Opinión

Juventud y trabajadores: es hora de encontrarnos y pactar por trabajo decente

Hemos identificado una serie de reformas legales para restringir la tercerización, reactivar Mintrabajo, la inclusión de las mujeres y desatar la actividad sindical

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octubre 12, 2021
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Juventud y trabajadores: es hora de encontrarnos y pactar por trabajo decente
Unir esfuerzos entre los liderazgos estudiantiles y laborales es esencial para hacer realidad las medidas que masifiquen el trabajo decente

Desde los 17 años he sido trabajador y soy de ese mundo. Y aunque he pasado por la universidad y disfruto el mundo sutil de la academia, me gusta estudiar y he sido profesor, en estricto sentido no he sido estudiante, soy trabajador de Ecopetrol y sindicalista en la USO, una organización de 25.000 trabajadores. La inmensa mayoría de mis compañeros y compañeras son ingenieros o técnicos, profesionales. Puro trabajo clásico, cosas de adultos.

Al mismo tiempo nos han vendido hasta el cansancio algunas ideas falsas han circulado sobre los hombres y mujeres jóvenes: que aman la aventura y por eso no aspiran a trabajos estables, porque lo suyo es la creatividad y el emprendimiento. Que nunca se pensionarán ni esperan que ocurra, porque eso es limitar sus aspiraciones al trabajo clásico de la oficina o de la fábrica, lugares anacrónicos. Eso suena bonito en los barrios ricos de las grandes metrópolis, pero la realidad de la juventud promedio colombiana es mucho menos sofisticada.

En los últimos 40 años la calidad del trabajo al que una persona joven puede aspirar en Colombia ha caído y no ha sido por el azar, la mala suerte o el destino. Hay decisiones políticas de la dirigencia del país que se han reflejado en el mundo del trabajo, reformas laborales para reducir salarios, para hacer más fácil y barato despedir trabajadores, para alargar el día y reducir la noche o para impedirles sindicalizarse. Las consecuencias son una economía que crece con timidez, pero no distribuye la riqueza que produce y mucho menos genera empleo estable o trabajo decente, la consecuencia es que el desempleo de los hombres y mujeres jóvenes es 10 puntos porcentuales mayor que el de los hombres adultos.

A junio de este año la tasa de desempleo de los hombres jóvenes según el Dane fue de 18,5 % y el de las mujeres jóvenes llegó al 29,9 %, mientras tanto la tasa de desempleo general se encontraba en 14 %. Colombia tiene desde hace años una de las peores tasas de desempleo e informalidad juvenil del hemisferio, lo malo es que estas malas cifras se normalizaron o se banalizaron y los gobiernos no han hecho nada para mejorar estos malos indicadores.

Ahora bien, mucho se habla sobre como el acceso a la educación superior es clave a la hora de reducir el desempleo, pero los resultados que publicó el Dane en abril nos muestra que si la economía no recibe un shock productivo y se hacen reformas para mejorar la empleabilidad como disminuir la jornada de trabajo y formalizar, en los cinco años siguientes a la implementación de una política de acceso universal y gratuito a la educación superior, esta no tendrá consecuencias en el empleo y generaría mayor insatisfacción social.

Así, el estudio Fuerza Laboral y Educación, publicado por el Dane en abril con datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares nos muestra que la tasa de desempleo para personas con pregrado terminado es de 14 % en los hombres y 17 % para las mujeres, mientras que el desempleo para personas con un posgrado terminado es de 7 % para los hombres y 8 % para las mujeres, resultados preocupantes.

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El relato empresarial y gubernamental sobre el empleo busca pregonar la informalidad disfrazándola de creatividad y la aventura del riesgo

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El relato empresarial y gubernamental sobre el empleo busca distraer la atención de estos problemas y concentrar la vista en el emprendimiento y ahora la economía naranja, es decir pregonar la informalidad disfrazándola de creatividad y la aventura del riesgo mientras que sin inversión pública el Estado pretende desatar una revolución tecnológica una opción necesaria, válida, el problema es que las decisiones de los gobiernos neoliberales han desindustrializado el país y lo resolvemos importando casi todo.

Como ven una situación difícil y compleja de resolver sobre todo si no hay un pacto amplio que blinde las transformaciones necesarias para que la economía deje de beneficiar solo las ganancias de algunos pocos y sirva para mejorar las posibilidades de la mayoría.

Ya es casi un cliché decir que el paro iniciado en 2019 es sobre todo una movilización juvenil y la salida de miles hombres y mujeres jóvenes a las calles tuvo como una de sus causas la imposibilidad de acceder a trabajos decentes, de independizarse de su familia o tener un horizonte de estabilidad. Muchos otros jóvenes trabajadores lo hicieron, al menos en las noches, por físico agotamiento ante los niveles de explotación que sufren en trabajos como rappitenderos, en call centers o en las calles, lugares en donde la humanidad se va perdiendo a la misma velocidad de las ilusiones.

Unir esfuerzos entre los liderazgos estudiantiles y laborales es esencial para hacer realidad las medidas necesarias para masificar el trabajo decente: establecer una renta básica y el acceso universal y gratuito a la educación o parar la precarización laboral despiadada. Lograr darles posibilidades a los jóvenes requieren propuestas y sobre todo una gran multitud detrás respaldando. Se requiere la experiencia de los trabajadores y su persistencia tanto como la presión y la creatividad de la movilización juvenil, pero antes debemos propiciar realmente un encuentro entre mayores y más jóvenes que tienen más identidades comunes de las que creen.

Después deben venir una serie de reformas legales que ya hemos identificado para restringir la tercerización, reactivar el Ministerio de trabajo, garantizar la inclusión de las mujeres o desatar la actividad y el crecimiento sindical. Estos cambios requieren del apoyo de la juventud y otros movimientos sociales, por eso urge encontrarse y reconocerse.

Y una sociedad en la que todos y todas podamos convivir pacíficamente necesita que saldemos la mayor deuda social que tenemos con las personas que viven en le campos: la guerra, la pobreza de 4 de cada 5 campesinos, la desigualdad en el acceso a la tierra, la destrucción de la agricultura, la falta de programas de formación agrícola independientemente de su rentabilidad, la restitución de tierras, la reparación integral, la verdad y la memoria deben ser una prioridad en el país. Trabajo decente y paz deben ser las prioridades.

 

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