El resultado de las elecciones del 8 de marzo deja como protagonistas los dos polos de la confrontación nacional: la izquierda y la derecha: Gustavo Petro y Uribe Vélez; Iván Cepeda y Paloma Valencia.
No obstante haber tenido el bloqueo institucional más grande de la historia reciente, el Pacto Histórico alcanza 27 senadores, consolidándose como la primera fuerza política de Colombia, logrando un avance de 7 curules pero que aún no logra la mayoría en el congreso para poder tramitar las reformas estructurales que requiere el país.
El Centro Democrático avanzó de 13 a 17 senadores, constituyéndose en la segunda fuerza política, aprovechando el espacio dejado por los partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical, Partido Verde y de la U, que rebajaron su participación electoral y que no presentaron candidaturas presidenciales.
Además, el CD se alzó con la Gran Consulta por Colombia con Paloma Valencia, dejando un ganador que se constituye como un verdadero fenómeno político: Juan Daniel Oviedo, quien con un millón 200 mil votos, tiene carta de ciudadanía frente a Fajardo, Claudia López y Roy Barreras, quienes quedaron barridos en la contienda el 8 de marzo, en caso de que no se entregue como vicepresidente de Paloma, que es lo más probable que puede suceder.
La consolidación del uribismo deja mucho que decir de los que aseguraban que la derecha estaba muerta, pero ahí está más viva que nunca, a pesar de los falsos positivos, las chuzadas, las violaciones a los derechos humanos, el “hacer trizas el acuerdo de paz”, y su oposición a las reformas democráticas durante estos 4 años.
Además, Uribe conserva el teflón contra las adversidades domésticas, como la división promovida por la pareja de José Félix Lafaurie y su esposa María Fernanda Cabal, y la independencia altanera y agresiva de Abelardo de la Espriella, quien se ha autoproclamado en el amo y señor de la ultra derecha, convirtiéndose en el principal obstáculo para Paloma Valencia.
Obviamente conspiran a favor del uribismo redivivo el apoyo de los gremios económicos, los medios de comunicación, las cortes, los organismos de control y los “distintos” partidos tradicionales que le sirven de caja de resonancia. Sin embargo, con todo ese poder a su favor, con los 17 senadores que sacó el 8 de marzo, con la carta ganadora de Paloma Valencia y el apoyo de los partidos tradicionales, hay que tener en cuenta que se quemó en el puesto 25 de su lista al senado, por lo cual todavía no puede cantar victoria en las elecciones del 31 de mayo.
Ahora bien, la izquierda tiene que reconocer que la derecha sigue siendo mayoritaria en este país, para la cual jugó todo el bloqueo institucional, empezando por el sistema electoral clientelista. Por eso es muy importante estar vigilantes contra el triunfalismo del PH que podría ser muy perjudicial en estos dos meses y medio de campaña electoral, donde se va a definir la situación por la calidad de los discursos.
El discurso hay que centrarlo en las formas y el tono para combatir la corrupción, como bien lo está haciendo el candidato Iván Cepeda; la reforma agraria, la seguridad en las regiones y en las grandes capitales, la salud, la reforma político electoral, y por supuesto, la educación, las pensiones, y el tema de la descentralización.
A la estrategia de juntar a la derecha con el “centro” para ganar con Paloma, la izquierda tiene que caracterizarse por su contenido popular, sin miedo ni vacilaciones, teniendo a la mano los datos para sustentar el relato. El hecho de haber escogido a la indígena de los Nasa del Cauca, Aída Quilcué, es un mensaje poderoso con un sello de clase inconfundible, que dice mucho del contenido social de lo que podría ser el gobierno de Iván Cepeda.
Y aunque los 27 senadores constituyen una cuota inicial muy importante para la construcción de la unidad de las izquierdas en el congreso, hay que actuar con el realismo optimista, porque mientras el movimiento del PH no sea mayoría en el congreso, está comprobado que podemos ganar la presidencia pero no las reformas. En esta perspectiva el proceso constituyente continuará teniendo vigencia como mecanismo para resolver la crisis nacional y popular. De esta primera escuela de gobierno de la izquierda en Colombia, quedan grandes lecciones para aprender y corregir en el próximo mandato progresista de Iván Cepeda Castro.
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