¿Estamos listos para el cambio?

¿Seremos capaces de huirle al miedo y embarcarnos sin odios ni sectarismos en la empresa de construir una nueva Colombia?

Por: Alvaro Julian Diaz Charry
agosto 29, 2017
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2orillas.
¿Estamos listos para el cambio?

Los próximos meses serán fundamentales en la definición del futuro que hemos de construir para nuestro país. Los acuerdos con la guerrilla de las FARC y el que se gesta con el ELN, la cruzada contra la corrupción que ha puesto en tela de juicio instituciones otrora intocables como el congreso, la fiscalía y las altas cortes, la rampante pérdida de credibilidad de los partidos y la política tradicional. Mientras en muchas poblaciones los ciudadanos se pronuncian tomando en sus manos decisiones que les atañen, como las explotaciones mineras y petroleras en su territorio.

Todas estas circunstancias permitirían presagiar a los más optimistas que se advierten tiempos de cambio en aspectos fundamentales de la vida nacional. Que la ciudadanía despertará y nos pondremos todos al fin manos a la obra en la construcción de una sociedad más equitativa y justa para la mayoría de colombianos.

Ante este panorama: ¿cuál sería entonces el principal obstáculo en la edificación de esa sociedad distinta y mejor?, ¿serán acaso los corruptos?, ¿serán las élites en los diferentes estamentos de poder?, ¿será Trump? ¡NO! El principal obstáculo en el logro de estos altos ideales no es otro que esa amplia masa de connacionales que continúan aferrados a las viejas estructuras, a las viejas formas de entender al otro, de entender la división de clases y el valor de cada quien en una sociedad; que han comprado los miedos (en muchos casos irracionales) que les han vendido los medios de comunicación y de más esferas de poder que han hecho que este segmento nada despreciable de la población continúe con ambos píes bien anclados en el pasado.

Bien sea, que nos vamos a convertir en Venezuela, que les van a expropiar su apartamento y su carro, o que esos mamertos en el poder van a activar un rayo homosexualizador. Aunque parezcan tonterías, todo esto no es más que una estrategia bien pensada, para utilizar los prejuicios de la gente en su contra, infundiéndoles temor de intentar un cambio de paradigmas. Entonces piensan aterrados: ¿a quién debemos cambiar en el poder para garantizar que nada cambie? Y es ahí donde aparecen los caudillos que prometen proteger los valores, la familia, y el capital. Con las eficaces herramientas del miedo y la represión.

Así pues, ¿qué podemos hacer los que realmente anhelamos ese país donde la exclusión, la miseria, y esa ignorancia enciclopédica de la que padecen muchos colombianos sea cosa del pasado? Ya que, no nos llamemos a engaños, el que este gran número de personas este equivocada, no significa que sean inactivas en su propósito de preservar la desigualdad de nuestra sociedad e incluso por qué no profundizarla.

Pues lo que debemos hacer es sencillamente entrar también en actividad y organización. Y una de las labores imperiosas que tenemos por realizar es hacer entrar en conciencia a esa otra gran masa de compatriotas “los indiferentes” esos que dicen:  "A mí no me hable de política, que eso a mí no me gusta", "Yo nunca he votado porque igual siempre quedan los mismos", o el últimamente de moda voto en blanco. Sin darse cuenta que su vida entera. Desde el hospital en el que van a nacer, la universidad en la que van a estudiar, y el cementerio en el que los van a enterrar. Están atravesados por la política.

Es a esos colombianos a los que debemos involucrar en la vida política y cívica de la nación. Porque ellos sí que son mayoría. Y sin su participación, un cambio real en la sociedad colombiana sería imposible de lograr.

Identificados los principales obstáculos es cuando nos damos cuenta de la ominosa tarea que tenemos por delante. El momento histórico está dado, y en los próximos meses se conocerá la repuesta al interrogante: ¿seremos capaces de huirle al miedo y embarcarnos sin odios ni sectarismos en la empresa de construir una nueva Colombia?

-.
0
167
El ingrato final de una guerrillera vieja

El ingrato final de una guerrillera vieja

¿Pagaría 300 mil pesos por unos zapatos usados?

¿Pagaría 300 mil pesos por unos zapatos usados?

Los millones que ganan los dueños de las Concesionarias de carros en Colombia

Los millones que ganan los dueños de las Concesionarias de carros en Colombia

Hernán Peláez, el irrepetible que, como el vino, entre más añejo mejor

Hernán Peláez, el irrepetible que, como el vino, entre más añejo mejor

Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus