Julio y Sergio Arboleda, dos grandes esclavistas colombianos

Los dos hermanos, cultos y conservadores en su pensamiento, hicieron fortuna con el trabajo esclavo. Sergio terminó inspirando la creación de la universidad que lleva su nombre

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noviembre 15, 2020
Julio y Sergio Arboleda, dos grandes esclavistas colombianos

Las estatuas también se mueren. Una ola de indignación recorre el mundo. Antes la eternidad se podía constatar en bustos de bronce. Ahora, después de que en Bélgica se tumbara la efigie de Leopoldo II, el feroz esclavista que inspiró a Joseph Conrad para escribir El corazón de las tinieblas, en el mundo están cayendo los homenajes a los próceres. Un revisionismo histórico que en Colombia se sintió con toda la fuerza cuando los Misak decidieron tirar abajo a Sebastián de Belalcázar.

En redes sociales la indignación alcanzó a Sergio Arboleda, el nombre que lleva la universidad donde se han graduado muchos funcionarios  del alto gobierno, empezando por el presidente graduó Iván Duque. Los Arboleda llevaban el rótulo de esclavistas desde que los primeros españoles empezaron a poblar esta tierra

Entonces, a finales de abril de 1851, el gobierno liberal del General José Hilario López aprobaba en el Congreso la ley abolicionista. La mayoría del país salía a las calles a celebrar. Habían misas, verbenas, una fiesta de chicha y baile. Sólo unos pocos estaban inconformes, furiosos. Entre ellos se encontraba Julio Arboleda, el líder de los que se conocería como La revolución conservadora, y su hermano Sergio. Ambos encarnaron la indignación de los terratenientes del Valle del Cauca, de Pasto y de la Provincia de Popayán se levantaron en armas porque sintieron que el estado había vulnerado sus intereses.

No todos los propietarios de esclavos estaban inconformes con la medida. El general Tomás Cipriano de Mosquera aprovechó la coyuntura para hacer un negocio redondo. Poco antes de que se aprobara la ley vendió a sus 500 esclavos que trabajaban su célebre hacienda Coconuco para que trabajaran el ferrocarril de Panamá. Tenían que pagar 375 pesos por hombre con el compromiso que una vez terminaran las obras quedaran libres. Hubo familias que, sin pensar en sacar rédito a la situación, regalaron casa y platanales a los esclavos recién liberados. Otros vendieron fiadas y por mucho menor precio al que se conseguía en el mercado tierras para que los esclavos las trabajaran. Los Arboleda no, los Arboleda prefirieron la lucha antes de aceptar la nueva situación.

Hijos del profesor del poeta, soldado y terrateniente José Rafael Arboleda Arroyo, latinista traductor de Horacio quien murió en Pisa, Italia, a los 36 años, y de Matilde de Pombo O’Donnell, Julio y Sergio Arboleda supieron mezclar el culto por las letras y las armas como le correspondían a los aristócratas de mediados del Siglo XIX.

El hijo mayor, Julio, nació el 9 de julio de 1817. A los 11 años ya estaba en Londres junto con sus papás, iniciando un recorrido por Europa que demoró hasta que cumplió 20 años. En esa época la corriente de pensamiento dominante era el romanticismo. La literatura se llenaba de fantasma y misterio. Las aventuras del joven Werter de Goethe era la lectura que inspiraba a jóvenes suicidas. Cuando llegó de vuelta a Popayán, en 1836, se hizo cargo de los negocios familiares sin abandonar la poesía o la escritura de poemas. Fundó el periódico el Día y la revista el Misóforo desde donde combatió a los liberales y asumió una postura apocalíptica en contra de la abolición de la esclavitud. Desde ahí Julio Arboleda disparó sus más certeros dardos: el liberalismo era nada menos que la anarquía absoluta, el fin de los valores conocidos. Atacar la esclavitud significaba atacar la propiedad privada, destruir el orden social.

Sergio Arboleda fue el hermano menor. Fue un condotierro, un soldado que combatió el gobierno liberal de José Hilario López. En esa lucha Sergio fue el jefe del Estado Mayor. Pero, por sobre todo, siguió una tradición familiar esclavista que data en América desde 1570, cuando su descendiente Jacinto de Arboleda se estableció en el Continente. Por temor a perder la fortuna familiar, que estaba afincada en la compra de esclavos, Sergio Arboleda ayudó a vender en Quito buena parte de los esclavos que tenía la familia: 99 adultos esclavizados y 113 niños esclavizados por $31.410 pesos de la época.

Los Arboleda fueron enemigos de la generación del 48 y se fueron en contra del impuesto sobre la renta, contra la separación de la iglesia y el estado y hasta contra el sufragio universal. Sin embargo la pelea se perdió por completo el 1 de enero de 1852 cuando se celebró por completo la abolición de la esclavitud. A los hacendados se le prometió una indemnización de 2 millones de pesos. Duraron veinticinco años para pagar 1 millón de pesos.

Sergio Arboleda se exilió a Lima entre 1849 y 1853, fecha en la que regresó a Popayan. Allí reunió a 174 de sus antiguos esclavos y le dio pedazos de tierra de su hacienda Pilamo. No se las regaló, las vendió. Con ello se extinguió buena parte de la fortuna familiar. Sergio murió en 1888, y ya había enterrado su faceta de guerrero y terminó sumido en los estudios. Su hermano, Julio, moriría en Popayán veinte años atrás.

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