Heroinómano, loco y genial: Miles, el negro que desafió a los blancos

Un documental que recorre su atormentada vida será estrenado por Cine Colombia este fin de semana en todas las salas del país

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febrero 12, 2020
Heroinómano, loco y genial: Miles, el negro que desafió a los blancos

No existía la palabra cool antes de él. Al principio sólo fue un término con el que definía su música, después pasó a ser una forma de vida. Y todos, en nuestros sueños más locos, queremos ser como él. Un rockstar décadas antes de Mick Jagger, un hijo más cercano a Malcom X que a Martin Luther King, un músico negro que tocaba de espaldas al público y se resistía a hacer las carantoñas de Louis Armstrong sólo para parecerle simpático e inofensivo a los blancos. No, él no era ningún Tío Tom.

Hijo de un odontólogo de Alton Illinois, Miles rompe con todos los estereotipos, incluso ese que manda que todo músico de jazz o blues negro debe venir de una familia miserable. Entró a la Julliard pero como todo genio se desanimó de la academia y decidió que su universidad tenía que ser Charlie Parker.  Lo buscó en todos los antros de Nueva York hasta que lo encontró. La oficina de Bird era un taxi que ponía a rodar como una máquina de movimiento perpetuo por todo Brooklyn, siempre acompañado de una prostituta y de su infaltable pollo frito que comía entero y con la mano.

No le costó trabajo a Parker encontrar el talento de la joven promesa. El jazz era en la Estados Unidos de la postguerra, música de burdeles y malandros. Música de negros. Sólo su viaje a Paris le abrió los ojos y se hizo cuenta del infierno racista en el que vivía en Nueva York. Intelectuales como Jean Paul Sartre o Jean Cocteau se arrodillaron ante su música. Incluso una estrella y cantante francesa de la talla de Juliette Greco se enamoró profundamente de él. No quería regresar a su país y cuando lo hizo cayó en una depresión que sólo curaba la heroína.

Ninguno de sus biógrafos, ni Ashley Kahn ni su amigo Quincy Thorpe, puede describir con precisión el abismo en el que había caído. Miles llegó a parecer un habitante de calle que dormía y vivía pidiéndole plata a sus amigos. Su papá tuvo que ir a Nueva York, meterlo en un carro y llevarlo a la granja familiar. Allí, después de un mono interminable, se sintió curado y regresó cuando todos creían que moriría antes de los 25 años. Fue un regreso que cambió la historia del jazz y de la música. Su álbum, A kind of blue, publicado en 1959, se convirtió en el álbum de jazz más vendido de la historia. Fue el hombre que resarció de las cenizas a John Coltrane, que descubrió Harbie Hancock, Chick Corea, Sonny Rollins y toda una lista de innovadores. Sus relaciones con sus parejas fueron problemáticas, hasta historias de golpes, de tortura sicológica, de celos enfermizos y paranoia por culpa de la droga. Porque Miles nunca pudo desprenderse del todo de la aguja hipodérmica e incluso a medida que crecía y cambiaba con los tiempos, que inventaba el acid jazz a finales de los sesenta para estar acorde con la época, que incluso terminó tocando con Prince, músico al que admiraba como un Dios o haciendo covers de Michael Jackson, estaba arropado por el amor a la heroína.

Una vida que duró hasta los 65 años y se interrumpió, probablemente, por una enfermedad derivada del SIDA. Una vida que siempre valdrá la pena ser contada

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