupamaros de Uruguay, al igual que a otros grupos extremistas de la región. En su repertorio también le dedica una zamba al “carnicero de la cabaña”, como se conoció en Cuba al genocida del Che Guevara, quien se alegraba cuando asesinaba a sus semejantes; además, Jara mostró ardor por el cura Camilo Torres Restrepo, a quien le dedicó una de sus canciones. Asimismo, el chileno le hizo loas al sanguinario dictador comunista de Vietnam Ho Chi Ming, al cual historiadores serios le atribuyen 3 millones de asesinatos. Considero que la admiración de Petro por Jara coloca al primero en la misma línea ideológica que profesaba el segundo, lo que dice a las claras que el electorado colombiano no se puede equivocar en las elecciones de este 2022, con los artificios edulcorados de Gustavo Petro.

Salvador Allende, el otro ícono de Petro, logró ser presidente de Chile en 1970 gracias a la ambivalencia de la democracia cristiana, partido político cuyos dirigentes se pudieron haber asustado con los fetiches comunistas del materialismo histórico y la inevitabilidad. Entonces buscaron congraciarse con los “dueños del futuro de la humanidad”. El gobierno de Allende fue una calamidad para el país austral, en donde el dictador cubano Fidel Castro fue su principal asesor para convertir a Chile en otro santuario de la URSS en contra de Estados Unidos, a lo que se debe agregar que Allende apoyó siempre a los grupos armados en el continente, caso concreto, la protección que le dio siendo senador a los guerrilleros que sobrevivieron y que acompañaron al “Che” Guevara a Bolivia en 1967.

De acuerdo con lo anterior, no hay que hacer mucho esfuerzo intelectual para saber que el candidato presidencial del Pacto Histórico, Gustavo Petro, fundamenta su discurso de campaña en el libro del escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015) titulado Las venas abiertas de América Latina, pero el doctor Petro de pronto ignora que el ensayista renegó de su escrito en la bienal de libro de Brasilia en abril de 2014, y dijo que no volvería a leer el ensayo porque lo consideraba pesadísimo, indicando que fue escrito sin conocer debidamente sobre economía política. Además agregó: “Esa prosa de la izquierda tradicional es pésima”; lo anterior determina el desfase histórico del candidato progresista en Colombia.

El libro antes mencionado apareció en 1971, que por la complejidad que vivía la región en ese entonces, con conflictos sociopolíticos en diferentes países no tardó en convertirse en fuente de inspiración para la llamada izquierda, debido a que desde puntos de vista fatalistas, miserabilistas y revanchistas, ahí estaba la Biblia de la región que respondía a las inquietudes y tragedias ocurridas desde hace más 500 años, partiendo del sur del río Bravo hasta la Patagonia, haciendo taxativamente un llamado a la venganza histórica y convirtiéndose el ensayo de Eduardo Galeano en un apéndice del Manifiesto Comunista de Marx y Engels escrito en 1848.

La izquierda latinoamericana se hizo la de la vista gorda ante los pronunciamientos de Galeano en la Bienal de Brasilia, y nunca ha dicho nada serio, buscando explicar la cuestión desde una mirada únicamente literaria. Pero la cosa tiene más fondo porque no solo el candidato Petro tomó el ensayo de regla infalible para su discurso, sino que también hay que recordar que es tan significativa la obra para el castrochavismo o marxismo-leninismo que Hugo Chávez a la sazón presidente de Venezuela le regaló un ejemplar al mandatario estadounidense Barack Obama en la Quinta Cumbre de las Américas, realizada en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, en abril de 2009, lo que demuestra la importancia que le dan al ensayo los seguidores del socialismo del siglo XXl, quienes reciclaron los desechos del comunismo totalitario, repudiados en Europa con la caída del muro de Berlín para implementarlos en nuestras naciones.

Eduardo Galeano reconoció que la izquierda había cometido errores muy graves, y esbozó que Las venas abiertas de América Latina pertenecen a una etapa ya superada, lo que demuestra con toda claridad que esa obra no tiene vigencia, igual a como sucede con el comunismo totalitario, al que le ponen diferentes máscaras, pero al final es el mismo comunismo totalitario y como dice el adagio: “La mona, aunque se vista de seda, mona se queda”

Las venas abiertas de América Latina recibió entierro de su propio autor, siendo insensato insistir en su lectura, difusión y aplicación, como lo pretende el candidato Gustavo Petro y la denominada izquierda, que lo tiene como referente histórico omnímodo, puesto que la obra es descontextualizada, no solo por la afirmación de su autor que hace la autocrítica, sino que además desde la óptica marxista-leninista con ese ensayo buscan impulsar un ajuste de cuentas para vengar todas las injusticias cometidas desde el descubrimiento de América hasta nuestros días, invocando la lucha de clases para efectuar la vindicta, tomando de chivos expiatorios a quienes no se sometan a la dogmática del comunismo totalitario, en donde el “imperialismo norteamericano” es el enemigo a vencer, porque según la fábula marxista es el responsable del sufrimiento de los pueblos durante 500 años.

Olvidando que el imperio se desentendió de Latinoamérica hace 45 años, al encontrar mano de obra barata en China para sus transnacionales en alianza con el partido comunista de ese país, lo que incrementó las ganancias del capital financiero internacional y creó el neoliberalismo.

La receta miserabilista del marxismo con Las venas abiertas de América Latina no tiene ni vigencia ni defensa. Y otro aspecto olvidado por Galeano en su ensayo que jamás se puede pasar por alto es la historia de la mayoría de los diferentes pueblos de la tierra, muchos de los cuales han padecido calamidades iguales o peores a las de Latinoamérica durante centurias y milenios. Por ejemplo en África, Asia y Europa, en vista de que las desgracias y sufrimientos propiciados por seres humanos a sus semejante no solamente se han dado en Latinoamérica.

Así como Eduardo Galeano afirmó que no sería capaz de leer de nuevo Las venas abiertas de América Latina porque caería desmayado, hay que recomendarle al candidato Gustavo Petro que supere el discurso basado en la obra de Galeno, ya que su mismo autor la rechazó.

 

 

 

 

 

 

 

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