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Expedición Avina -

Existen unas granjas misteriosas en la Guajira

Descubriendo un país que sorprende desde la Guajira hasta el Amazonas

Por:
Abril 06, 2015
Existen unas granjas misteriosas en la Guajira
Fotografía: Camilo Rozo

Viajábamos a través del desierto de La Guajira. Iríamos desde la capital, Riohacha, hasta la serranía de La Macuira, un lugar aislado en el extremo sur de la península. Para este recorrido se requiere viajar 2 días en una camioneta 4×4 bien equipada si es verano, en invierno nunca se sabe. La mayor parte del viaje se realiza por entre dunas, caminos de herradura, el campero por entre los cactus. No hay una carretera en el sentido oficial de la palabra. Cuando fuimos no había llovido en 15 meses. A lo largo del recorrido no se ve mucho verde, la gente habla de la escases de alimentos causada por el fuerte verano y el cierre del comercio con Venezuela, quizá el principal proveedor de víveres la zona.

Después de 2 días de recorrido llegamos por fin al Parque Nacional Natural Macuira, nuestro destino final. Este es el lugar más verde que usted encontrará a lo largo del recorrido. La serranía posee un bosque enano de niebla, normales en las zonas altas Andinas y posible allí – a 500 metros sobre el nivel del mar en medio de un desierto– gracias a los vientos alisios y la proximidad de las montañas con el mar Caribe.

Hasta hoy la agricultura en la Guajira se realiza a merced de las lluvias. Si llueve mucho, el maíz o la yuca se pudren. Si no llueve, como es lo habitual, los frutos se secan. No hay comida. Es como si por ahí hubieran pasado en vano todos los adelantos en agricultura. Y eso que es mucha la gente que depende de la tierra. En la Alta Guajira todo queda lejos, no circula mucho dinero, la gente se abastece de lo que les dan sus chivos y la tierra.

Llegamos al corregimiento Nazareth, una pequeña población ubicada a los pies del bosque de la Serranía de la Macuira.  En las madrugadas la calle principal y las casas del pueblo son cubiertas por una densa neblina húmeda que baja de las montañas. Es el bosque produciendo y acumulando agua de manera excepcional. Sin embargo, la situación de desabastecimiento por el verano allí es casi la misma que en el resto del camino. Alimentos a merced de las lluvias.

La Fundación Alpina, la Gobernación de la Guajira y el Plan Fronteras para la Prosperidad habían enviado hace poco más de un año a un grupo de jóvenes profesionales a cumplir una misión en el corregimiento de Nazaret. Con el inicio del verano llegaron estos jóvenes con la misión de impulsar 10 granjas productivas que aprendieran a provechar la riqueza hídrica del lugar. En un periodo inferior a 18 meses, las granjas debían estar produciendo todos los meses del año independientemente del comportamiento de las lluvias.

En medio del inclemente verano fuimos a averiguar qué había sido de estos jóvenes y nos encontramos con las granjas misteriosas: verdes, llenas de comida, con unas cosechas para recoger, otras apenas creciendo. Sandías, ahuyamas, maíz, fríjol, yerbas aromáticas… Y un fuente de alimento sin precedente en la región para los animales con moringa, mataratón y leucaera. Las parcelas de 2 hectáreas han sido cercadas y distribuidas de tal forma que pueden producir alimento los 12 meses del año. Son alimentadas por un sistema de riego permanente que utiliza energía solar y trabajadas en su totalidad por la comunidad (por lo menos 4 familias trabajan cada una de estas parcelas).

Hay 10 de estas granjas distribuidas por varios lugares de la alta Extrema Guajira en las cercanías a la Serranía. Dos de ellas están en internados escolares y funcionan como centros de entrenamiento para la comunidad y los estudiantes. El equipo que puso todo esto en marcha es de sólo 5 personas. Un coordinador del proyecto, un médico veterinario y zootecnista, 2 técnicos agrícolas y una trabajadora social. Algunos de ellos son profesionales o técnicos jóvenes de la región. En 16 meses han logrado hacer un milagro que, según ellos mismos, no debería tener tanto misterio.

