Opinión

Jesús Soto, el más grande del arte cinético, era también músico

El venezolano que dejó en ´Los Penetrables´ uno de los mayores aportes estéticos del siglo XX, cantaba lo popular y hacía su obra pensando en la sonoridad rítmica se Bach

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junio 20, 2020
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Jesús Soto, el más grande del arte cinético, era también músico
La ´Esfera Caracas´, una de sus obras emblemáticas, en la Avenida Francisco Fajardo de Caracas, 1969 - Soto aprendió la música desde la cuna

Pensando en otro de los síntomas de nuestro encierro común, creo que uno puede ser la musicalidad. Oímos música, cantamos, vemos conciertos fantásticos gratis desde la casa.

Jesús Soto aprendió la música desde la cuna. Conoció la guitarra desde los siete años. Por varios años y con su guitarra vivió y comió mientras cantaba en las estaciones del metro en París en los años cincuenta y llegó a ser el mejor artista cinético del mundo. No había lugar donde no le pidieran cantar y el tímido como era lo hacía. Cantaba la zamba  Piedra en el camino de Atahualpa Yupanqui, el pasillo de Señora María Rosa de Efraín Orozco, el bolero Piensa en mí de Agustín Lara, el vals de J. Yépez Penumbra por hablar de su repertorio más popular. Cuando trabajaba, lo acompañaba y pensaba que su geometría tuviera la infinita sonoridad rítmica de Bach.

 

Soto a la guitarra con sus amigos Elbano Méndez Osuna, Isealdo Vigas y Ángel Hurtado

Entrado el siglo XXI, fui con el artista a su ciudad natal porque allí hizo su gran obra. Para la historia pasada y para el tiempo presente y futuro, Cuidad Bolívar a la orilla de Orinoco en el estado de Guyana, tiene el Museo Jesús Soto, que inauguró en 1973 y representa el sueño y el testamento estético cuyo único ideal era el de hacer a los hombres mejores a través del arte. Soto mencionaba a los griegos, en el arte como un instrumento que fortalece el espíritu y ayuda a transformar el sentido de la realidad.

Ese origen lejano y eternamente tropical  era su más preciado orgullo porque fue allí donde dio sus más feroces batallas contra la adversidad. Fueron duras pero lo hicieron mejor. Jesús Soto fue el primer hijo de Emma Soto y del violinista Luis García Parra. Nació el 5 de julio de 1923 en una pequeña casa en el barrio Santa Ana. Su padre era músico de profesión y su madre, originaria de Soledad (Estado Anzóategui y al otro lado del rio) era ama de casa.

Su padre pronto abandonó el hogar y su madre y un hermano de ella  quedaron al mando de la tribu. Sobrevivían. Hacían quesos, que Soto vendía en Soledad y realizaban chinchorros.  El en los ratos libres y desde los cinco años, Soto dibujaba. Y aunque la geometría la aprendió en Europa cuando encontró a Mondrian y a Malevich. Podemos mencionar que llevó a dentro su geometría desde el alto Orinoco. Si volvemos al inicio, cuando ayudaba a su madre, podemos pensar en cómo su idea visual de la geometría comenzó en el tejido. El chinchorro Lo hacía con  cabuya de fique que es un material áspero y resistente. Lo primero era frotar la fibra sobre la pierna hasta adelgazarla para hilvanarla. Después comenzaba el tejido y trenzado. El soporte central, lo construía de lo más alto hacia abajo. Se teje sin soporte, se realiza una construcción en el vacío.

El arte cinético de Soto en el Centro Georges Pompidou, París, 1979

Su primer impacto sobre lo lleno y lo vacío en las artes plásticas, lo vio en una reproducción del cubista George Braque, tema que trabajó durante toda su vida.

Ciudad Bolívar era una ciudad intermedia. El río Orinoco fue el principal medio de comunicación en Venezuela y tiene su abolengo histórico porque también fue protagonista del Congreso de Angostura. Ahí, en ese mundo olvidado por la historia, en las afueras y en colina aparece, de pronto, un enigmático y moderno edificio blanco con enormes volúmenes geométricos, que de lejos muestra la coexistencia de dos grandes genios: la arquitectura de Carlos Raúl Villanueva con las obras de Jesús Rafael Soto. Fueron almas gemelas. Miraron de cerca en la geometría la posibilidad de lo virtual, la dimensión creativa de la luz y la invención de las formas en el tiempo y en el espacio.

Estar en el museo con él fue una experiencia mística. Poder Ir de la mano de la historia de sus días viendo con sus ojos cada trabajo y entendiendo cada conquista. Fue mágico poder asimilar con exactitud la manera cómo fue creando su mundo y sus referencias. Por una gracia de los dioses, me encontraba ante toda su historia visual.

 

Sphere Lutetia en el Guggenheim

En el trabajo de Soto existe la certeza de que su arte es un lenguaje de la ciencia matemática o una religión musical. Los Penetrables son uno de los aportes estéticos más importantes del siglo XX. Son obras donde el espectador tiene que entrar y sentir la obra o la vibración del color. Para ellos su trabajo tiene la meticulosidad de lo exacto. Soto es un inventor de imágenes que no tienen en la historia, una reflexión práctica. Aunque lo acompañaron como pioneros en su mundo cinético Naum Gago, Marcel Duchamp o Alexander Calder. Él fue el líder.

Jesús Rafael Soto murió en Paris en el 2005 y está enterrado en Montparnasse, barrio bohemio donde le gustaba cantar para sus amigos.

 

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