Aquí los dejamos con algunos de los personajes que han hecho posible la existencia de estas granjas misteriosas:

Gabriel Serrano Pueyo

Pie de foto: Gabriel Serrano Pueyo Fotografía: Camilo Rozo

Pie de foto: Gabriel Serrano Pueyo Fotografía: Camilo Rozo

“Con la luminosidad y el agua que produce el bosque, aquí la agricultura puede ser muy rápida, en 3 mese se pueden ver resultados. La gente necesita es un poquito de ayuda técnica, un impulsito y que se les enseñe a amar y entender el campo. Esto aquí es capaz de producir alimento más rápido que en cualquier otro lugar del mundo”.

Jassai Ballesteros

Jassai Ballesteros - Fotografía: Camilo Rozo

Jassai Ballesteros – Fotografía: Camilo Rozo

“Jassai, ¿cuál es tu función en estas granjas?”
-“Ser intermediaria entre la comunidad y la Fundación Alpina. Si los wayú ven personas llegar a su comunidad y son todas arijunas, no son hablantes de wayuunaiki, entonces asumen que algo está mal. Piensan que vienen a prometer cosas que no les van a cumplir, a buscar votos, pedir papeles y firmas para robarse la plata. Cuando yo vengo y les hablo en su propia lengua entonces ellos se abren a escucharnos y podemos trabajar”.
-“¿Cuál es tu mayor orgullo en la vida?”
-“Ser hablante de la wayuunaiki. Gracias a esto tengo este trabajo, gracias a esto hemos podido sacar adelante el proyecto. Siempre le digo a mamá, ‘gracias madre mía por enseñarme la wayuunaiki’.”
-“¿Qué ha sido lo más difícil de este trabajo?”
-“Yo no soy de esta zona. Aquí estoy muy lejos de mi familia y por aquí la vida no es fácil. A veces me deprimía, perdía los ánimos, me daban ganas de renunciar y dejarlo todo.”
-“¿Y por qué no lo hiciste?”
-“Porque con el tiempo estas personas se encariñan con uno. A veces llegaba y me saludaban Hasai chu (el diminutivo de mi nombre en wayú, como decir Jassaicita) y sentía que estas personas me querían. En los períodos duros, cuando cerraron la frontera y empezaron a escasear los alimentos, siempre me guardaban algo de comer, ofreciéndome lo que no tenían ni para ellos. Eso no tiene precio. Me dije, ‘no puedo renunciar, tengo que seguir adelante’. Y ahora mira, estamos todos felices con los resultados.”

Franklin Juvenal Iguarán Jayariyu
Comunidad Youtow

Franklin Juvenal Iguarán Jayariyu Fotografía: Camilo Rozo

Franklin Juvenal Iguarán Jayariyu Fotografía: Camilo Rozo

-“Cuando le explicaron el proyecto ¿se imaginó que iba a tener esta granja?”
-“No.”
-“Y ahora, ¿cuánto quiere su parcela?”
-“Hu! Más que a mi mujer.”

Ángel Castillo
Comunidad Amatuwou

Ángel Castillo Fotografía: Camilo Rozo

Ángel Castillo Fotografía: Camilo Rozo

-“¿Qué es lo que producen en esta parcela?”
-“Aquí ahora se da el plátano, la yuca, el maíz, la ahuyama, también la patilla -aunque ésa la atacan mucho los zorros- y más cosas, pero lo que más sembramos acá son fríjoles
-¿Por qué fríjol?
-Porque ese produce mucho. Son los que dan más. Como las familia de uno es grande ¿no?, que el tío, que el primo, que el sobrino, que la tía de mi papá, que la tía de mi mamá… todos quieren y uno quiere compartir con ellos. Tú sabes, además, que parte de nuestra cultura es el intercambio, tú me das y yo te doy. Por eso el frijol. Ayuda a mejorar la comunicación con la familia.

Gracias a las granjas éstos jóvenes, con apoyo de la Fundación Alpina, cuidan de los otros.

 

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